Inventario de sonidos que nunca existieron, pero que alguna vez escuchamos.
Este es un inventario de sonidos que nunca existieron. Por eso nadie podrá comprobar si estuvieron aquí. Algunos los escuchamos de niños. Otros los inventó la televisión. Otros aparecieron en sueños. Algunos todavía suenan, aunque nadie sepa exactamente dónde. * Hay sonidos que llevamos toda la vida escuchando y, sin embargo, jamás hemos visto su nacimiento. Sonidos sin rostro, sin cuerpo, sin partida de nacimiento. Sonidos que aparecen como si siempre hubieran estado allí, esperando que alguien, alguna vez, preguntara: ¿De dónde vienes?
Campanas, golpes y apariciones.
¿Qué tamaño tenía la campana que sonaba cuando el Chapulín Colorado se golpeaba contra algo? ¿Y quién la tocaba? ¿Había un campanero escondido detrás de la escena o era una campana huérfana, condenada a sonar cada vez que alguien recibía un golpe?
¿Quién toca las campanas de la catedral cuando nadie mira? ¿Las campanas del reloj saben qué hora es o simplemente la anuncian? ¿Una campana sin badajo está muda o conserva dentro de sí la memoria de todos los sonidos que alguna vez produjo?
¿Por qué las campanas anuncian la llegada del helado y, en otros lugares, la partida del humano?
¿Quién toca la campanilla cuando pasa el anima mea?
¿Existe una campana reservada para quienes todavía no han nacido?
Los sonidos que caen
¿Qué forma tiene el sonido de una hoja cuando cae? ¿Es redondo, como una moneda que cae sobre la tierra, o tiene la forma irregular de aquello que ya sabe que va a morir?
¿Y qué forma tiene una gota de lluvia cuando golpea el tejado? ¿Cada teja tiene una nota diferente o la lluvia es un pianista que toca un instrumento que nadie construyó?
¿Cuánto pesa un sonido?
¿Puede una gota romper el silencio?
¿Cómo suena la caída de un árbol en medio de la selva cuando no hay nadie para escucharla? Y si nadie lo escucha, ¿el árbol cae también dentro del silencio o inventa para sí mismo un testigo?
Tormentas
¿Cuánto dura realmente el sonido de un rayo que cae en la distancia? ¿Y a cuál de todos los relámpagos pertenece su último estertor?
¿El trueno termina cuando dejamos de escucharlo o continúa viajando por el mundo, disminuyendo lentamente, como una noticia que nadie vuelve a contar?
¿Dónde muere un trueno? ¿En las montañas? ¿En el oído de alguien? ¿O en algún lugar donde todavía no hemos aprendido a escuchar?
Sonidos encerrados
¿De dónde viene el sonido que atrapó el caracol en su interior? ¿Es el mar? ¿O el caracol guarda allí, como un secreto, el primer ruido que escuchó cuando todavía era pequeño? Si acercamos el caracol al oído, ¿escuchamos el océano o escuchamos la forma que tiene nuestra propia sangre de recordar el océano? ¿Puede un sonido quedar prisionero? ¿Y quién tiene las llaves?
Animales que tocan instrumentos invisibles
¿A quién le cantan las aves nocturnas cuando todos los demás duermen?
¿El primer ruiseñor de la madrugada sabe que es el primero?
¿Los grillos y las ranas se entienden cuando estridulan en la noche o simplemente conversan en idiomas que nosotros confundimos con música?
¿Hay un director de orquesta escondido entre la hierba?
¿El pájaro carpintero es un percusionista o un albañil?
¿Construye una casa o ejecuta un solo de batería contra el árbol?
¿El gulungo lleva una pequeña cascada de agua dentro del pico? ¿O acaso es el agua la que aprendió a cantar disfrazada de pájaro?
¿Qué melodía esconde el pavo real en su plumaje?
¿Puede una pluma tener sonido? ¿O solamente nosotros hemos decidido que algunas cosas deben ser silenciosas?
Los sonidos de los humanos
¿Le duele la garganta a Gocheneche cuando canta?
¿Dónde comienza una voz y dónde termina el cuerpo que la produce?
¿Una voz pertenece a quien la pronuncia o a quien la escucha?
Cuando alguien grita nuestro nombre desde muy lejos, ¿el sonido trae solamente la palabra o trae también un pedazo de la persona que la dijo?
¿El eco repite lo que dijimos o nos devuelve aquello que no alcanzamos a decir?
¿Y qué sucede con las palabras que nadie escuchó? ¿Se convierten en silencio? ¿O quedan flotando en algún lugar, esperando otra garganta?
Ruidos que aprendimos a reconocer
¿Quién decidió que el sonido de una ambulancia significa que alguien necesita ayuda?
¿La sirena de la ambulancia siente dolor cuando grita? ¿O solamente nosotros escuchamos dolor porque sabemos hacia dónde se dirige?
¿Por qué reconocemos el sonido de una puerta antes de verla?
¿Por qué sabemos que alguien está llegando por la manera en que pisa el corredor?
¿Puede una casa aprender los pasos de sus habitantes?
¿Las casas extrañan cuando alguien se va?
Sonidos de la memoria
¿El tinnitus es un sonido sin origen, una memoria de sonidos o la negación de aquello que alguna vez escuchamos?
¿Dónde se guardan los sonidos que ya no existen?
¿Dónde está la voz de la abuela cuando nadie puede recordarla exactamente?
¿Se parece la memoria de una canción a la canción que realmente escuchamos?
¿Cuántas veces tenemos que recordar un sonido para terminar inventándolo?
¿Puede un sonido convertirse en recuerdo antes de desaparecer?
Sonidos de la historia
¿Todavía suena la bomba atómica sobre los tejados de Hiroshima y Nagasaki? No en los micrófonos, quizá. Pero ¿queda alguna vibración en las paredes, en las piedras, en los cuerpos, en la memoria de quienes sobrevivieron?
¿Hay sonidos que una ciudad nunca termina de escuchar?
¿Puede una explosión durar generaciones?
¿Puede el silencio después de una explosión ser también parte de su sonido?
Sonidos imposibles
¿Cuál es la nota más grave que alcanza un ángel antes de su caída?
¿Los ángeles tienen cuerdas vocales? ¿O su música consiste precisamente en aquello que nosotros confundimos con silencio?
Si una estrella pudiera gritar, ¿escucharíamos su voz?
¿Tiene la luna un sonido que solamente escuchan los perros?
¿Las montañas conversan cuando cambia la temperatura de sus piedras?
¿El hielo cruje porque se rompe o porque recuerda haber sido agua?
¿El desierto hace ruido cuando nadie está allí?
¿Y qué sonido hace una sombra cuando atraviesa una habitación?
El mar
¿Las olas tienen un sonido propio o es el viento quien toca el mar?
Si el viento desapareciera, ¿el océano seguiría cantando?
¿Cada ola tiene una voz distinta? ¿O todas las olas son una misma voz que lleva millones de años intentando terminar una frase? ¿Será por eso que regresan?
El último sonido
¿De dónde vendrá el último sonido que escucharemos antes de morir?
¿Será una voz? ¿El viento detrás de una ventana? ¿El corazón de alguien? ¿Un pájaro? ¿Una puerta que se cierra? ¿El rumor de la lluvia sobre el tejado? ¿O quizá será un sonido tan pequeño que no alcanzaremos a reconocerlo?
Tal vez la muerte no llegue en silencio. Tal vez llegue acompañada de un sonido que hemos escuchado miles de veces y que, justamente por eso, nunca nos detuvimos a preguntar de dónde venía.
Quizá el último misterio no sea descubrir qué sonido escucharemos al final, sino comprender que durante toda la vida estuvimos rodeados de sonidos cuyo origen jamás vimos. Y que escuchar, después de todo, también consiste en preguntarle al mundo: ¿Quién te hizo sonar?
Quizá por eso este catálogo no pueda terminar. Toda pregunta, cuando se la escucha con suficiente atención, contiene en alguna parte la semilla de otra. El sonido de una campana conduce al recuerdo de otra campana; el trueno nos lleva a preguntarnos dónde termina el trueno; el canto de un pájaro nos obliga a imaginar a quién le canta; y el silencio, que parecía ser la ausencia de toda música, termina revelándose como la pregunta que estaba esperando su sonido. Tal vez el error haya sido pensar que buscábamos el origen de los sonidos. Quizá buscábamos otra cosa: el lugar exacto donde un sonido deja de ser sonido y empieza a convertirse en memoria, en imaginación, en relato.
Entonces este catálogo se bifurca. Una de sus ramas vuelve a la campana del Chapulín Colorado y pregunta qué tamaño tendría si alguna vez hubiese existido. Otra sigue el vuelo de un ruiseñor hasta descubrir que quizá el primer canto de la madrugada no lo produce un pájaro, sino alguien que, desde algún lugar que desconocemos, recuerda haber escuchado un pájaro. Otra conduce hasta el mar, donde las olas repiten una frase que nadie consigue traducir. Y hay una última rama —o quizá la primera— que regresa silenciosamente hasta nosotros.
Allí aparece de nuevo el sujeto melódico. La misma pregunta. Pero no exactamente la misma. Como en una melodía que vuelve después de un largo viaje, reconocemos su contorno, aunque algo ha cambiado. Una nota se ha desplazado. El ritmo es otro. La pregunta ha envejecido con nosotros. Y entonces comprendemos que quizá preguntar sea una forma de componer. Volvemos a preguntar: ¿Quién tocaba aquella campana que nunca existió? Y de pronto la pregunta ya no habla de una campana. Habla de nosotros. De aquello que escuchamos cuando éramos niños y que todavía, muchos años después, continúa sonando en algún lugar de la memoria.
Quizá por eso este catálogo sea incompleto. No porque le falten respuestas, sino porque cada respuesta —si alguna vez apareciera— tendría la extraña costumbre de convertirse inmediatamente en otra pregunta. Y así, como los senderos de un jardín que nadie termina de recorrer, el catálogo vuelve a comenzar. Sólo que esta vez la pregunta ha cambiado de tonalidad.
¿Qué sonido tendrá aquello que todavía no hemos aprendido a escuchar?
Carlos Andrés Restrepo Espinosa


