jueves, 27 de septiembre de 2018

MEMENTO



Cuando Mauricio mi tío cayó al suelo, yo estaba contemplando con ojos de asombro la catedral de Colonia, el templo gótico más importante de Alemania, justo en el momento en que levanto la mirada para entrar en consonancia con la luz que atraviesa los vitrales tan altos que se hace imposible advertir sus complejas formas, en ese mismo momento Mauricio clavaba su mirada en el anden de concreto, escalonado, desigual, tan bajo y oscuro que no alcanzó a ver las complejas deformaciones que le abrirían paso a su muerte.

El día es azul en Jericó, con dos nubes furtivas que el sol mira con desprecio, al mismo tiempo el día en Colonia es una tarde naranja, con un sol adormilado incapaz de llegar a su cenit.

En la esquina dónde cae Mauricio huele a pandequeso, café y pollo asado, el cemento húmedo desprende un tufillo de orín de perro y una señora barre la calle con rítmico acento, mientras las hojas juguetonas vuelven a caer dónde ya está barrido.

En el atrio, se aglomeran turistas para ver las fotos de la catedral cuando fue bombardeada durante la guerra, la concurrencia se extiende hasta la fila de ingreso donde hombres y mujeres con cámaras al pecho y coronados con gorras de béisbol, se aprestan a ingresar al epicentro del arte gótico, el calor espeso despierta un hedor a orín de perro en el atrio de este monumento europeo.

Dos mujeres que toman café cerca auxilian al hombre que tendido en el suelo esboza una sonrisa tímida, sin angustia, no alardea de su agónico estado, se deja llevar, es un hombre solitario que inicia su viaje de regreso a la nada.

Dejando atrás la catedral y su místico resplandor ojival, a pocos metros se alza el puente sobre el río Rin. Allí, los amantes dejan candados entrelazados con sus iniciales, es una forma de enlazar la relación, eso me espanta, una relación no puede tener ni candados ni cadenas, todo lo que se ata se asfixia. Camino hasta el otro extremo del puente, al regresar el Rin no es el mismo río, en  urgencias del hospital Mauricio deja caer una lágrima leve sobre la funda de la almohada en la que su cabeza no encuentra reposo.

Al lado de la catedral está el museo Ludwig, y otro de arte romano germánico, me nutro de arte, experimento una exquisita emoción estética,  de repente viene a mi mente la imagen de mi padre - ¿cómo disfrutaría si estuviera aquí? me digo, y cómo una epifanía viene una respuesta: - Aquí está, yo soy el, soy la forma que se inventó para ir más allá, soy sus ojos, su consciencia, su asombro, a través de mis ojos miran él, mi abuelo, mis tíos, porque nada de lo que soy es ajeno, es propio, es mi sangre, es mi piel la depositaria del estremecimiento de mi clan familiar -.

Al lado del hospital, donde preparan la ambulancia que llevará a Mauricio a la ciudad dónde esperan darle una esperanza de sanación, también hay un templo gótico, pero su belleza no es apreciada, sus dos torres de aguja se resisten al notable abandono y deterioro, y se hunden en el cielo azul como buscando un poco de dignidad en las alturas.

Días después mientras es mañana en Europa, ocurre la noche más larga de Mauricio, la definitiva, se va silente como fue su vida, discreto, impenetrable, murió sin detalles de lujo, ni rimbombante protocolo, al día siguiente muere el alcalde del pueblo, los habitantes lloran la pérdida del único hombre que en su magín cumplió con las expectativas que los vivos no cumplieron.

Siendo las diez y media de la noche en Düsseldorf, todavía con luz de día mi hermana envía un mensaje de texto breve, contundente. Mauricio se murió, al leerlo una sonrisa tímida y nerviosa se asoma en mi rostro, una lágrima me asiste al tiempo en que se desploma dentro de mi él templo que me soporta la existencia, una de sus columnas se acababa de vencer; el sol aquella noche, caprichoso, estuvo en lo más alto pretendiendo brillar una vez más de manera inútil.



CARLOS ANDRÉS RESTREPO ESPINOSA


martes, 25 de septiembre de 2018

UN RECUERDO ÍNTIMO DESDE LA CUEVA PRIMITIVA HASTA LA “1 RUE DE LA LÉGION D’HONNEUR EN PARIS”


EDAD DE PIEDRA
No recuerdo muy bien cuando viví en el paleolítico, a mi edad muchas cosas se han borrado, no tengo mucha precisión en las imágenes, aunque me he esmerado en ejercitar la memoria, constantemente me falla, eso sí, tengo una fugaz imagen que me acude a veces en sueños, estoy recostado en un toldo construido con pieles, le estoy dando golpes a una piedra y me hiero las manos, la piedra queda manchada con mi sangre, justo esa sensación la tuve de pequeño no en sueños, despierto, estoy con mi padre acampando a orillas del rio piedras, la carpa de lona nos abriga del sol, mi padre tiene a un lado un montón de piedras que sacó del rio y con un cincel las transforma, unas en aguacates, otras en peras, las mas alargadas serán bananos y aquellas que resultan difíciles las lanza de nuevo al rio y estas se van saltando de felicidad sobre la corriente, yo me intereso en aprender esta alquimia asombrado de ver semejante transformación de la piedra, tomo el cincel sin permiso, lo apoyo en el aire para atravesar el pedrusco que tengo entre la mano y termino atravesándome el dedo pulgar; la piedra queda manchada con mi sangre.
Digo que no recuerdo muy bien los tiempos en que nuestra horda familiar se especializó en la búsqueda de alimento, lo que si tengo muy claro es que mi familia (la actual) sigue especializada en el tema de la piedra y en el de la comida, los unos se dedicaron a la albañilería y los otros al comercio de ganado.
En atención a mi memoria próxima voy a ocuparme de hacer una descripción un tanto imprecisa entre otras cosas de la funcionalidad de los espacios habitados, nuestras casas y los pueblos que fuimos construyendo.

APILAR
Apilar piedras, el oficio en esencia parece de poco ingenio, pero es toda una ciencia; se requiere de cálculos matemáticos si el que apila es un ingeniero, si se trata de un apilador empírico, solo se requiere de buen ojo, saber poner una piedra sobre otra piedra y que estas se sostengan es un asunto para sabedores, la mayoría de casas de los pueblos del suroeste que ayudaron a fundar mis ancestros de inversos apellidos Restrepo Puerta y Puerta Restrepo estaban soportadas sus bases en piedras apiladas, no había necesidad de pegamentos, ni argamasa alguna, los cimientos así quedaban y soportaban las casas hasta que había que tumbarlas para dar paso a unas más sofisticadas, con bases en hormigón e hierros retorcidos, clavos con moho y alambres en sazón a fin de amarrar los cimientos; curiosamente estas casas se venían abajo con un leve moviendo de tierra, o con el paso de los años las grietas y la humedad hacían lo propio.

El secreto estaba en el acople, sobre las piedras se levantaban las paredes en tapia o en bahareque, de la tapia no podría precisar su adecuación, lo que si sé es que eran paredes echas de tierra, ni el tiempo, ni la ruina a propósito lograban desvencijar una pared de tapia, que también era usada para cercar, o amurallar predios, es común cuando se pasea por el campo encontrar en medio de la nada una pared de tapia, enhiesta, emergiendo solemne de entre los matorrales, dividiendo la nada con la nada.  

De las casas en bahareque si puedo dar cuenta ya que me tocó ayudar a levantarlas, cuando eso yo era mi bisabuelo y tenía catorce años, era el encargado de cargar los bultos de cagajón de caballo, hacer el montón y luego mezclarlo sabiamente con agua, luego pisarlo con los pies descalzos hasta darle al material la consistencia justa para que pudiera fijarse bien, mientras me ocupaba de este menester, los otros levantaban con caña brava el marco sobre el que se extendía una esterilla, hecha con guaduas abiertas, luego una maya de alambre que era puntualizada con tapas de gaseosa atravesadas por un clavo, sobre esta armazón se empañetaba con el cagajón que debido al buen contenido de material vegetal no había necesidad de echarle alambres u otros objetos para su amarre.

Luego venia la blanqueada, un oficio que hacían señores que solían llevar un pañuelo blanco ceñido a su cabeza para proteger del la cal el cuero cabelludo, poco sirvió esta precaución, casi todos los blanqueadores terminaron calvos y ciegos, o por lo menos, haciéndose los de la vista gorda.

Mis parientes levantaron pueblos enteros, desde los templos doctrineros hasta los palacios municipales, de paso algún rico del poblado les encargaba su casa que habría de quedar en el marco de la plaza, de dos plantas con balcones de corredores con macanas, entablados de nazareno y puertas de  comino crespo, también se encargaban en ocasiones y bajo pedidos especiales de la decoración interna, elaborando escaparates, chifonier, bifet, cómodas, aguamaniles, salas, comedores y juegos de alcoba en caoba  y pisos de parquet.

Olvidadas las mañas del paleolítico, hemos dado pasos agigantados, los pueblos son casi ciudades y otras necesidades hicieron que la familia tomara otros destinos, pero en la memoria quedaron ciertas prácticas, entorno al uso de útiles para transformar la piedra que todavía y quizás por entretenimiento o atavismo primos y tíos siguen tallando, haciendo bodegones, bateas, monigotes decorativos que nunca valen su peso en oro; otros levantando paredes en adobe y cemento, los otros, dedicados a pintar las paredes levantadas, con colores ofensivos para los ojos costumbristas del tiempo colonial y sus verdes y café sin leche.


Si la naturaleza es caprichosa y en ocasiones hasta de mal gusto, la mixtura de colores que los familiares empezaron a proponer para resaltar los contra portones, los calados de los comedores, los postigos de los ventanales, propios de las llamadas casas republicanas, no estaban muy alejados de las mezclas propias de la naturaleza, junto a las casas republicanas había otras que fueron llamadas nueva colonización antioqueña y que mezclaba elementos como el hierro forjado sobre ventanas arrodilladas y vitrales morados, rojos y tornasolados en las claraboyas iluminando zaguanes y descansos de piso.

También en estas el prisma hizo de las suyas, las casas de ricos y de pobres se tornaron de colores subidos, molestos, enfermizos, colores que hasta algún alcalde de marras llegó a usar con fines políticos, colores que provocaban suicidios o por lo menos la amenaza de algún parraquiano indignado, colores “amontañerados”, colores sin gusto, colores eméticos, colores para el alma, colores distinguidos, colores insumisos, colores sobrios, finalmente colores felices persuadiendo lo invivible de los lugares por efímeras pinceladas de belleza en tarritos de cuarto de pintura que se descascaraban en cuestión de meses.



FUNCIONALIDAD

No se sabe que tan funcionales terminaban siendo estas construcciones, pero lo que sí es claro es, que habitarlas era toda una dicha, al punto que las personas no salían de sus hogares, se cuenta que muchos pasaron años sin salir a la calle, encerrados en vida en aquellos caserones, que siendo honestos eran tan inmensos que salir a la calle era como encerrarse afuera, para hacernos a una idea de cómo eran estas construcciones haré una breve descripción de la casa donde empecé a existir como nieto, a esa altura de la saga, venido a menos en casi todos los aspectos, podría detenerme a contar en que he dejado mis últimos vestigios de sangre, pero me ocuparé por ahora en hablar de otras ruinas.

La casa tenía dos puertas de acceso, la principal en todo el centro de la fachada con dos ventanales a lado y lado, la otra quedaba por un costado, esta conducía a un zaguán por donde se entraban las bestias hasta el patio de atrás donde estaban los abrevaderos, la puerta principal daba paso a un pasillo que conducía a un contra portón con calados de margaritas que al ser atravesado nos conducía al patio central donde había una fuente en el centro y jardineras en forma de triangulo haciendo esquina con cada uno de los ángulos del cuadrado del patio, al fondo el comedor con un torno por el que despachaban la comida de la cocina, al lado izquierdo del patio estaba la sala con unas poltronas inmensas en las que se recibía  a las visitas y se les atendía con chocolate y bizcochuelos.


Esta misma sala comunicaba a un espacio más reducido que era el oratorio donde estaba un cuadro del Corazón de Jesús entronizado y sobre una mesita un florero bien ocupado con begonias del jardín de la abuela y una veladora amarilla con una llama impávida que parecía nunca consumirse, del otro lado estaban las cinco habitaciones en galería, la última y la que estaba cerca a la cocina era la de los abuelos que también tenía acceso al solar, o el patio de atrás como le decíamos, donde habían sembrados dos guayabos, un manzano y un mandarino.


En la casa vivíamos diez personas entre primos, tías, abuelos y mis padres y en vacaciones llegábamos a ser más de treinta, si se cuenta que por el lado de mi mamá eran veinte hermanos, había ocasiones en que teníamos que pedir prestada una habitación de la casa vecina o decirle a la romería de parientes que dejaran para visitarnos en otra oportunidad.

Sin salir de la casa se podía jugar, bailar, reír, comer, hacer trabajos manuales, sembrar, cosechar, cambiar de ambientes y todo aquello que los múltiples espacios permitían.

De repente todo esto desapareció de manera tan progresiva que ni nos dimos cuenta cuando abandonamos la casa, cuándo la tumbaron y en qué momento el terreno quedó convertido en un parqueadero para carros, sin paredes, con un simple cerco de alambre de púas y un piso cubierto por gravilla menuda, piedrecillas minúsculas sin ínfulas de llegar a ser algo en la vida.


LAS MURALLAS
(Anotaciones finales)

Mis primas viven en Paris, ellas dicen que los campos Elíseos no son la gran cosa, que si los franceses hubieran conocido el jardín de la abuela sentirían vergüenza o por lo menos, mandarían una carta ofreciendo disculpas por llamar jardineras a esas pesetas que tienen estorbando en la avenida, cuando dicen eso, todos nos reímos y brindamos con el vino que suelen traer cuando vienen de visita, ellas gozan de admiración y respeto porque ahora son como europeas, aunque son amables uno no deja de sentirse apabullado cuando comparte con ellas, por ejemplo, no recuerdan mucho a la familia, ya olvidaron el nombre de las tías, el de los primos; ellas han levantado sus respectivas paredes de tapia que franquean las practicas del campo con sus nuevas posturas de citadinas, ellas viven en una pensión de un solo ambiente, comparten el baño y la cocina con otras personas, en ocasiones no se bañan por que el servicio de agua es muy costoso y comen una baguete con jamón y beben un vino barato para acostarse a dormir sobre un colchón de piedra.

Una casa se estaba rodando por la loma de “cien escalas” ya se había descolgado parte del corredor y el baño que quedaba por fuera, desalojaron y el dueño se fue a vivir a la ciudad a un tanque con ventanas, luego vino otro señor y cuñó con palos y piedras la parte que seguía en pie, le sembró siemprevivas y geranios y la casa nunca se cayó.


Wiener y Sert no eran pareja, pero hicieron pareja, cuando el pueblo se volvió ciudad ellos que no tenían nada que ver con nadie de aquí, terminaron decidiendo como debíamos habitar, cada uno empezó a hacer su montoncito de piedras por doquier, por supuesto de manera muy ordenada y moderna.
La ciudad de ahora no se parece en nada a la de la antigüedad, pero se le quiere parecer, la ciudad de la antigüedad ya desbordó la idea de lo que podría ser una ciudad, ahora lo que hay es un remanente del auge que ya tuvo su punto más alto, las ciudades de ahora son un declive, un intento por sustentar a como dé lugar su inexistencia, como en la de la antigüedad sigue respondiendo a una concepción simbólica del espacio.
Cuando se sale de la ciudad por una carretera se puede ver que cuando un carro se accidenta o alguien muere, se acostumbra poner un monumento que llaman calvario, generalmente una cruz con una foto del occiso, los más pudientes levantan todo un mausoleo con verjas de hierro, techo triangulado a la usanza de algunos templos, bombillas de color o espacio para cerillas que los caminantes encenderán a la animas del purgatorio; cuando el calvario es austero y solo cuenta con una cruz, los transeúntes van haciendo una pila de piedras que simbolizan los padrenuestros que le han rezado al alma en pena, realmente esas piedras son la cuota inicial para los cimientos del paraíso eterno.
En la ciudad actual no hay espantos, no hay dioses, no hay estrellas, la luna no baña sus calles de luz, son funcionales para los carros, pero lo recomendable es no tener carro, son buenas para la vida, pero te enferman, la ciudad cuenta con hermosos parques donde no es conveniente estar solo.

Las murallas me gustan, las de la ciudad medieval con sus torreones, las de roma, las murallas de los castillos y algunas comarcas europeas, la muralla de los chinos, la muralla de la ciudad antigua de Cartagena, la muralla de tapia de mis primas, la muralla de alambres de púas de un parqueadero que conozco, las murallas de Cavafis; las murallas tienen una gran ventaja y es que mantienen a buen recaudo a la ciudad, así los que estamos afuera sabernos que estaremos a salvo.


CARLOS ANDRÉS RESTREPO ESPINOSA

jueves, 9 de agosto de 2018

ABEJAS


De niño tenía miedo a dos cosas, a que mis papas se murieran y a las abejas. El primer miedo se fue disipando con el advenimiento de los años, la madurez biológica  me fue enseñando que podemos vivir sin los papas, ya no oro para que estos no se mueran, en cambio me entrego al disfrute constante de su existencia, haciendo una fiesta de cada día así no esté a su lado; el segundo temor fue muy bien infundado, la televisión estaba llena de programas que advertían que las abejas eran asesinas, enemigas del hombre, en mis recuerdos está una película llamada “Enjambre” (1978) que contaba cómo una gigantesca nube de abejas llegaba de África a un pueblito de Texas matando animales y humanos, sembrando el caos y el terror ante mis ojos de niño televidente. Sumado a esto en la torre del Santuario del Corazón de María (que ahora llaman de la Madre Laura) y en la misma imagen de la virgen, habitaban enjambres que en una oportunidad alguien las molestó y salieron al ataque, aún no he sabido porque después de embestir al Padre Luis Romeu se dirigieron  a mi casa, y a mi mamá que estaba en el patio la cubrieron, y si no es por un vecino que la socorrió el miedo numero uno de esta historia habría sido un hecho y no una anécdota; setenta y siete (77) aguijones les sacaron de la cabeza los médicos y una semana después cuando se peinaba le seguían saliendo, nunca se explicaron como no murió.  

Siempre he reconocido que la principal formación en mi vida la he recibido de la televisión, todavía en la universidad a mis estudiantes suelo incluir de referentes a los Simpson, a la par con Lévi-Strauss para hablar de la importancia de la miel y el tabaco en la construcción del mito y los imaginarios que han acompañado al hombre como sujeto cultural. En fin, siguiendo esa línea diré que por un tiempo la abejita maya me ayudó a mediar un poco la fobia por estos “avechuchos”, pero luego apareció José Miel y este si fue devastador; aumentó los temores a la muerte, la soledad, a los ejércitos de avispas, las arañas peludas, los escarabajos malvados, casi no me alcanza la juventud para reinstaurar una mediana salud mental, las personas de mi generación entenderán perfectamente.

A casa llegaba la miel en botellas de aguardiente, de pucha y de media pucha, “juepucha” me gusta esa forma de medir, el diccionario de la RAE dice que pucha es otra cosa, pero me gusta la palabra; en ocasiones la miel se cristalizaba, se metía la pucha al baño de maría y volvía la miel a su estado natural, yo no tenia el entendimiento de que esa miel era producida por las abejas, yo creía que era otro producto de la fabrica de licores, de niño uno ve las cosas como son.

Mi último encuentro televisivo con las abejas, fue en una serie llamada Black Mirror, en el capítulo llamado “Odio Nacional”, se narra como un hacker controla con fines perversos a unas abejas robot que fueron diseñadas para suplir la desaparición de estos insectos.

Para no espantarme mas y no dejar que sea solo ese medio el que me ilustre una vez mas, me puse cita con un experto, quien me aleccionó en el tema y me dejó estudiando y antojado de saber mas de las abejas y de mi medio ambiente, que de la parrilla de programación de los nefastos canales que se ofrecen hoy día.

Olmedo lleva 35 años conviviendo con las abejas, son su pasión pero sabe que no se puede confiar, sabe tratarlas, conserva los protocolos, las colmenas deben estar mínimo a doscientos metros de caminos, viviendas, alejadas de cualquier tipo de actividad humana o animal, si las abejas desaparecen también lo hace el hombre, pero mas fácil desaparece el hombre que las abejas asegura Olmedo.

Cada región tiene una flora especial y esta es la que le da las características a la miel, su sabor, color y aroma, la calidad de la miel se relaciona con el tipo de floración que haya en el momento, una miel de buena calidad debe tener menos de un 15% de humedad; Jericó no es un lugar optimo para la apicultura en términos de rendimiento, pero se sacan mieles de excelente sabor y aroma, la miel cuando se cristaliza no se daña, de hecho ese es su estado natural, la miel tiende a cristalizarse.
Desde niño Olmedo ha vivido en pos de las abejas, ellas le han enseñado mucho, incluso mas de lo que los libros cuentan.

Ordenamos agua aromática y café y sigo aprendiendo, como lo mío es la música pregunto por el sonido de las abejas, ellas producen sonidos distintos con las alas, de agrupamiento, pecoreando, que es cuando están extrayendo la miel de la flor, cuando viaja el enjambre, cuando exploran, cuando están irritadas, cuando andan en la oscuridad, esto solo ocurre cuando se dispersan por algún acontecimiento.

De la abeja también se ocupa la aerodinámica, la estudian porque los ingenieros no se explican como hacen para volar, debido a que su cuerpo es muy grande en relación a la pequeña dimensión de sus alas, si una abeja en pleno vuelo escucha sobre las leyes de la aerodinámica, se caería, dice Olmedo con una leve sonrisa.

Las abejas además de polinizar, de fabricar la miel, de ser estudiadas por su vuelo, son utilizadas en la apiterapia, se usan las apitoxinas de su veneno en el tratamiento de enfermedades como la esclerosis múltiple. También se ha vuelto una práctica  el apiturismo donde se hacen visitas guiadas a las colmenas, se sensibiliza y se degusta.

Finalizamos el encuentro, fue grata la conversación es necesario despertar la conciencia de que las abejas no son malas, es menester del hombre protegerlas, en su conservación puede estar su futuro, si ellas se acaban se acaba la comida. Hay personas que queman los colmenares, el uso de insecticidas también cumple un papel esencial en su desaparición; la abeja es el animal más defensivo del reino animal y el segundo más laborioso, pero hay prácticas humanas ante las que ni con la inteligencia y el trabajo se puede sobrevivir.

Olmedo vuelve a su colmena yo tomo un bus y regreso a la ciudad intentando recrear un nuevo zumbido en mis alas.




CARLOS ANDRÉS RESTREPO ESPINOSA

viernes, 15 de junio de 2018

UNA HISTORIA CON TIEMPO




Imaginamos la existencia y para tener control sobre los acontecimientos derivados de dicho acto aprendimos a dominar el tiempo, así satisfacemos las expectativas de felicidad, las aspiraciones de tener una vida armoniosa. 

Una forma de medición del tiempo es la cósmica, cuya menor unidad es el día, y el otro el más abstracto es aquel que se funda en la hora, dando así origen a una suerte de instrumentos desde los más antiguos cómo relojes de arena y de sol o clepsidras, hasta relojes de torre, de pulso y ahora los celulares que contienen en una aplicación todas las posibles formas de medición del tiempo. 

Poder medir el tiempo posibilita una mecanización del hombre en lo colectivo e individual, queda sometido a una manipulación tan sutil que posiblemente no advierta y considere normal, ya que no tiene reparo en justificar sus fallas o inconsistencias en que no le alcanzó el tiempo. 

El tiempo en los relojes es una ilusión, el de los calendarios obedece a una función social, pero sujeto a los ritmos del universo.  Detengámonos en la noción del tiempo que nos da el reloj, en verdad cuando decimos espérame un segundo o llego en cinco minutos, ¿somos totalmente consecuentes con cumplir cabalmente con dichos tiempos? 

Si pensamos en la medición del tiempo ligado al día y la noche, sería más cómodo, decir llego en la noche, salgo al amanecer, pero los signos que ocurren durante el día y la noche, desplazamiento de la tierra reflejado en la bóveda celeste, fases de la luna y del sol, movimiento de las mareas, permiten que el hombre haga una medición más exacta y así tener un aparente control del universo. 

Las primeras formas de medición del tiempo estuvieron bajo el control de los sabios y poderosos en forma de calendarios en las culturas babilónica y egipcia. 

En la Roma Republicana los sacerdotes tenían el control del tiempo, agregaban o quitaban días del calendario de manera arbitraria con interés económico, pues las calendas las movían a su antojo, para adelantar días de pago de deudas o intereses y se justificaba esta maña por el desajuste entre el año romano y el solar. 

En el medioevo se da el paso del control del ritmo del tiempo del poder cívico al religioso, pasó de indicar los cambios en las actividades públicas a un tiempo rural o campesino basado en las activistas agrícolas y ganaderas, el control efectivo lo hacían los monasterios mediante la campana que servía de aviso de las horas canónicas, sobre las que se establecía la duración y pausas de la jornada laboral, al final, en la revolución industrial los relojes terminarían en lo alto de los templos convertidos en el instrumento de medida del paso del tiempo por excelencia. 

El reloj publico en las ciudades europeas se convirtió en el centro rector de la organización de sus ritmos diarios a tal punto que cuando una ciudad era sublevada lo primero que hacían era castigarla quitándole su reloj o campana que era percibido como símbolo de poder.

El sábado 28 abril del 2018 alrededor de las cinco de la tarde se escuchó un estruendo en la catedral de Jericó que alertó a las parroquianos quienes corrieron hacia el atrio para saciar su curiosidad, al entrar se dieron cuenta que el cable que soportaba una de las pesas del reloj se había vencido viniéndose a tierra con todo el peso de su tiempo, abriendo un boquete en el piso del coro; siguiendo su recorrido hasta llegar hasta la entrada del campanario, cerca de la puerta de acceso a la nave izquierda, aquella fue la ultima hora del reloj que tantos años acompañó a los habitantes en su devenir intimo ligado a historias cotidianas, citas, compromisos, pactos, aquí como en la Europa de reyes y señores el reloj fue el motor que organizó los ritmos de la vida, sus campanas resonaron en la frecuencia de cada palpito de sus habitantes, por eso y es comprensible que a muchos visitantes o extranjeros les incomodare su constante sonar, les desespera, no soportan que les recuerden cada cuarto de hora que tienen menos tiempo por vivir, en cambio los lugareños celebran que la vida haya sido gastada y disfrutada en estos parajes donde vivir es por momentos tan independiente del tiempo que la inmortalidad campea por ahí en esquinas, calles y jardines.


El primer reloj del que se puede dar cuenta lo construyó y donó un mecánico vecino del pueblo, el Señor Pedro María Velilla, su máquina perfecta del tiempo tenia tres muestras que indicaban: año, mes, día, hora, minutos, segundos y fases lunares, fue instalado el 10 de abril de 1892, de este primer reloj no se sabe que destino tuvo después de la demolición de la antigua catedral, el reloj actual donado por Salvador Abad en 1923, fue traído de Frankfurt Alemania y estuvo en la Curia, luego en el planchón de la catedral al frente de la notaría, en una torre de madera a la que se accedía por unas escaleras de guadua, para el año de 1962 finalmente fue instalado en la torre de la nueva catedral por el Señor Simón Pedro Estrada bajo las instrucciones de un técnico alemán, el señor Estrada fue el encargado de darle mantenimiento y le sucedió en la tarea su hijo John Darío desde 1967 hasta el 31 de diciembre de 2017.

La persona encargada de dar mantenimiento hasta el último latido del reloj fue el señor Juan José Román. El reloj se aquietó, ahora el tiempo anda suelto, haciendo de las suyas con su vértigo de siglos estelares, las campanas no anuncian las horas idas, pero se ha vuelto más notorio el envejecimiento de los habitantes del pueblo.

Ofrezco las fuentes que sirvieron para este viaje en el tiempo.
Revista Jericó Número 36 del 2001
Datos ofrecidos por el señor Jhon Darío Estrada Hijo de Don Simón Pedro estrada.
La organización social del tiempo, en Historias del Tiempo del Fondo de Cultura económica
El orden de la memoria de Jacques le Goff
CARLOS ANDRÉS RESTREPO ESPINOSA





miércoles, 6 de junio de 2018

REGRESO DEL AMAZONAS



TRES CANTOS


1.      ¿BAILAMOS?

Después de todo, que más puedo robar para volver canción cada paso que di ó deje pendiente. Dejo mi abrazo. El secuestro que hago a este sol que no me conoce, pero que desde siembre he visto.
Provengo del verde más profundo que duerme sobre las montañas que parecen gigantes languideciendo la espuma de la luz.

No imagino como rondar estas pieles que se disponen para el amor; tranquilas sin suciedades  sin profanar nada… será que no me conozco realmente ya que estos espejos me devuelven un ángel y yo sintiéndome tan solo hombre que busca su sal en el desorden.  Traigo mi corazón en el bolsillo y de querer volar entre lo que me asombra más me pierdo en la frente de la tarde que me hace diferente con otra sombra.
Vulnerable, nombro los amores que me apresan; dejo en mi abrazo un poco de lo que tanto robé a tus días de conjuros, de danzas de pinturas en el rostro, de florecitas ofrendando su color para iluminar con sus trazos los escondites donde aseguro mi miedo a ser descubierto por la luz de una boca.

De tanto mirar si lo que había era cierto, una voz terminó por contestar que las palabras crean lo que dicen; el dolor es la distancia, el cansancio de buscar lo que desde siempre estuvo aquí y yo con el alma rota de inventarme lejanías. Ahora uno los pedazos en que me he fragmentado, los sumo en el centro de una maloca con los labios en el borde de un totumo, con la bebida que lleva más adentro, más profundo, que lleva más.., solo tengo estas partes que parece se juntan después de todo.  Al fin.

¿Bailamos?, mueve tu cintura para allá y para acá, más para allá que para acá no vaya y sea que te choques con la mía y chisporroteen tus ganas y quien sabe alguna chispa caiga sobre las cosas que suelen arder y ¿quién nos apaga?, -mueve mas rápido los pies- perdona que me derrita en tus manos, es que la humedad tropical tiene sus inconvenientes, -dame tu mano-  déjate llevar, demos una vuelta, ¡qué bien! aprendes fácil, se llama “Pagode” pero debes pronunciarlo pagoyi para que sientas la saudayi que deberás escribir saudade para que te crean,  es un baile de Brasil pero es de nosotros que no somos de Brasil,  y somos de aquí.
No te tuerzas del camino deja que las manos se abran como alas al sol y ve girando despacio al compás de lo que escuchas, ¿y si los latidos de mi corazón no me dejan oír? Sabes tanto de lo que sabes y yo tan sin nada tan sin todo. ¿Bailamos otra vez? –luego debo seguir huyendo a mi encuentro.

Falta algo. Bailar esos tamboritos, descalzar el afán, sentarse en la oscuridad con una lamparita que apenas permite ver las siluetas de las cosas que se dicen. No levantar la voz sino es para gritar de dicha, no ponerle precio a lo que es libre, no ver lo pequeño como menos, no decir verdad, ó cierto es, no jurar en vano las lágrimas que brillan bajo la noche, no decir yo se quien soy por eso te cuento.  Vaya si nos falta poco, yo soy solo quien quisiera ser y a veces no se si quiero.

La luna nos besa entre el capinuri. ¿Quién nos oirá si le cantamos a sus raíces? ¿Quién responderá del otro lado, si ahora la vereda esta ocupada sumándose a la velocidad del tiempo que inventamos para sentirnos útiles?

2. OLVIDAR Y NO CAER EN LA TRAMPA

Es de vital Importancia después de creer en todo, hacerse fantasía y ver romántico hasta la genuflexión intestinal de las aves del paraíso, recuperar la costumbre ascética que nos heredó mamá, el pragmatismo de Padre y la perversión de abuelita.

Nada de lo que veas te asombrará si no ocurre primero en ti cierta combustión, lo que hay es solo lo que ves, el resto es la impostura que aflora al entrar en relación; no caigas hijo en esas trampas,  atesora momentos antes de salir del encuentro, un día existirán las fotos que harán ese trabajo por ti y otro día inventaran el tele grabador de emociones y recuerdos que igual lo harán por ti. Asegúrate de que algo sea solo tuyo y nada más.

La vida es donde uno está no donde uno sueña. Los sueños no dejan ver el sendero. Vivir en la ilusión es un error. Se habita la casa que se tiene no la hermosa mansión que construyó el otro. Antes de dar la vida por el otro se debe dar la lucha por uno mismo. La existencia es su responsabilidad y suceder en ella su misión; no abandonar la nave es asunto de estoicos pero si se sabe llegar a la orilla nadando hay que arriesgar  el traje nuevo.

Todos mentimos, todos nos disfrazamos, todos manipulamos, todos recreamos actos circenses, todos decimos si, todos nos amamos, todos nos engañamos, todos creemos en que todo puede cambiar y todos estamos muy ocupados para hacer algo.

…Yo vi cuando usted me sacó las llaves del delantal después de abrazarme y decirme que me quería mucho y con sus hermanitos se fue directo a mi escaparate y sacaron el tarro de lata y se comieron las galletas que tenia allí para darle a sus primos que vienen de visita el fin de semana.  Advertí cuando dejaron de nuevo el tarro a la mitad, cerraron la puerta con sigilo y con la barriga llena volvió a mí y con idéntico abrazo me dejó de nuevo en el delantal las llaves y salieron felices a seguir sus juegos en el patio diciendo: esa abuela todos los días está mas atolondrada, lo que nunca sabrán es que el mal estomacal que les sobrevino fue por cuenta de el laxante que utilicé en los ingredientes por que desde siempre he sabido de sus visitas a mis territorios privados para desvalijarme de lo que atesoro y a ustedes sirve.
Así es mijito que cuídese de su propia malicia, que todos tenemos asuntos que cuidar de los que tienen mucho que pretender.

Visite muchos lugares y encuéntrese en las cosas vistas, pero déjelas en su lugar cualquier intromisión puede cambiar el curso de la historia y casi nunca estamos preparados para asumir esa responsabilidad.
No se deje apresar por la emoción hay que apresar la emoción, del resto se encarga el arrepentimiento..

3. PROYECTO VITAL

Viajamos entre los recuerdos que quedan tras la explosión de los saberes acechando. Cada segundo cobra lo que somos, nos sigue faltando un día para dar por hecho la sobre vivencia de un verso, conocer el niño que nunca fuimos y esperamos sea, pero de excesos aumentamos el peso en el dolor, de tantos ángeles pendientes de nuestros miedos la mitad le teme a las alturas, y nosotros intentando volar. Nos falta solo un don para querer  sobrevivir este día que termina con hollín en nuestras frentes apacibles donde antes se tendían todos los amarillos que sabía inventar el sol para volvernos su tarde de campanas, su horizonte de todas partes distinto; sol marginado por los besos que venían a iluminar esas oscuras fronteras donde entendíamos que nada seguía por que el límite era nuestro encuentro.
Ahora que el maguaré fue desplazado por una banda marcial que trepida desde lejos dianas militares y ritmos de otras guerras, ahora que quiero sumarme a su tiempo que sendero sigo a mi saber de otros menesteres. ¿Donde encontrar un maestro que enseñe a pintar sobre mis insensateces el color de mi propia vida? ¿Y por qué creo que debo aprender desde aquí y no desde la lejanía de mi origen?  Yo solo vine a refrescarme, a beber un poco de agua para calmar la sed no para quedarme a vivir. De que sirven mis estrategias, mis programaciones, la alocada cuenta de mis deberes, el rugido argumento de ese hombre que es tan respetado y temido. Cuándo me desarma una canción que resume el universo en una nota y no poder explicarlo. Cuándo un motor se apaga y se queda en medio del río dando vueltas a su merced. Cuándo una mujer ticuna reza en lengua y el cielo le responde en trueno. Cuándo sin didácticas especificas ni métodos pedagógicos especializados de enseñanza del arte los niños aprenden para la vida no para al producto, no para el ser o el tener, por que ellos ya son, ya tienen.  Qué gran riesgo se corre cuando uno sigue en la lamentable tarea de evangelizar, de iluminar con la redención del “proyecto de vida”…  como si uno tuviera muy esclarecido ese asunto.

La maloca siempre esta esperando,  solo falta dejar afuera las pretensiones, bajar un poco para poder ascender un mucho. La maloca que alberga las danzas, los cánticos, el sonido del menguaré que reverbera  -por suerte- en el pecho del que lo vive, el mámbe que conecta, vincula orienta y protege y sobre todo la palabra que nos da vida que nos sigue haciendo posibles.
Y luego cuando ya el ruido fundado muere en la apacible noche de ranitas venenosas y zancudos kamikaze; cuando no hay quién vea, cuando toda oscuridad es cómplice y cualquier asomo de luz no ilumina sino que enceguece y señala, cuando el cansancio se sienta a tomar el sereno y el afán se anula, algo empieza a alebrestarse, a retumbar en la cabeza, conflagra el pecho, nos eleva sin necesidad de crear alas; es el descubrir que la Maloca ahora es uno mismo.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa


sábado, 2 de junio de 2018

SIBILINO


Macumba ba ba, olotre le le tre truhán tu vas
A jode Kalamari yoba escrabo yo gabo chambelé
Ni you ni yo, encalambre carcamal; ascende tumulto.
Barbarismo esquisitismo, yoruba ba ba.

Curaca, camina descalza la luna sobre el tabaco
Hierve el agua roja de chuchuguaza,
Repletos de ánimo los huesos estallan
Y las blanduras se menudean.

Tierra de fuego ocultas tu hielo en los astutos
Lugarejo de entrambos presagios, vives a la espera
De la mujer viajera que costura sueños.

Garbarini, gárgola, gandul, ganoso el sol
Nos siembra semillas de luz en las ideas
Saca jaraima jeraco della, buchi tru caiba
Mo ode buchi ome tuanita.

Je suis Ambacheque.

Miss, terio, gorja en el trampolín
Nadie salta, todos altos pocos bajos,
Ta-ta-ta… taaaan.
Zumba que te zumba el tín tín tán.
A media noche se cuecen los epitelios.

Tucupi ji ji ji, pícame la lengua
Pícame el hueco entre el pecho y espalda
¿Qué me esta quedando de tanto amarte
País de abuelos dormidos y sordos?

Ne me quitte pas

Andrés Restrepo



lunes, 7 de mayo de 2018

LA CITA



Sus tías insistieron, no diré que tanto, pero lo hicieron, querían que se diera entre los dos un encuentro, las tías a veces son así, de la nada te quieren meter por los ojos a alguien, - Debo reconocer que ese no es mi estilo, pero yo por ellas hago lo que sea -, me advierte del otro lado del teléfono, mientras trato de crear una imagen de su rostro con los fragmentos de sus mensajes y conjeturo el resto apoyado en mis fábulas literarias.

En mi vida había tenido una cita a ciegas. Casi no logra reconocerme, por mi cuenta vi a una mujer delgada, con el cabello recogido y con cierto porte de dama antigua, así que supuse que era ella; después de girar sobre sí misma, se alejó y regresó con un café, nunca reparó en mi presencia, se sentó junto a mí, se llevó el vaso desechable a la boca y sacó del bolso un libro que hacía mención de dinosaurios, política y ateísmos, - Esto sí que es una cita a ciegas -, me dije.

Allí estaba yo un tanto absurdo, no soy ningún muchacho bueno, ni digno de honor, ni rebosante de méritos, soy un hombre común haciendo uso de su pesimismo cotidiano, en un encuentro con una mujer inesperada, prevenido, pero lleno de curiosidad por saber quién se escondía tras aquella mujer en apariencia simpática.
Me había adelantado un poco y la busqué en una red social, en su foto de perfil aparecía una rubia con unos intensos ojos color miel y una sonrisa de manantial, lucía una gorra de béisbol de la que surgía una abundante cabellera “toda una mata de pelo”, como dirían mis tías (que también las tengo, pero que no fueron convidadas a este cuento); se alcanzaba a ver la mano de un hombre que se asomaba un poco sobre su hombro derecho, la foto había sido recortada, como mandando un contundente mensaje al mutilado.

Y allí estábamos, ella alta, con mirada irónica, ajena a toda pretensión, confirmando los adjetivos establecidos a sus ojos, sonrisa y cabello; toda una mujer, con movimientos finos, fluyendo con tal gracia que entre más ganaba altivez yo cada vez me convertía en un perfecto Don Nadie.

Fungí ser profundo para no darme por vencido y terminamos pretendiendo arreglar el mundo, nada novedoso, tomo un café negro sin azúcar, ella sabe dar cuenta de un mejunje de café con caramelo, arequipe y crema, como quien dice: ¿quieres saber que es lo único dulce en mí?  Ahí tienes.

Entremezclamos temas, yuxtapusimos emociones, ella dejo rodar un par de lágrimas en su mejilla, yo las deje rodar hacia adentro. Jamás imaginé tanta empatía, tal vez sus tías tenían razón, quizás Coelho, o Jodorowsky con su arsenal de actos mágicos, el caos poético de Stephen Hawking citado por ella cada final de frase me hacia un guiño.

Llego a creer el disparate de que el universo se toma el tiempo y mueve las fichas de manera compleja solo para que dos personas se tomen un café.

Para una mujer que no está ocupando su vida en ser bella, la hermosura le luce como un arco iris a la tarde de invierno, pienso. En silencio le veo hablar mientras desvía su mirada huyendo de mis ojos firmes y lúbricos.

Tiene en su haber una fiesta de colores danzando y al mismo tiempo porque es así de contradictoria, es una mujer nostálgica y amargada que huye de lo sutil porque sabe de sobra que es frágil ante un poema.

Nos levantamos del lugar, la despedida fue cálida, los dos sabíamos que esa había sido la primera y última vez que nos veríamos, basta un encuentro para saber quién es el otro y aquella encantadora mujer no era para mi vida.

Yo que no soy tan caballero tomo mi sombrero imaginario lo pongo en mi pecho y hago una venia, el universo conspira, empiezo a ser optimista, y unas ganas de no decir adiós me pueblan, empero doy la espalda apresuro el paso y mientras camino saco el celular del bolsillo de la chaqueta, busco su nombre y le doy bloquear y eliminar contacto.


Carlos Andrés Restrepo Espinosa


CATÁLOGO INCOMPLETO DE PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

  Inventario de sonidos que nunca existieron, pero que alguna vez escuchamos.  Este es un inventario de sonidos que nunca existieron. Por e...