viernes, 10 de junio de 2022

EL ILUSTRE VISITANTE

Al dar vuelta en la esquina de las callejas iniciaron el ascenso hacia el sector de San Francisco. 

En la casa de Antonio Espinosa esperaban con ansiedad, Otilia la menor del primer matrimonio de esta numerosa familia, asomó por la ventana “chiquita” de la pieza de los muchachos, su cabeza, para divisar cuando la visita viniera y así dar aviso al resto de la familia que revoloteaba por la casa ultimando detalles, en una algazara que jamás se había visto.

Primero apareció el sombrero, luego la nariz, lentamente la corbata de flores apretando un cuello robusto y rubicundo de gamonal político, y al lado su primo de Jericó honesto y no tan humilde, pero si trabajador, también engalanado con un elegante traje estilo sastre azul rey, los dos iban apareciendo en escena como si un ascensor los estuviera transportando hasta aparecer completos en el andén, a la altura de la casa de los hijos del padre Cardona.

Cuando las dos figuras se materializaron por completo ante los ojos de la pequeña, esta entró a la casa gritando: ahí vienen, ahí vienen. Y luego se dispuso en la formación junto al resto de la familia.

La calle ofrecía un particular aroma dulce, mezcla de azúcar, vainilla y coco quemado que manaba de la casa de las macanas donde justo a esa hora preparaban los gauchos y colaciones para vender el domingo en la plaza. 

En la casa, se abrió la puerta principal que daba a la carrera tercera, solo se hacía cuando había un acto especial, de ordinario se usaba la puerta lateral, la que daba a la calle novena en dirección a la iglesia de la “pollita”, la casa contaba con tres accesos a saber, la puerta principal, la puerta del medio y el portón, por el portón entraban las mulas, por tanto este regio personaje no podría ser digno de atravesar este lugar, la puerta del medio era para las visitas comunes y domésticas,  así que el honorable representante del estado, ministro de fomento y único primo reconocido de Antonio, entró por la puerta principal en cuyo dintel colgaron guirnaldas, flores y serpentinas.

En los jardines del frontispicio las azucenas coqueteaban con los novios y el amarillo de las siemprevivas les hacía ver como el dibujo de una casita de las que había en la cartilla de coquito.  La luz entraba muy campante por la puerta principal llenando la sala de un resplandor tal, que le daba al viejo mobiliario un aspecto renovado y fino y las colchas y gobelinos traídos por los turcos, daban un aspecto de elegancia y distinción que en la Casa de Nariño se quisieran.  

La familia esperaba engalanada, Alicia su segunda esposa lucía un elegante vestido de muselina comprado en el almacén de los Ojalvo y los dieciséis hijos de los dos matrimonios del anfitrión, dispuestos en orden de mayor a menor (no por edad, si por estatura, porque la armonía estética se había fijado en todos los detalles para aquella visita), lucían también sus trajes de gala confeccionados por los mejores sastres y modistas del pueblo con telas turcas encargadas para la ocasión. 

En cuanto puso el pie en la sala de la casa, la familia dio un fuerte aplauso al visitante, este les lanzó una mirada condescendiente y le ofreció a cada uno un protocolario apretón de manos, pero su interés se centró en el cuadro de Doloritas Espinosa, la abuela de Antonio, que entronizada en la pared central de la sala parecía mirar con desconfianza al invitado de honor.

La visita fue breve, no pasó de la sala, no recibió el almuerzo que se le había preparado con las mejores gallinas traídas de “La Amapola” una de las fincas de Antonio, solo recibió un tinto hecho con café requeme, el que dejó a la mitad y se despidió alegando afán en su agenda y llevándose bajo el brazo, en una cálida modalidad de secuestro, el cuadro de la abuela Doloritas.

De la visita quedaron algunos recuerdos. Otilia la menor, cuenta que José Espinosa (del mismo apellido, pero de otra familia y a quien los tíos le pusieron el remoquete de “Culepito”), el esposo de su hermana Fabiola fue el único beneficiado de esta visita, días después fue colocado en Almadelco S. A en Medellín, dónde inició su vida como empleado público dejando atrás el campo y los menesteres de ordeño, siembra, cosecha y pelea con gansos, perros y gallos.

El Ministerio de fomento  fue creado en 1951 por el presidente Laureano Gómez Castro tras disolver el  Ministerio de Comercio e Industria y el Ministerio de Minas y Petróleos, para reemplazarlos por el nuevo Ministerio, y fue disuelto en 1968, siendo reemplazado por el Ministerio de Desarrollo Económico.  Aníbal Vallejo Álvarez estuvo en el cargo entre el 23 de abril de 1963 y el 17 de diciembre de 1964, durante el Gobierno de Guillermo León Valencia.

Aníbal Vallejo era el único primo reconocido del abuelo Antonio o por lo menos el insuperable del que siempre hablaba, pese a que posiblemente otros de menor raigambre existieran, pero el pelambre no les daba para una recordación tan importante.  

Los otros parientes del abuelo eran simples campesinos que trabajaban a diario para construir una vida, mientras que el primo Vallejo ya había hecho lo posible para que fuera el país el que se encargará de hacerlo por él, cuentan que también tuvo unos hijos bastante reconocidos, algunos de importancia internacional, de los cuales no haré mención en estas líneas para no incurrir en agravios, no vaya y se den cuenta que tienen en la vereda estrella vieja una parentela de campesinos que de puro desmemoriados saben recordar.

Además, para mi sigue siendo un misterio como se pueden ser primos dos personas que se apellidan Espinosa Meza con Vallejo Álvarez, misterios tiene la iglesia, aunque explica un poco la vergüenza de los hijos naturales y esos intríngulis familiares que hacen parientes a Tangarifes y Bedoyas, tanto como a Giraldos y Restrepos (por usar cualquier apellido) así se nieguen el parentesco, la sangre va por dentro.

Estas letras no gozan de la suculenta distinción de la gramática del Caro y Cuervo, pero son mi riesgo personal de dejar constancia de las conversaciones que se tienen en la familia y sobre todo una forma de homenaje a Otilia, mi mamá, y a la tía Fabiola, quienes tienen la costumbre de hallar parientes por doquier.  Fabiola hija del primer matrimonio, nunca tuvo hermanos medios todos eran enteros, porque su corazón era tan grande que abarcaba más allá de un apellido o de una estirpe o de una morrocota de oro, tenía un corazón inmenso de esos que ya en las literaturas colombianas no se hayan, la tía en toda conversación buscaba los vericuetos y enlaces posibles hasta dar con la parentela, para ella todos en Jericó éramos de la misma familia.

El abuelo Antonio, el primo Aníbal, Alicia, la tía Fabiola, los presidentes Laureano y Guillermo murieron, de esta narrativa quedamos Otilia y yo que también vamos a morir. Que alivio.  ¿Se imaginan la responsabilidad de seguir buscando parientes por todas partes, sobre todo en un pueblo donde ya no quedan desmemoriados con recuerdos, sino memoriosos con ínfulas de historiadores?

Con el sombrero en la mano y el cuadro bajo el brazo, el primo Aníbal deshizo los pasos, el abuelo lo acompañó. En la casa quedó la familia en “grima”, sin los ropajes de ocasión se fueron todos al comedor a dar cuenta del suculento sudado que dio hasta para convidar a los vecinos, cerraron la puerta principal, la penumbra volvió a habitar la sala, en la pared quedó un clavo solitario y un recuadro marcado por el polvo y las telarañas recordando la ausencia definitiva de la abuela, nunca mas en su muerte se le volvió a ver.

La calle ya no tenía el olor dulce de momentos anteriores, ahora olía a orín de mulas y cagajón, los dos primos se fueron desvaneciendo en la distancia, no ante los ojos de la pequeña que antes asomaba su cabeza por una diminuta ventana, sino ante los ojos de su hijo, que el tiempo inventaría para que narrara este suceso.


Carlos Andrés Restrepo Espinosa.


 

domingo, 5 de junio de 2022

MAYO




El día en que yo nací oficialmente es el 13 de mayo, el mismo en que la virgen bajó de los cielos a Cova de Iría, ave, ave, ave maría...

En mayo también se celebra el día de la madre, la fecha es un tanto irregular porque en los pueblos se cambia de acuerdo con las necesidades de desplazamiento de los hijos que viven en otras ciudades o porque al dueño de la fiesta no le da la agenda, porque suelen haber otras cosas más importantes que hacer.  Según el calendario de días internacionales es el 1 de mayo, día en que también se celebra el día internacional del trabajo, supongo que está asociado al día de las madres, (el trabajo que los hijos le dan a sus madres) y ese mismo día se celebra el día mundial del amor y para que nos muramos de la risa, también se celebra el día mundial de la risa.

Pero volvamos al día en que nací yo, que planeta reinaría, por donde quiera que voy, que mala estrella me guía... Canta imperio Argentina, esa canción la escuchaba de niño, estaba en uno de los casetes preferidos de mi papá, él ha tenido un excelente gusto musical, ahora no hay mucho de donde escoger, por eso sus casetes y acetatos cada vez son más valiosos y cuando escribo, esas canciones me inspiran, muchas de las cosas que sé también las aprendí en los discos, en eso me parezco a Laura Canoura.

Digo que el día en que nacimos es el más importante de todos y que celebrarlo es honrar a nuestras madres, no se necesita de un día especial, esa fiesta es cotidiana, yo tengo un vínculo muy profundo con mi madre y en cada paso, canción o narrativa que me define como sujeto, ella está presente porque en ella confluye de manera concreta y al mismo tiempo simbólica, el gran misterio de la vida, ella es mujer, maga, agua, tierra, alimento, compañía, seguridad, sosiego, una madre es albergue, regocijo, bondad, sanadora. Punto de llegada.

Por eso en nuestra cultura la virgen es tan importante porque de manera sincrética se venera en ella a nuestra madre, a la tierra y a la muerte. Ese es el gran misterio de la Guadalupana que es la versión contemporánea de Tonantzin diosa de la salud, señora de la maternidad y de las hierbas medicinales y por aquí me escabullo para mencionar otra fiesta que ocurre en mayo y es el día de la enfermera, no del enfermero (aunque dicen que los hay, pero no se les festeja, no se preocupen yo los incluyo en el día en que nací yo) también  se celebra el día del maestro@ y el día de la contraseña, el día del lupus, el día del patrimonio africano, el día de las abejas, el de las aves migratorias, para más referencias los invito a que consulten en internet, quien a propósito también tiene su día el 17 de mayo.

Este es un mes cargado de muchas celebraciones y misterios, todavía le tengo pánico a la borrasca de la santa cruz a pesar de que por asuntos intelectuales pasé del fervor al folclor, me inquieta más el desajuste de la madre tierra que la ferocidad de un madero santo, sagrada es la montaña, sagrada el agua, sagrado el bosque donde la “Madremonte” arrulla a sus hijos con cantos cristalinos, líquenes, musgos y espumas de luz entre sus frondas.

Mayo es mi mes y lo amo como a mi madre y al amarlos honro la tierra que me abriga, me honro y celebro que cada nuevo día sea un motivo de gratitud de la vida y una oportunidad para cambiar la mala estrella que nos guía, viviendo en coherencia.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa



miércoles, 25 de mayo de 2022

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS

Al principio fueron las palabras. Las mismas que crearon el mundo. Las que contaron sobre sus miserias y grandezas. Las del navegante, las del guerrero, las del sacerdote, las del arúspice, las del pirata, las del verdugo, las del aedo, las de todos… las palabras, las que siguen siendo una muestra de la inteligencia y la imaginación. Las invencibles. Las eternas.

Reinaldo Spitaletta.

 

Por puro antojo de palabroso que soy o me nombro, me aventuro en esta columna, corriendo el riesgo de redundar, pues el que con las palabras se mete entra en el bucle del palabrero donde todo es lo mismo, aunque se presente revelador, quizás novedoso, siempre se tendrá la sensación de haberlo leído, de haberlo vivido, como esa sensación que los franceses decidieron llamar: “déjà vu” y que se pronuncia (deyaví) porque algunas palabras tienen esa curiosa potestad, no se nombran como se escriben, pero se meten en todas las hablas con su brillo tan campante y olvidamos su origen aunque las usemos como si fueran propias: chofer, carriel, sticker, voucher, yogurt…

El epígrafe que uso, lo resume, lo tomé prestado de una entrada del blog de Reinaldo Spitaletta, pensé usar la expresión lo robé del blog, pero opté por el eufemismo de tomar prestado, yo no chicaneo con los amigos, pero a los escritores no se les roba, su columna me inspiró y a él el crédito, el honor y la gloria.

Las palabras propias, impuestas, advenedizas o robadas nos definen, ¿dime con quien hablas? y te diré que sabes, ¿dime que lees? Y te diré quien eres.  Asistimos a un tiempo de caída en picada de las palabras por el desbarrancadero del ostracismo, pierden su uso siendo reemplazadas por caritas amarillas que aparecen haciendo guiños en medio de las conversaciones que ahora se llaman chats, estas caritas se comieron las palabras, en su redondez amarilla (algunas son inclusivas y vienen desde el amarillo en un misterioso desvanecimiento, que pasa por el blanco hueso hasta llegar a un rojo que parece negro), ya no expresamos la alegría con palabras, sino con caritas felices, el deseo con una berenjena y el bienestar con un pulgar enhiesto.

También las palabras son cercenadas, mutiladas sus partes, yuxtapuestas, ignoradas o travestidas, por ahí se les puede ver clamando por ayuda: “bn” (en lugar de bien), “espadadrapo” (en lugar de esparadrapo), apacharrado (en lugar de achaparrado), X2 (en lugar de decir: también me pasa a mi o estoy de acuerdo) 4U (para ti) bss (para besos) xoxo (besos y abrazos). Cierto es que la llamada vida moderna y la tecnología han impuesto sus reglas de juego y con ellas el afán, parece que ya las palabras no merecen el tiempo justo para ser escuchadas, mucho menos para ser escritas con la altura y la anchura, la textura y el espesor que cada una contiene, consumimos palabras sin tuétano.

La poeta estadounidense Muriel Rukeyser, fue quien dijo que el universo estaba hecho de historias, no de átomos, Filón de Alejandría preconizó mucho antes que: “Las palabras crean las cosas” y aquí muy cercano a nosotros, el poeta Tamesíno, Everardo Rendón Colorado, descubrió que su profesora Gilma tenía la boca llena de vocales y de allí saltó como una gotita, su primera “a” de asombro. Las palabras como cosas, las historias como universos, en resumen, definen lo que somos.

En esta edición número cien del periódico el petroglifo viene bien la reflexión, ¿cuántas palabras han surcado estas páginas?, ¿cuáles son nuestras historias?, ¿cuáles las palabras que dan sentido a nuestras vidas?, ¿cuáles las narrativas que ordenan nuestra cotidianidad?, ¿cuál el legado que estamos dejando?, ¿quién pronunciará nuestro nombre cuando ya no estemos, contará o cantará la hazaña de nuestras vidas?, ¿dónde se esconde el juglar, el trovador de nuestros tiempos?...

¿Quién le devolverá el tuétano a las palabras para que nuestra memoria no pierda la sustancia de todo eso que fuimos, somos y esperamos en nombre de las palabras no dejar de ser?

 Carlos Andrés Restrepo Espinosa


Columna Publicada en la edición numero 100 del Periodico Reginal el Petroglifo del Municipio de Tamesis Antioquia. Abril del 2022


 

viernes, 20 de mayo de 2022

RECORDERIS

Soy de buenos modos, costumbres y maneras, soy intenso en ser coherente y cierto es que me contradigo, pero me enmiendo.

Soy tierno por dentro y fiero por fuera, soy un grupetto de semicorcheas corriendo alegres, soy la toma de aire en un décimo compás, soy un cambio repentino de métrica, se que en alguna parte del mundo alguien me entiende, soy un incomprendido por zonas, mis tristezas son un asunto geográfico.

Soy el que cumple años en mayo y celebra tres días, soy el que regala tiempo que es su mayor valía, soy un coleccionista de miradas, el que escribe para los que no leen, un apasionado en el amor, generoso en el placer y experto en la soledad y otros remedios.

Soy el que canta, viste y calza...

Soy Andrés Restrepo y no me quejo.

viernes, 6 de mayo de 2022

DULCES SUEÑOS


 

¡Cómo te parece que aquella se está acostando con aquél!, -la hija de Virgelina ha dormido con muchos hombres-, -El que con niños se acuesta…amanece mojado-. ¡Que sueñes con los angelitos!

 

Inicio con esas frases para introducir un tema que por puro divertimento tuve hace poco con una amiga que solía confiar en mí sus sueños y que, por supuesto yo le confié los míos.  Los homos sapiens, cambiamos el estado de alerta por la confianza, y el refrán de seguro mato a confiado, ya no sirve de mucho, porque suele aparecer cuando ya no se usa, como regalarle a un calvo un champú para la caída del cabello.

Después del amor, se giró sobre su costado derecho y acercó su cuerpo al mío, encajó perfecto y como si faltara un último ajuste resbaló su pantorrilla y con su pie de hobbit buscó contacto con el mío quedando como los de un crucificado.

Mi respiración queda pegada a su cuello y su cabello fastidia de manera grata en mi frente, suele pasar en estos estados que la incomodidad es todo un placer.

 Toma mi mano y me arrastra a un abrazo protector, el antebrazo descansa en su torso y la mano va a reposar justo sobre su pecho cálido y siento el tambor de su corazón ascendiendo y descendiendo, con voz melosa me dice: “Dulces sueños” y se entrega en la confianza absoluta, dejando a mi merced su frágil humanidad.

 No pegué el ojo, me quedé pensando en la responsabilidad que estaba teniendo en ese momento, era yo el guardián del sueño de aquella mujer que se alojaba en cucharita entre el cuenco de mi cuerpo y la vaporosa configuración de alma que me he inventado para sentirme bueno.

 La forma de dormir de las nutrias de mar es, quizás, una de las más bonitas del reino animal. Cuando se van a dormir, los ejemplares de esta especie suelen darse la mano para que mientras duerman no se separen de su compañero y así no amanecer solos. Allí estaba yo como una nutria, pero despierto, pensando en asuntos románticos y evolutivos… evoco a Mario Benedetti, en mi caso los grandes temas se quedan despiertos conmigo mientras ella duerme el sueño que mis temas y yo, no.

Le entregamos la fragilidad al otro al cerrar los ojos en la confianza de que no nos va a devorar mientras estemos dormidos, es la expresión más honesta de amor, ¿cuántas veces hemos deshonrado semejante ritual, entregando nuestro sueño a las hienas o a cualquier ave de rapiña, que sin dudarlo aprovecharía para clavar sus zarpas en la yugular de nuestra existencia?

Las jirafas no alcanzan un sueño profundo mientras duermen. Debido a su gran tamaño y lentitud, suelen dormir tres horas, despertándose varias veces a lo largo de la noche por una cuestión de supervivencia.

El insomnio podría ser cuestión de conservación, algún rezago evolutivo que de repente se activa, pero como ya dormimos en el confort de una habitación y no en la sabana africana, esa energía contenida para escapar se queda confinada en vueltas insustanciales en la cama en procura de que el sueño regrese.

Empiezo a sentir calambre en mi brazo, lentamente lo deslizo a fin de no despertar a mi amiga y me giro y como si fuera una rutina memorizada por los cuerpos, ella me sigue y ahora soy yo quien queda acurrucado bajo su mediano abrazo protector (la abarcadura de sus brazos no cubre la totalidad de mi humanidad).  En aquella posición, cierro los ojos, respiro y me entrego a mis dulces sueños.

Y allí estamos los dos en ese al que decido llamar: “un gran salto de la civilización”, o “una gran estupidez del amor”, los dos dormidos, confiados uno en el otro, sin guardia, sin insomnio, sin contar ovejas, sin sombras moviéndose entre los arbustos, sin jerarquías, sin purezas, habitando la indefensión con un estoicismo tal que dan ganas de aplaudir a la especie humana, pero estamos demasiado dormidos para hacerlo, juntos soñamos que al despertar estaremos ahí para darnos los buenos días.

Dulces sueños nos permiten la buena voluntad del otro, su tranquilidad, su dulzura, su honestidad, dulces sueños porque somos los descendientes de una Lucy en el cielo con diamantes, dulces sueños porque confiamos en que al despertar sigamos siendo civilizados y estemos todavía vivos, entrecruzados en el genuino deseo, con las piernas anudadas, húmedos, ardorosos y baldíos, unciosos y augurales como profetizó el insomne Porfirio, pero sobre todo vivos.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa


CODA

Soñar con los angelitos, es una expresión mexicana y hace referencia a «Los Angelitos», sanguinarios hijos del temido Ángel Guajardo que sembraban el terror en la zona de Chinameca. Por aquel entonces «que sueñes con Los Angelitos» era una de las amenazas más crueles que se podían hacer a una persona, y normalmente el amenazado recibía pocos días después la funesta visita de «Los Angelitos», de los que ni siquiera se ha conservado su verdadero nombre. Sólo después de la revolución encabezada por Pancho Villa, en la que «Los Angelitos» fueron linchados por el pueblo, la expresión comenzó a utilizarse como signo de victoria y como sinónimo de «dulces sueños»: «que sueñes con Los Angelitos (que ahora están muertos)». Del blog Emitologías.

 

 


martes, 12 de abril de 2022

OSTINATO


 

Los finales son difíciles, pero la verdad es que nada termina, la vida es un continuo retorno, nos repetimos y eso no tiene nada de malo; en efecto, repetirnos es lo que da sentido a las narrativas de lo cotidiano.

 La música sería imposible sin la repetición de pequeñas células rítmicas y melódicas, si no fuera por los sonotipos, no tendríamos como relacionar una música con un género o un estilo y si el músico no repite a diario digitaciones, escalas y fraseos, no alcanzaría el nivel de virtuosismo que le permite interpretar la magistral obra que ya otros han repetido hasta el paroxismo.

Nos repetimos constantemente en los rituales que diseñamos para ordenar los asuntos cotidianos y triunfar de las pequeñas miserias que nos hacen creer que vivir una rutina es algo indebido; cuando lo único que tenemos es la honestidad de repetirnos, la consecuente manera de ser cada nuevo día los mismos.

Los finales suelen venir siempre con incertidumbre, con sensación de pérdida o de dolor, dejando una gran frustración, no sirve de nada prepararnos para el fin, como tampoco sirve de nada saber que todo final es un comienzo.

Los principios suelen ser más fáciles, tanto que ni los advertimos, para darnos cuenta de ellos debemos mirar atrás, en presente no es fácil detectarlos, una mirada, una sonrisa, en ocasiones un disgusto o un acontecimiento trivial pueden ser el detonante, pero no sabemos que esos gestos o actos están siendo el comienzo de algo.


Comienzo y final son las márgenes, enmarcamos en sus extremos la infinidad de aristas del suceder, ¿qué te sucede? preguntamos al otro cuando le vemos con cara de acontecimiento, suceder y acontecimiento juntos para resolver la inquietud del estado de ánimo del otro, pero en realidad no estamos interesados en su suceder, ni en su acontecimiento, sino en el motivo de su desdicha, en su emocionalidad, en su padecer más que en su suceder.
 

Entre comienzo y final acontece que estamos solos, -al final quedó sólo- dicen de aquél hombre viejo que se pasa los días sentado en el café de la esquina, siempre estuvo sólo aun cuando vivía junto a su familia, podría decirse que estaba más desolado cuando estaba acompañado que ahora que por fin es dueño de su solitud; cambio aquí la expresión porque no es lo mismo la soledad que la solitud o por lo menos eso me enseñó mi amiga Matilde; quien descubrió danzando la diferencia entre estas dos ideas en uno de sus tantos viajes al ashram de Osho en la india.  Solo quien es capaz de vivir con su solitud podrá ser buena compañía.

-Hasta otro día-, me dijo una indígena al bajarse del bus al final de un viaje entre Ambato y Cuenca en Ecuador, -hasta otro día- le respondí consciente de que no habría otro día, pero con la certidumbre de que su forma de despedirse era un conjuro para afirmar la idea de que seguiríamos existiendo a pesar de dejar de vernos.


Un caso similar pasa con los italianos que al despedirse utilizan la expresión ci sentiamo, que en un sentido literal sería: nos sentimos, y al traducirla al español se transforma en: seguimos hablando.  Después de la despedida que ocurre al final de un encuentro y antes de dejarse de ver, también lanzan un sortilegio que les permite en la ausencia física pasar al plano del sentimiento, no nos veremos, pero nos seguiremos sintiendo.

En mí pueblo, al despedirnos nos décimos: -nos seguimos viendo-, eso sí qué es vencer el final, pues al abandonar la presencia con el otro abrimos un portal mágico para seguirnos viendo con los ojos del recuerdo, de la evocación.

Comenzar es sencillo, todos los días estamos en eso, al cerrar los ojos en la noche ocurre un reseteo de cuerpo y alma, no nos damos cuenta de esa muerte; un acto generoso de la naturaleza nos da ése olvido, dicen que los ángeles envidian esa gran posibilidad  de los mortales.

Los finales son más complicados porque nos conectan conscientemente con la muerte, por eso albergamos la azarosa esperanza de otro día, nos seguimos hablando, nos seguimos sintiendo, nos seguimos viendo.  

En medio de estas premisas estamos llegando a nuestro final, al cierre, los planes de vida llegan a una conclusión que para muchos es afortunada y para otros, puede ser paupérrima.  

 Todo esto puede ser un simple error de percepción, porque, en medio de tanto afán, no advertimos que nada termina, que nada empieza, que vivir es una continua sensación que apenas si entendemos.

 

CARLOS ANDRÉS RESTREPO ESPINOSA

 

 

 

CATÁLOGO INCOMPLETO DE PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

  Inventario de sonidos que nunca existieron, pero que alguna vez escuchamos.  Este es un inventario de sonidos que nunca existieron. Por e...