viernes, 15 de enero de 2021

LA TIERRA

Canto Primero 

la tierra sigue soportando la raíz,

el árbol se ha vencido por vejez

o por capricho del leñador

que canta con su sierra

mientras los pájaros se espantan.

La tierra sabe que todos son sus hijos,
ellos creen que la tienen a sus pies,
pero ella es sabia y de manera sutil gira
para demostrarles todo lo contrario.

A.R

jueves, 10 de diciembre de 2020

EL CIRCO

 

Según los historiadores, el origen del circo se remonta a las primeras civilizaciones desde el lejano oriente hasta el occidente próximo, muchas de las actividades que luego serían utilizadas para el entretenimiento, como la acrobacia, el contorsionismo y el equilibrismo, estaban asociadas con la preparación de guerreros o con actos rituales; hace más de 3000 años había malabaristas en Mesopotamia compitiendo contra las leyes de la naturaleza y contra otros compañeros de la tribu para ver cual elevaba más sus pelotas.

El término circo viene del latín “circus” y hace referencia al escenario en que se reunían los romanos a ver competencias de caballos, peleas entre animales y hombres, entre hombres con hombres “del mismo modo en el sentido contrario”, muchas de estas prácticas se conservan en la actualidad en los concejos, parlamentos y congresos en el globo terráqueo y curiosamente también se les suele denominar circos, a esto cabe agregar sin ánimo de ofender, que los saltimbanquis, juglares y magos, fueron los precursores de los artistas de los circos actuales.

El payaso actual es heredero de esa tradición, por eso su actuación se basa en contar chistes, se viste de manera llamativa, hace piruetas, brinca de un lado para el otro buscando el aplauso, es decir la aceptación de grandes y chicos, en ocasiones su función no es buena pero el solo verle, da risa, y esa risa tiene origen en que de alguna manera ese payaso nos recuerda nuestra propia miseria, nuestros defectos, él es el fiel retrato de la sociedad. Qué risa.

El circo, como empresa de espectáculos nace en Gran Bretaña en 1770 y de allí se extiende por toda Europa dando origen a compañías tan famosas como el Circo Renz en Alemania, el Cirque d´hiver (circo de invierno) en Francia, el circo Sanger en Gran Bretaña y saltando el charco en Estados Unidos nacen numerosos circos como el Barnum & Bailey y el Famoso Ringling.  Aunque se originan en Inglaterra es en U.S.A. donde se amplían como espectáculo los Freak Show (espectáculos de fenómenos) donde las maravillas que el señor hacía en los humanos eran exhibidas ante un público que se agolpaba afuera de las carpas para ver al hombre elefante, a la mujer con dos cabezas, al hombre con manos de puerco y a esa “cosa” con piel escamosa con nombre aún por definir (el lector tiene amplia libertad de asociación).

En chile ser payaso es toda una profesión tan respetable como ser abogado en nuestro país y no estoy haciendo un chiste, en Rusia por decreto de Lenin todos los circos pasaron a ser propiedad del estado quien regula y subvenciona todo lo pertinente al espectáculo circense, aunque después de la caída de la unión soviética algunos gozan de autonomía como el Gran Circo de Moscú.

Cuando yo era niño los circos llegaban una vez al año, se instalaban en terrenos que el municipio les alquilaba y allí se quedaban largas temporadas, generalmente eran circos pobres, muchos de empresarios venidos a menos que ofrecían una variedad de rutinas, algunas atrevidas, otras un tanto ingenuas, pero que divertían y lograban tener una buena audiencia en sus funciones vespertinas y nocturnas, los payasos utilizaban chascarrillos y palabras incisivas que calaban en el público que luego introducían en la vida cotidiana; recuerdo una rutina de una burra que no tenia mas gracia que las guirnaldas que le ponían, pero que el payaso con el arreo lograba que ella tomara la dirección en la que estaba el objeto que alguien del público había señalado, al finalizar el acto el payaso decía con voz chillona: “aplausos pa´ la burra”. Esto generó el tiro que por mucho tiempo se utilizó en la escuela cada que alguien hacia mal la lección, no faltaba el payaso del grupo que decía: “aplausos pa´ la burra”.  Los circos anunciaban su despedida con dos o tres semanas de anticipación, por lo que durante ese periodo todos los días eran su última función, esta práctica también heredó otro dicho que todavía suele decirse de alguien que anuncia su partida y no se va, “se despide más que circo pobre”.

En mi magín los circos siguen acampados en una planicie que había al lado de la escuela Madre Laura, un terreno al que llegaban los circos y las ciudades de hierro, pero que realmente llamábamos rueda de chicago y a las que solo se podía ir a escondidas de los papás porque según ellos los tornillos de las atracciones estaban mohosos y sueltos, pero esa es otra historia.

El vecindario próximo al lugar donde se instalaba el circo era el sector de Boyacá y en la mitad de la loma vivía mi tía Delia, yo pasaba mas tiempo en su casa que en la mía, tenía de primera mano el acontecer del circo, algunos artistas hacían amistad con los habitantes del sector y terminaban viviendo en piezas que les ofrecían o alquilaban por la temporada, otros más aventajados conseguían parejas que al partir les seguían en su itinerancia o se quedaban suspirando anhelando un pronto regreso, recuerdo en especial al payaso “Chuchín” que se alimentaba en la casa de la tía, desde que entraba hacia chistes que todos celebraban y asentían de manera casi reverencial ante aquel extraordinario personaje, que además era un completo gigoló y traía rendidas a sus pies a muchas jovencitas con las que se daba cita en el andén de la misma casa, bajo la complicidad de mis primos.

No solamente llegaron circos pobres, también grandes compañías tanto de teatro y vodevil como de zarzuela, que eran unas formas circenses más elevadas, como: la carpa teatro de la Compañía Martín, además llegaron Frutos de mi Tierra del maestro Jaime Santamaria, la Compañía de Efraín Arce Aragón, la Orquesta Típica de Enrique Rodríguez y cantantes como Ortiz Tirado y Lucho Ramírez,  a ofrecer sus espectáculos en el teatro Santa María para las élites intelectuales, esto ocurrió antes de que yo naciera, pero Raúl Restrepo y su hermano León, estuvieron ahí, para verlo por mí.

En el lugar donde llegaban los circos se erigió un conjunto de casas de interés social, este nuevo emplazamiento desterró los circos a mangas y potreros ubicados en lugares marginales del casco urbano, los últimos circos que visité ya de grande y buen mozo, fue uno de carpa en la cancha de arenilla aledaña al morro, había una contorsionista con rasgos peruanos que se parecía mucho a la malabarista y esta era idéntica a la que bailaba el “canchis canchis” que a su vez tenia la misma cara y contextura de la que vendía las boletas en la taquilla. El show central era un hipnotizador, pidió ayuda del público, me ofrecí, cuando estuve en la pista, con discreción me susurró al oído: ayúdeme, sígame la corriente, sino me quedo sin trabajo, ese día me realicé como actor de reparto, el público creyó que me habían hipnotizado.

Un fin de semana de puente en que fui a saludar a la familia, pasó una moto promocionando un circo, un simulacro realmente, se presentaba en el coliseo, el empresario era un chileno que hacía de payaso y de animador, pese a la austeridad y a la falta de elenco, tenía buenas rutinas y un agudo sentido del humor, al día siguiente fui invitado a la emisora del pueblo a un magazín y casualmente el otro invitado era el payaso del circo quien resultó ser una persona excepcional, se le notaba su formación académica, era un payaso hecho y derecho, entre muchas cosas contó que era de un pueblo que había sufrido los estragos de la extracción del cobre y que la necesidad de comer lo habían llevado a elegir la carrera de payaso. 

¡Un momento! Acabo de tener una epifanía, en el pueblo necesitamos urgente un circo para que cojan oficio todos nuestros futuros payasos.

 

Carlos Andrés Restrepo Espinosa

martes, 6 de octubre de 2020

AMNESIA

 




Liborio vivía detrás de un mostrador de madera, olía a naftalina y sus hijos eran de vidrio, o eso decíamos en la escuela cuando alguien se ponía en frente del objeto de nuestra atención, - ¿Usted cree que es hijo de Liborio? -, esa expresión solo los del pueblo la entendían, no había que esperar a tomarla en el aire, en cambio preguntar: ¿Usted se cree transparente? Hasta la entiende un político con todo el cinismo del caso. Liborio no tenía hijos, que se sepa, pero si tenía dicho y como del dicho al hecho hay mucho trecho, prosigo como Ireneo Funes hurgando en la memoria y cuando me encuentre con el olvido, inventaré que es propio de quien recuerda.

En el verano se guardan las prendas de lana, los abrigos y ruanas para darle uso a prendas más ligeras, almacenadas en escaparates de madera se quedarán guardadas hasta que sea necesario volver a usarlas, aunque el clima del poblado es bastante fresco, se suele acumular y abandonar ropa en los armarios, incluso muchas personas mueren dejándolos repletos de ropa que nunca se pusieron. Cuando se registra el armario por cambio de clima o necesidad de mover las cosas de un difunto, lo primero que salta a la vista son las polillas, que bien pueden llevar años viviendo en la oscuridad alimentándose de la queratina que sigue presente en la lana, las plumas, pieles o seda, materiales esenciales del buen vestir de los pueblerinos.

-Vaya donde Liborio y me compra cien pesos de mata polillas -, dice una voz adulta, y el niño obedece. – Buenas Don, me hace el favor y me vende cien pesos de esas bolitas blancas -, señala con el dedo índice y con los otros sigue empuñando las monedas con las que ha de pagar; las bolitas blancas son para el niño como confites de mentas, pero si creen que este relato se desenvolverá en tragedia, les advierto que este infante es muy inteligente y sabe muy bien que esas bolitas son un neurotóxico que afecta el sistema nervioso central de estos insectos, pero como es un niño no puede resistirse a pensar que parecen dulces.

- ¿Cu-cu-cu-cu cuanto va a-a-a-a-a llevar? -, pregunta con su voz trémula el dependiente y el niño ingenuo y sagaz le responde – Ci-ci-ci cien pesos -.

En su vida nunca dijo una sola palabra de corrido, - Mejor el silencio- piensa y los pensamientos si le salen de corrido.  Con una hoja del periódico Patria Nueva, en la que también hay una suma hecha a lápiz sobre una columna escrita por él mismo junto a la publicidad del jabón La Jirafa, hace un cono de papel y allí empaca las bolitas de naftalina.

La tienda estaba llena de cachivaches empolvados que tarde que temprano tenían venta y, aunque estoy hablando del pasado, casi todo en este lugar ya era del pasado. A Liborio lo recuerdo como a un personaje salido de una viñeta de Dick Tracy, pequeño, de rostro enjuto, su frente arrugada como el fuelle de un acordeón, calvo y de lentes con monturas de carey negro; en su tienda estaba en mangas de camisa, en la calle siempre iba de saco y sombrero impecables, ajenos a las mordeduras de polillas.

Liborio era marquetero y limitaba por todas sus esquinas con la soledad.

Un día hace mucho tiempo, antes de ser el hombre que se evocaría en estas páginas, fue un niño, jugaba al “machocalengue” con Isabelita, amiga de la niñez que duró una tarde, fugaz, como la esencia del jazmín, perdurable como un raspón en la rodilla, estridente como una carcajada y recordada como la ebriedad del primer beso.

Un hermano de Liborio salió del pueblo con quince centavos en el bolsillo y le dio la vuelta al mundo, él se quedó en el pueblo para ser un hombre común, de esos que no dan muchas vueltas.

Ahora esos tiempos languidecen amarillentos en las páginas de aquel semanario en que escribía, como un bucle se reescriben en este periódico que también será pasado y que, en su edición impresa, contará cosas que fueron, que nunca más serán o que realmente nunca pudieron ser.

Contando con suerte, alguien lo usará para envolver un aguacate o hacerle un avioncito a un niño.

Liborio es una sombra asida al recuerdo de un hombre que padece amnesia.

 

Carlos Andrés Restrepo Espinosa

 

lunes, 7 de septiembre de 2020

MONOLITOS

Siempre sospeché que algún día los monolitos se vendrían abajo, tanto por su propio peso como por su levedad, cuando dejaran de ser significativos para el hombre y he aquí que se llegó el día; los templos, los museos, santuarios, claustros y centros comerciales se vinieron abajo, cayeron sin tener que ser derribados, perdieron su funcionalidad, los actos que el hombre había consagrado a ellos retornaron a su ámbito cotidiano, las cuatro paredes de una habitación en la que una pantalla centellea reflejos de un mundo exterior que se tornó en su enemigo número uno. 

Por primera vez una procesión de semana santa se hizo sentado frente al televisor, las clases prácticas tornaron a teóricas, las clases teóricas se volvieron virales, abundaron los maestros de cualquier cosa, pululan las recetas para subir las defensas, yoga para las mascotas, cursos de inglés para ser engañados en dos lenguas y una insistente invitación a quedarse en casa, pero sin dejar de consumir: Ordena ya este carro, esos zapatos, estas gafas, este adminículo que tiene mil usos, comprar por comprar y lo básico, nuestros alimentos, se los estamos encargando a un mensajero que no tiene la más remota idea de escoger una fruta, seleccionar los tomates y menos el arte de regatear un precio. 

Por un momento reinó el silencio, las avenidas populosas se prestaron para las cámaras que hicieron tomas postapocalípticas, sin que Hollywood desembolsara un peso para detener el tránsito, los ricos se escondieron en las suites de sus rascacielos, los acomodados en sus fincas y los pobres en sus ranchitos, eso sí con cerros de papel higiénico porque no hay pantalón que contenga el exceso de miedo. Los centros comerciales cerraron sus puertas, evoqué “La caverna” de Saramago y sus palabras al respecto: “la caverna la escribí para que las personas salgan de la caverna”. De repente la vida social no ocurrió en los pasadizos laberínticos de estos lugares, en los que cada que buscas la salida te encuentras con otra tienda, lugares en los que te cobran para que puedas comprar, fundados sobre subterráneos en los que se amontonan vehículos que sus torpes dueños suelen gastar horas intentando ubicar para regresar a sus casas, los centros comerciales despojaron el sagrado ritual de alimentarse, con el despropósito de las comidas rápidas, llegó a tal punto su banalización, que hasta la misa de los católicos celebraban en sus pasarelas de moda. Estas cavernas cerraron sus fauces y dejaron de deglutir a los humanos como sabe dar cuenta un niño de un helado de chocolate, cerraron sus puertas y de repente la vida fue mejor.


Las universidades también cerraron, la educación dejó de ocurrir en sus edificios, en sus bulliciosas zonas de estudio, en sus parqueaderos (algunos más suntuosos que sus aulas de clase), el espíritu investigativo abandonó sus bulevares plagados de humo de cigarrillo, puntos de café y otras misceláneas, sus porterías con hombres armados escudriñando las mochilas de los estudiantes como si fueran delincuentes, bajaron sus rejas dejándoles en libertad, por fin salían de la edad media, ya no se volvía al presidio para poder ser educado. Los profesores dieron sus clases en calzoncillos y sin bañarse, y los estudiantes se quedaron en sus camas alternando sus lecciones con bulliciosos actos sexuales online, dormidos o viendo a la par una serie de televisión. 

Cundió además por primera vez, la idea de que el campus universitario sobraba si se podía estudiar desde casa y que, si no había que pagar por un pupitre, pues el costo de la educación era excesivo. Para llegar a esta conclusión antes se hacían marchas de protesta, ahora esta epifanía se manifestaba en un coro de susurros y de memes que a las directivas de las instituciones empezó a ofender por lo sutil de su armonía, como respuesta pusieron sus carreras en promoción como las rebajas de “La feria del brasier y solo KuKos” pague una y le enseñamos media, despidieron a cientos de profesores y encargaron a unos cuantos de vigilar las plataformas, donde yacen ahora en cursos virtuales los conocimientos y experiencias vitales que lograron exprimir de la memoria de los docentes caídos. 

Los templos cerraron sus puertas obligando al hombre a enfrentarse con su divinidad interna, los mediadores entre Dios y los mortales se quedaron callados, las bibliotecas vacías, los intelectuales se entregaron al llanto y a la oración, los militares apoderados del planeta aprovecharon para tener el control absoluto de todas aquellas libertades, que al hombre se le estaban devolviendo con la venida abajo de sus monumentos. Estaba convencido que de estas ruinas simbólicas se alzaría un nuevo hombre, triunfante, con la autonomía suficiente para emprender la construcción de su propia forma de relacionarse con el mundo, capaz de gestionar su economía sin tener que venderse, un profesor dueño de su saber sin escalafón que indique cuánto vale su conocimiento, un médico que sane, no que recete, un cura que salve no que crucifique, una mujer conectada con la divinidad de ser dadora y formadora de vidas y si no era mucho pedir, que el vendedor de aguacates te entregue en la bolsa los que compraste no los que lleva estripados y asoleados. 

Siempre tuve la sospecha de que algún día todo lo que dañaba al hombre se vendría abajo, pero esta ilusión no duró mucho, en cuanto empezamos a dar muestras de lucidez los dirigentes del mundo cerraron filas, desde el alcalde de mi triste pueblo hasta el jefe de la nación más poderosa de la tierra se las han arreglado para erigir un nuevo templo que albergue la oscuridad de todos los hombres, el miedo. Y aquí vamos una vez mas de compras con los bolsillos rotos, embadurnados de alcohol ocultando la vergüenza detrás de un inútil antifaz, santurrones, bobalicones y héroes pretendiendo esquivar a la muerte, negándonos la vida. 


¡Abran las universidades, Catedrales y centros comerciales que no aprendimos nada! 


Carlos Andrés Restrepo Espinosa

miércoles, 26 de agosto de 2020

LOS ETERNOS

Cuando supo de su sentencia de muerte Sócrates no manifestó temor alguno, para él la muerte era una liberación, el encuentro definitivo de su alma con las ideas. ¿Por qué le tememos a la muerte si nos han allanado el camino la filosofía, la religión, la ciencia y el arte para tener una mirada más comprensiva de este suceso tan natural como la vida misma? Una pista puede ser, que estamos desconectados de la existencia, en algún momento de nuestro devenir se apagó el interruptor y una ruptura en la narrativa nos puso en otra frecuencia, da la impresión de que se ha evolucionado, pero está mal, el hombre se sigue arrastrando en sus hábitos de ofidio a la espera de “la oportunidad”, aquí todavía hay gente que habla de progreso y se les hincha el cuello defendiendo la idea como si eso fuera mucha cosa, desconectados de la historia, inventan cuentos.

 A la eternidad la vemos como un asunto de lo infinito, algo que se extiende en el tiempo, que excede los límites de lo que tenemos por natural, los mortales dada la incapacidad de entender el universo rezan, leen, pintan, danzan, engañan y hasta matan en procura del control de la vida. La inmortalidad, la existencia fuera del tiempo, niega la mortalidad que es vivir dentro del tiempo, cotidianamente vivimos medidos, a veces no alcanza el tiempo para un saludo, para una llamada, para hacer esa lectura postergada cada tanto con el mismo pretexto - ¡No tengo tiempo! -, y sin embargo hay circunstancias en que las horas son eternas, los días interminables y los sufrimientos de nunca acabar, vivimos en la paradoja, en medio de la mortalidad tenemos visos de lo eterno y no lo soportamos, se nos presenta tan agobiante como una noche de insomnio; lo bueno de ser hombres es que tarde o temprano el tiempo se acaba y el Eón nos abandona para seguir su existencia sin nosotros. 

Llenamos la vida de inmortalidad porque sabemos que seremos breves, como en la parábola de los talentos cada uno elige que hacer con su vida si la oculta debajo de una piedra o la honra enalteciéndola, de tal manera que mientras la vive pierde la noción del tiempo y vive por el puro gozo de vivir. 

Soy de un pueblo en el que se podía experimentar la inmortalidad, recuerdo muy bien que cuando era niño, la enfermedad era una rareza y un muerto una novedad, se respiraba un aire sano, era un lugar sereno, propicio a una imagen de estampa, bastante inspirador a tal punto que brotaban poetas en sus calles como dientes de león en las praderas. ¿Cómo no querer vivir para siempre en tan espléndido territorio donde las almas de sus habitantes felices se pasean? ¿Cómo no permanecer en tan augusta comarca? Allí, se podían dar el lujo de contradecir al filósofo ¿Para qué morir para encontrar el universo de las ideas si aquí triunfan en las aulas de sus claustros, donde se prepara a los hombres para que piensen en libertad? 

Nuestros padres y los padres de sus padres vivieron y permanecieron aquí, llegaron a la edad adulta y siguieron viviendo cual si fueran infantes, caminando por las calles adoquinadas, madrugando a misa, poblando las cafeterías que hay tantas como templos, si “veinte años son nada”, aquí las personas adultas se han dado el lujo de vivir hasta una quinta juventud, esa era una de las maravillas de mi pueblo, ayer como un giro más de la historia, partió Miss Suárez a punto de cumplir ciento ocho años y me recordó que un día aquí fuimos eternos. 

 Mi contacto con ella se limitó al saludo ocasional, el recuerdo que tengo es el de una mujer de postura delicada, voz dulce, palabras amables que gozaban de un derroche de clase que nunca desbordó en arrogancia, una dama. No alcancé a ser su alumno, pero los que lo fueron se encargaron de hacer de ella un mito, pocos profesores logran eso, además de haber enseñado inglés a varias generaciones; fue una mujer de libre pensamiento, curiosa y viajera, un referente de la mujer moderna en tiempos en que no se hablaba de eso, se dice que fue la primera del pueblo en salir del país, la primera en ponerse “slacks”, la primera en tener un carro y conducirlo por las calles de un pueblo diseñado para el tránsito de mulas, la primera mujer en hablar dos lenguas, la única merecedora de ser para siempre “Miss”, y si exagero, lo hago porque su memoria mítica lo merece. Tuvimos en Jericó en la persona de Elvira Suárez a una mujer de la talla de María Cano, Frida Kahlo y Débora Arango, su revolución consistió en inspirar e incitar a sus alumnos a ir más allá de las aulas, no solo enseñaba inglés, desde su clase abría una ventana para que sus alumnos contemplaran el mundo que les aguardaba más allá de su futuro rosado. 

Miss Suárez fue una de las últimas personas que tuvo el privilegio de enaltecer su eternidad y de ganar un lugar en la reminiscencia, nos inspiró al vuelo y también a amar nuestro pueblo ¡Salve Regia mujer!, en ti alabo a las pocas que nos quedan. Los tiempos que corren son inciertos, volvimos a temerle a la muerte, porque nos volvieron pesada la vida, aquí ya no hay un infinito vuelo de los días, ni ganas de volar, los capadores de cometas acechan, se experimenta la agonía, se mueven unos poderes extraños, urde una actitud deletérea en la idea. Yo no tengo conocimiento de nada, solo el peso insoportable que la mortalidad me está devolviendo, me siento arrojado del paraíso, aquello que tanto amé ya no es mío, la inmortalidad nos abandona, la depresión y la tristeza cobran vida, vidas de personas buenas con todo por hacer, ya no moriremos de viejos, ni libres, ni felices, ni con progreso, ni con brillo en las ideas, solo moriremos. 

Carlos Andrés Restrepo Espinosa

viernes, 7 de agosto de 2020

CARTA ABIERTA A JIM CROCE

Apreciado Jim Te sorprenderás al recibir esta carta de un completo desconocido y más me sorprenderé yo de que la recibas, pues sé de sobra que tu muerte ocurrió justo un año antes de que yo naciera, que la recibas es un hecho que difícilmente pueda ocurrir, sin embargo estoy procediendo con la firme intención de que este mensaje que arrojo de igual manera en una botella, se las arregle y viaje en el tiempo y alcances a leerlo antes del año 1973.

En primera instancia quiero agradecerle por su música, sus letras, sus fascinantes arreglos y por su destellante voz que va y viene entre el folk más vernáculo y la cercanía del pop de los nuevos tiempos que pronto se hicieron viejos. Dicho esto voy a referirme a su canción "tiempo en una botella", motivo central de esta carta. En ella hace usted una súplica bastante menesterosa al tiempo implacable que nos lleva en su cauce, usted pide que se detenga por un momento, su objetivo es volver al pasado, aparece aquí esa fluctuante paradoja temporal que ha cuestionado al hombre y que ni la ciencia con su dioses han podido resolver, el tiempo en el momento en que está siendo, ya no lo es, ¿Para qué detenerlo?

Al final de la primera estrofa expresa que el motivo para que todo se congele es volver a ver a una mujer, le pregunto si no tuvo usted consideración con el resto de las personas ¿valdría la pena paralizar el bello instante de un hombre cualquiera, frente a su propio destino, sólo porque a usted le dio el capricho de repetir un adiós? ¿Que hombre por malo que haya sido merece perder dos veces el mismo amor? ¿Que experiencia del pasado por hermosa que haya sido tiene el poder de destruirnos el encanto del olvido? No mi estimado Jim, no quiera regresar, no valdría la pena, al regresar sobre cada uno de esos días que hicieron el ayer, lo único que podrías constatar es que rondaba el cansancio, aunque enfrentar de nuevo el hastío podria permitirte reconocer que en ese dolor se estaba forjando el hombre libre que serias después, convencido del amor propio, un amante dueño del abismo del hoy.

Una botella sólo es útil mientras está llena, una botella vacía estorba y si pretendemos en ella guardar un mensaje, sería menester hace parte de un naufragio, en este caso sospecho la botella esta llena y en cada sorbo que se lleva a la boca, la botella en sí misma va perdiendo información. No quiero ser antipático con usted, sólo quiero hacer un ejercicio de honestidad, por muchos años escuché su canción y me dejé llevar por los arpegios y la cadencia de su voz, hasta la versión que hizo un Guatemalteco que todos odian y a la vez cantan, me agradó, pero ahora creo que ni pasado, ni botella son lugares comunes admisibles, todo se encuentra en el presente, cerrarse a ello nos vuelve necios y si bien las canciones de pérdida amorosa siempre serán quimeras, ideas erradas de la percepción, afrontar el presente es lo único que nos queda.

Así es que abandone el pasado, tal vez justo ahí donde las sombras del miedo hacen de su tarde agonía, este sentada a la espera una nueva esperanza con su sonrisa y su frescura intacta invitando a recorrer el mundo. En cuanto a la botella; una recomendación, al terminar su contenido, quiebrela, haga de ella añicos, así no habrán compuertas que le hagan creer que lo mejor estuvo en los días de ayer. Agradezco su atención y le deseo desde el futuro un buen y lúcido presente, lleno de canciones y finos sorbos de vida.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa.

Escuche las dos versiones de tiempo en una botella en:

 https://www.youtube.com/watch?v=st30bv_wNvA

 https://www.youtube.com/watch?v=iRUz-Mslj0s

CATÁLOGO INCOMPLETO DE PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

  Inventario de sonidos que nunca existieron, pero que alguna vez escuchamos.  Este es un inventario de sonidos que nunca existieron. Por e...