viernes, 30 de septiembre de 2022

ME DAN GANITAS

Me dan  ganas de amarte con mis palabras y volverte literatura, me dan muchas ganas de verte y me aguanto no por estoico sino por darle motivos a la melancolía.

Me dan ganas de decirte que te quiero, pero no quiero que lo sepas.

Me dan ganas de salir al bosque y esperar detrás de un árbol a que pases  cantando enfundada en tu buso rojo, y ¡zas!, pero aguardo a que ocurra la feliz coincidencia en el mercado de libros.

Me dan ganas de prometer nada que nos acostumbre, todo aquello que nos reclame, reir un poco de dicha incoherencia y abrazarte en la oscuridad, al lado izquierdo de la cama debajo de la cuál están los cadáveres exquisitos de mis alegrías pasadas.

Me dan ganas de revolver tus cabellos en mi almohada, besar tu boca que me sabe a... boca, pegar mi cuerpo al tuyo una vez más y compartir sudores y otros jugos más heterogéneos, sentir tu pie desnudo jugado al sube y baja en mi pantorrilla.

Me dan ganas de tratarte bien para que me trates mal, me dan ganas de extrañarte para que no me olvides, me dan ganas de olvidarte para que te quedes por siempre en este poema.

Me dan ganas de ponerle tu nombre a estos versos libres que te escribo, pero es tal su libertad que no hace falta, ya tu sabes que es a ti a quien los dedico.

Me dan ganas de amarte con mis palabras y volverte literatura. Pero sólo por hoy  elijo la abstinencia y guardo mi deseo para otras noches.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa


Medellín 20 de septiembre 2022 


lunes, 19 de septiembre de 2022

GIROS




Toda luna, todo año, todo día, todo viento camina y pasa también. 

También toda sangre llega al lugar de su quietud.

Chilam Balam.


A oídas, luego indago y escribo, es mi método. Me gusta andar por ahí “parando la oreja y escucho unas cosas que no se han de imaginar, todas me las creo y después las descreo.  Casi no hago preguntas, las personas suelen andar por el mundo contando su vivir, como si su existencia dependiera de su propia narrativa, alargan su tiempo de vida prolongando las historias, unos son muy creativos, en cambio otros repiten la misma historia cada vez y la cuentan como si fuera la primera, olvidando que el público ya conoce el repertorio, sobre todo le pasa a los más viejos, con el paso de los años nos volvemos monotemáticos, repetimos el cuento por miedo al silencio, al olvido, al abandono y a la misma muerte.

Cuando la narrativa empieza a dar vueltas, entonces pregunto y el narrador se encauza, si mas adelante se desvía, pregunto de nuevo, así logro avanzar en la historia y al final me doy cuenta que me la he pasado dando vueltas, que al pretender linealidad no logro mas que entrar en un bucle del lenguaje, un profesor muy sabio y barbudo que tuve le llamaba dialéctica y decía que era como una espira, yo nunca entendí, pero imaginaba un resorte Slinky, ese que de niño tomaba con ambas manos y se enrollaba de lado a lado sin gracia alguna, pero que en las manos adecuadas ofrecía elegantes acrobacias y hasta lo vi subir y bajar escalas. En fin, como pueden darse cuenta, un texto puede avanzar en sus líneas sin avanzar en su contenido, se pueden llenar páginas, publicar libros, colmar el mundo de palabras, pero eso no indica que haya una unidad narrativa de por medio, o un gran aporte literario y resulta divertido, porque después de todo, toda historia tiene algo de aburrido en el decurso de su existencia, las mejores novelas tienen capítulos sórdidos y pesados que a duras penas los leemos entre bostezos y cabezazos, como la vida misma, por fantástica que esta sea, hay días que provoca no vivirlos y su evocación nos produce malestar.

¿Qué quieres contar realmente? -me digo- y me respondo: -realmente- nada.

Lo que cuento es ficción, es algo que no ha pasado, pero que me está pasando y nunca nadie más sabrá que pasó, salvo que lea esto que escribo y consiga entenderlo, porque he puesto tantas trabas en estos extensos párrafos que ni yo mismo sé ya para donde voy.

Estaba saliendo del Museo de Antropología de Ciudad de México, había sido una larga jornada dedicada especialmente a la sala de Teotihuacán, me detengo al lado de la inmensa fuente dejando que la brisa me acaricie la cara, en una pared al fondo, entre las líneas de agua aparecen las palabras que uso de epígrafe en este texto, las sentí en mi pecho, como si cada palabra no fuera leída, sino tallada en las paredes de mi corazón, se me fue la respiración, sentí un sonido agudo y de repente todo a mi alrededor dio un giro, estaba de cabeza al mundo, cerré los ojos y alargué las manos de manera instintiva para proteger mi cabeza, empecé a caer en el vacío, de repente estaba de pie en lo mas alto de la pirámide del sol en Teotihuacán, divisando la calzada de los muertos, quise entrar en pánico pero una voz dentro de mí me dijo: -salta- y sin tiempo a pensarlo me impulso y ya estoy en la pirámide de la luna, no había una explicación racional, era yo un fluido, no había peso, sabía que tenia cuerpo, no lo veía, ni lo sentía, pero en aquella situación era dueño de mis movimientos.

No espero que me entiendan, pero así era, cuando apenas descendía en la cúspide de la pirámide de la luna, sentí la pulsión y de nuevo doy un salto y regreso a la pirámide del sol.  

Una alegría profunda me invade, y una voz que no es voz, sino un pensamiento dice: soy tu muerte y sonríe, hay que prepararse susurra, morir es un salto, siento como si los pies estuvieran en llamas y me impulso y vuelo,  ahora estoy en el cerro Tonalan, muy lejos de Teotihuacán, pero alcanzo a verme en la punta de la pirámide del sol y en la punta de la pirámide  de la luna, yo soy tres personas y los tres saltamos y nos encontramos en el aire, tres estelas de luz viajando por el valle cayendo o ascendiendo, describiendo formas caleidoscópicas. Mucha seguridad y confianza me asistían, la muerte hablaba y decía: salta, juega, entrena tus pantorrillas, prepara tu corazón, limpia tus pulmones, fortalece tus omoplatos, de allí saldrán las alas que te elevarán en tu vuelo final, pero por ahora juega, salta, diviértete, hasta que sea el momento adecuado no dejes de jugar.

Con un corrientazo frio que me heló la espalda regresé al museo, seguía debajo de la fuente, no solo la brisa me acariciaba la cara, estaba empapado, una mujer a mi lado sonrió, -siga jugando que le luce- y se alejó saltando. Así no más. 

Cierro los ojos para descansar del exceso de luz y al abrirlos de nuevo estoy sentado en una pulquería, sostengo un vaso de pulque de tuna en las manos, a mi lado una mujer con los brazos llenos de tatuajes me extiende su copa y brindamos, cuando chocan los cristales mi mano atraviesa su copa y sigue de largo por su brazo así como cuando se pasa por enfrente de un proyector, retiro rápido mi mano, ella me mira fijamente, mi vaso ahora está vacío, a los pies un perro descansa con su barriga en el piso y me mira, su  lengua es azul y los ojos verdes, miro al perro, el perro mira a la mujer, la mujer me mira, yo recorro con mi mirada a los dos y reparo en mi vaso que ahora está lleno. Al fondo suena Café Tacuba: no me hubieras dejado esa noche, porque esa misma noche encontré un amor...

Las narrativas dan vueltas, la mujer de la pulquería y yo damos vueltas, en una de esas vueltas resultamos en la plaza de mi pueblo conversando y tomando café de esos que cada vez son tan caros que empiezo a extrañar el pulque.  Sigo girando, mi método es atraparlos y mantener su atención para no sentirme solo, por miedo al silencio, al olvido o al abandono, hasta que llegue al lugar de mi quietud.


Carlos Andrés Restrepo Espinosa


sábado, 17 de septiembre de 2022

FANTASMAS



A las cuatro y media de la mañana, instante en que la noche es más oscura, una sombra inmensa avanza por las calles del pueblo, las personas de bien procuran no estar fuera de sus casas en aquél tétrico momento, lo que menos desean es encontrarse con tal aparición.
La corpulenta sombra avanza trastabillando por el empedrado, de sus manos sale una llamarada que refulge en la oscuridad y le ilumina el camino.  Unas inmensas garras se reflejan en la penumbra como aterradoras tenazas dando la impresión de rasgar los cortinajes de las ventanas, tras las cuales los niños se encogen petrificados entre las cobijas, a los que les sorprende despiertos no les deja otra opción que amanecer helados tras hacerse pipí en la cama.

Algunas personas dizque valientes o borrachos que sorprende la madrugada saliendo de algún lugar de lenocinio, han intentado salirle al paso y enfrentar el espectro, pero éste convierte la llama de fuego en un bastón y con un invisible golpe lo descarga sobre la testa del incauto que despierta patitieso con los primeros rayos del sol, tirado sobre un andén.

Su recorrido siempre es el mismo y en el mismo lapso, esa es una característica esencial de los fantasmas, su puntualidad, bueno hay que reconocer que algunos son mas esquivos, dicen que el bulto sabe a quien le sale, pero este, podría decirse es de los más organizados al respecto, muy democrático, a todos les sale, incluso cuentan que de día también se manifiesta y ¡ay! de aquel que se lo encuentre. 
Imperturbable, ni los rezos, ni las mandas hechas por las señoras de la Legión de María le han hecho desistir de su impecable labor de espantar.
Camilo sale de su casa, el tintineo de su llavero va acompasando sus pasos que se mueven con ligereza en la oscuridad, conoce de memoria el camino a fuerza de toda una vida de  recorrerlo en la oquedad de las cuatro de la mañana, siente tal vacío que suele pensar en que es la única persona en pie sobre la tierra, se detiene un instante para apreciar con detenimiento aquel pensamiento, pero el afán le asalta de nuevo, da un fuerte resoplido que hace eco en las callejas y continúa su monótono camino de las madrugadas.

Al acercarse al templo por la puerta del perdón, toma su llavero del cinto con la misma agilidad que Paul Newman tomaba su arma en el último western que vio en el cinema Santamaria a escondidas del párroco; donde este se dé cuenta de tal impureza Camilo podría perder su puesto de vestir santos. 
Le da tres giros a la cadena, las llaves se van ordenando de mayor a menor entre sus dedos, en una suerte de malabarismo que surte efecto porque lo hace sin pensar, es como si el llavero tuviera memoria y se organizara de tal manera que las puertas del templo se abren con la agilidad de un relámpago, de repente las bisagras seden a un leve empujón y en cuestión de segundos las cuatro puertas de acceso están abiertas de par en par.

Se dirige a la sacristía para poner en orden los ornamentos, dispone las vasijas para la celebración, enciende las velas del altar, cambia el agua de los floreros que empiezan a apestar pese a sus radiantes colores, cuando ya tiene todo en su lugar se dirige al campanario, toma en sus manos los lazos y de un tirón saca del sueño al pueblo avisando que la misa está próxima a empezar.

Cuando suena la última campana anunciando primero para misa ordinaria, en la esquina del café Macondo, hace su aparición una espectral figura, Camilo desde el atrio la ve, en lugar de sentir miedo, sonríe, busca la camándula entre el bolsillo, aprieta con el dedo pulgar el rostro del crucifijo y empieza a rezar el padre nuestro, como si esto molestara a la aparición, la llamarada en sus manos se crece fulgurante, de una zancada atraviesa la plaza y se para enfrente del sacristán, siente la presencia helada y sin moverse de su sitio sigue su rezo imperturbable, las veladoras del templo ofrecen una aura santífica detrás de Camilo, quien sigue su rezo ahora en vos alta.  La figura parece cobrar forma humana, la llama de sus manos se apaga, y de su garganta sale una voz áspera de mujer; pero no por ello menos fantasmal, que se suma al rezo.  Camilo imperturbable termina su oración con un ¡Ave María Purísima! Sin pecado concebida -responde la aparición-.

¿Te has dado cuenta de que los dos nacimos para ser fantasmas? -le dice Camilo a la particular mujer que la aurora, deja entrever ataviada en sus excesivos ropajes como una gitana- 
No creo -responde la mujer- nosotros nacimos para ser historia, los fantasmas son todos los que siguen a esta hora dormidos. 

Camilo gruñe, es su forma de respirar, gira sobre sus talones y regresa al templo, la mujer le sigue en silencio con sus rengos pasos, al interior las veladoras ofrecen un cálido abrigo, un olorcillo a parafina perfuma el ambiente y cada uno se va disipando indiferente en sus umbrosas funciones, están tan convencidos de su oficio que parece que estuvieran vivos.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa

domingo, 11 de septiembre de 2022

RONDA DE MADRUGADA


Me decanto a las tres de la mañana, hora en que dicen, se abren los portales de otros mundos y algunos humanos abren los ojos y se desvelan.

Me decanto, me entrego a la disritmia y reorganizo mis progresiones armónicas, vuelvo a la fundamental.  Restituye la primera inversión la agnición de mí humanidad en un nuevo cuerpo.

Me decanto por placer, no por necesidad,  me decanto como hace el vino en caída libre en una copa, me decanto por asuntos físicos, por ajuste de cuentas, por separar mi sangre de sudores y otras mezclas heterogéneas.

Me decanto más por intensidad que por densidad, me decanto a solas, sin ayuda de manos extras, me decanto y me encanto, me asombro y conmuevo, resuelvo lo de santurrón y desnudo reinvento mi canto.

Me decanto a solas, sin testigos, me decanto como hace un beso en caída libre en una boca, me decanto por el místico placer de separar el deber de la necesidad, para volver a conciliar el sueño y despertar en otra cama decantado en otro cuerpo y así alcanzar el olvido.


Carlos Andrés Restrepo Espinosa


sábado, 3 de septiembre de 2022

TE INVENTO

Todo lo que digo es mentira, -tu dirás- falsario corazón urde sus hilos. 

Yo digo que es invención y es muy distante a la mentira, el que miente engaña, el que inventa abre compuertas de otras dimensiones.  -Pura carreta- dirás de nuevo, pero, -si me la pones así-, diré que eres mi mejor invento y no te miento, porque no soy capaz de serle deshonesto a la razón.

Miento en todo lo que digo, pero debes tener en cuenta que hablan por mí las flores negras de ese pasillo que de mí no quieres saber, y el arcoíris de Louis Armstrong que sembré en tu cenit y rechazas tanto como a los duendes que habitan tus ojos. 

Y, sin embargo; danzas y sueltas tu cabello con tu exquisito escepticismo. Me dejas solo la alternativa de mentir, para que te des cuenta de que en verdad eres el motivo de mi canción. 

Carlos Andrés Restrepo Espinosa


jueves, 18 de agosto de 2022

OTTO EL INDÍGENA


Otto vive en la calle Lilienthal, un tocayo suyo también alemán que se le adelantó a los hermanos Wright en el sueño de volar, Otto se declara a sí mismo indígena y sostiene con vehemente actitud que en alemán no hay una palabra para definir a las personas que son naturales o natas del lugar, así que usa indígena, le sugiero probar con nativo, ancestral, primitivo, originario, pero con un no tajante que sonó a nai, como el nanai cucas de mi mamá para negar un  permiso, queda zanjado el asunto,  así que Otto es un indígena alemán que vive en una casa normal, de un pueblo llamado Köngen, junto a una hecha con códigos de la antroposofía y que me llevó a ver para que notara que no usan ángulos de 90 grados, yo vi una casa normal con las ventanas a punto de venirse abajo, ese debe ser el misterio de la dichosa ciencia.  A unos cincuenta pasos, yo los conté, tiene un jardín, con una casita en la que cabe un mueble, una chimenea, una estantería con herramientas de trabajo de campo y una mesita en la que reposan un candelabro y una tabla para partir el pan y dos pocillos de peltre pelados en sus bases, como las bacinicas de la casa de una amiga, en la que ahora de repente estoy pensado.

Köngen, para los alemanes es un nombre especial para una ciudad, suena un poco a Congo - en alemán escrito Kongo, pero esa no es la raíz etimológica, Kongario era el nombre de este lugar en tiempos del imperio Romano. También la pronunciación es especial "Kö ng en", según las reglas de pronunciación ng se pronuncia como "King" también Bin go, Ri ng, singen... pero "Kön G en" como "G uest", se entusiasma Otto al explicar cuando le pregunto por el nombre de su pueblo y continúa: mi madre nació aquí, mi padre nació en Plochingen, al lado de Wernau.  Cuando era niño veníamos a visitar a nuestros abuelos a Köngen que para entonces se llamaba "Dorf", incluso Bauerndorf.

Plochingen era un Stadt (ciudad), estaba orgulloso de crecer en un Stadt y no en un Dorf (pueblo) como Köngen, sin mierda de vaca en el camino, sin estúpidos granjeros de un "Kuhnest" (nido de vacas) Unos años más tarde con la industria en crecimiento y las personas que ganaban mucho dinero y necesitaban espacio para construir bonitas casas con grandes jardines, muchos de los "Bauernlümmel" de repente se volvieron muy ricos y vendieron muy rápido sus campos a otros más ricos a precios muy altos.

Todavía hoy Köngen tiene una cultura y tradición agrícola mucho más fuerte que Plochingen. Hace una pausa, se queda mirando en dirección a su Jardín, me pide que le ayude con una tarea de campo, lo acompaño, me entrega guantes de trabajo, movemos objetos de un lugar a otro, apilamos unas piezas de metal al pie de un barranco, le cambiamos de lugar a unos leños, transportamos un larguero en una carretilla por el prado, en fin; una sucesión de tareas en apariencia innecesarias, después me di cuenta que lo que quería era compartir conmigo lo que hacía un granjero cotidianamente en su jardín.  Con las tareas a medio hacer nos fuimos a tomar el té y luego dimos un paseo en su vespa.

Otto vive solo, está solo desde que puso su vida en el campo por encima del amor, de la compañía, de sus propiedades en París, de la riqueza y el bienestar que estaba teniendo al lado de Irina su compañera.

Terminó su relación, dividió sus bienes y huyó, sin más motivos que la fobia a la ciudad y el amor por su jardín, que no es más que un terreno inocuo lleno de proyectos que nunca consuma, porque, ¿qué gracia es realizarlos?, el sentido está en levantarse todos los días y pensar en todo lo que tiene por hacer.

Los radicales pueden ser dueños de sus decisiones, pero suelen tener unas vidas solitarias y se les ve por ahí, desandando nostalgias y aprovechando cualquier momento para la conversación con personas advenedizas, porque es lo único que nos queda después de la terquedad, reconocer, aunque sea tarde que el otro es necesario y que quizás un poco de mediación, puede facilitarnos la vida, después de todo, nada es para siempre, pero que grato es poder vivir la brevedad, en la eternidad de un abrazo.

Para ser un schwäbisch (suabo), este alemán del sur tiene un carácter más parecido a mi tío Hernán, dueño de la finca La Amapola ubicada en estrella vieja, vereda del municipio de Jericó en el suroeste de Antioquia en Colombia; la finca después quedó en poder de su hermano y de su mal gusto, quien le cambió el nombre por finca Andrómeda. Otto es recio mas no cerrero y es crítico de su país y de su identidad, pero ama la tierra en que nació y a la gente que se encuentra les dice pueblos, hay muchos pueblos haciendo fila, vamos a otro lugar, hay mucho pueblo en esa cafetería mejor no entremos, ¿porque no les dices gente o personas? -le pregunto- y me responde que en alemán para todo hay una palabra exacta, pero para las personas no hay una sola clasificación, así que todos son la sumatoria de todos, son pueblos andantes, no tuve que más argumentarle.

Regresamos al pueblo, la vespa que nunca superó la velocidad de veinte kilómetros por hora inicia su ascenso hacia la calle Lilienthal, al fondo se puede ver la entrada de la casa de Otto llena de botellas de aceite de oliva y frascos con aceitunas de variados colores, por estos días tiene de huésped a una familia griega y se nota desde la portada de su casa la influencia de la cultura helenista en estos pagos del sur.

Pero también existe una “dama mágica", es de Polonia, a veces pasa, linda sensación para Otto, quizás y probablemente mejor la ilusión que la realidad, me dice en voz baja, -algún día la invitare a tomar algo a mi jardín, esta eventualidad es suficiente para inspirarme para más actividades, debo aprender a ser modesto a mi edad.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa

 

jueves, 4 de agosto de 2022

EL DUENDE DE LAS SEMILLAS


A mi primo hermano Francisco.

Me conocí con un señor Bernardo Echavarría por intermedio de Corantioquia. Empezó encargándome semillas de los montes nativos de Jericó para su vivero, con lista en mano de las especies, me adentraba en los montes y ellos me fueron enseñando, aprendí a conversar con los duendes para que no me envolataran, el monte me fue revelando sus secretos, sus criaturas y divinidades se volvieron mis amigas y en sagrado respeto me fui volviendo uno con ellos, ya no era un advenedizo visitante, por mi espalda se deslizaban las serpientes  “juetiadoras”, mis pasos entre la hojarasca ocurrían como el canturreo de las mirlas, el aleteo de aves silentes o el siseo del cusumbo que olisquea entre las raíces los hongos mágicos que enlazan con el micelio, infinitas conexiones neuronales del subsuelo, tanto como los místicos viajes de la nave Discovery en su último viaje a las estrellas.

El vivero “Tierra negra” investigó sobre mi procedimiento en las montañas, supo de mis saberes y me invitaron a trabajar para ellos recolectando semillas, lo hice por un tiempo hasta que un día decidí no ser su jornalero, desde entonces yo mismo siembro las semillas y vendo los árboles.

Al conocimiento ofrecido por la naturaleza misma, vino el de los libros, llegaron enciclopedias, documentos, manuales y manuscritos en los que aprendí de botánica y así relacioné mi conocimiento empírico con datos científicos, producto de investigaciones y de aportes hechos por profesores de universidades que me buscaban para que les sirviera de guía en sus salidas de campo con grupos de estudiantes.

Este pueblo es uno de los más ricos en montecillos, en sotobosque, donde están perfiladas las últimas especies endémicas, en cualquier rinconcito hay un universo de vida en floración y yo conozco todas esas trochas donde habitan la Calatola, los Yolombos panopsis (extremadamente escasos, casi que en peligro de extinción), los cedros, los magnolios, los cominos, el gallinazo, los guanábanos de monte; de los cuales en nuestro contorno montañoso apenas quedan cuatro o cinco árboles, los viejos acabaron con el monte, además de maderables, los árboles son de control biológico, atractores de aves, de especies y animales silvestres, pero eso no le importa a nadie, hay mucha indolencia y cada día el monte se muere sin remedio.

En ocasiones yo soy un árbol, conectado a la tierra mi savia me advierte de los ciclos, sé cuándo estoy en floración, en que época mis semillas salen a danzar con el viento o se esparcen en los picos de las aves, en muchas ocasiones mis caminadas por las diferentes montañas las hago en la quietud de mis pensamientos, recuerdo muy bien el día en que fui un Roble, estuve contemplando cómo una familia de loros festejaba entre mis frondas el nacimiento de sus polluelos, otra vez fui un Yarumo y conversaba con la sabiduría de mis cabellos de plata, con las gotas de agua atrapadas entre mis grietas.

En el patio de mi casa, que es muy particular, tengo trescientos Cominos creciendo, paciente espero para hacer la recolección dentro de dos años de las próximas semillas, porque cada cuatro años es su floración.

En las glaciaciones fuimos bosques montañosos, donde habitaron todo tipo de animales silvestres, ellos fueron los promotores de esparcir las semillas y crear el fecundo sotobosque, hasta que un día llegaron los hombres y talaron, sacaron los árboles transformados en maderos y convirtieron el monte en potreros.  Quedaron muy pocos montecillos en las partes altas, donde se esconden los mecafis, el Garrapato cargadero, el Carga agua, el Barcino negro, la Cedrela montana una especie botánica de fanerógama de la familia de las meliáceas y también su pariente la Cedrela odorata.  Por eso hay que caminar, hacer grandes recorridos para poder encontrarlos y esa es mi labor, desde muy niño he recorrido las montañas inicialmente de manera recreativa y con el paso del tiempo con mirada científica.

La gente cuando visita el monte no sabe mirar, no reconoce los árboles, no mira el piso donde la hojarasca esconde las semillas, pasan arrasando, quebrando ramas, cortando con machete para abrirse camino, ignorando que las plantas trepadoras se ocupan de atraer la luz para que las plantas crezcan rápido en los bosques oscuros dónde hay mucho conjunto de vegetación. Cuando se corta un bejuco repercute en un daño terrible, porque un bejuco hace un gran recorrido y con su ausencia se seca una parte considerable del bosque, además son promotores de mucha agua, los canasteros fueron personas muy dañinas, pero las artesanías son un buen negocio, imagine por un momento un solo canasto cuanto daño ambiental implicó.

Los duendes me ayudan con la recolección de semillas, me hice amigo de ellos, no entro al monte con machete, les llevo bocadillo de guayaba, se los dejo engarzado en las ramas y ellos me tiran semillas y me ayudan a sacudir, se ríen, conversan entre sí, yo los escucho, pero no se dejan ver, se saben mi nombre, pero como somos tan familiares me dicen ciiissssco.

Volcán colorado es uno de los montes más ricos en especies, es un campo santuario y está habitado por duendes.  Además de recolectar semillas, bajo costales llenos de basura que la gente deja en sus paseos o los soldados a su glorioso paso, no me gusta ver basura en la montaña, ese creo que es el oficio más importante que yo hago.

Entre el Retiro y la Tenería una vez me encontré un esqueleto humano, con un “huequecillo minúsculo en las sienes”, por el que asomaba una amanita muscaria, pero esa es otra historia y me reservaré el derecho de contarla.

Por ahora no he vuelto al monte, la vida me aquietó, añoro volver a mis largas caminadas por las montañas de mi amado pueblo. Por lo pronto imagino. No estoy muy seguro si soy un hombre soñando que es un árbol o un árbol que sueña ser un hombre, sé que en mi silencio se posan las aves y un rumor de semillas sacude mi memoria, sonrío y se estremecen las ramas de mi abrazo.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa

 

 

 

DESENCANTO

  Hay momentos en la vida en que uno se detiene y se pregunta cuánto de sí mismo se ha ido apagando; cuánto de aquello que antes nos parecía...