viernes, 3 de julio de 2020

REINVENTARSE




Insistió hasta el cansancio en conseguir un cargador para su celular, pero en aquel lugar no había enchufes, su condición no le permite entender aquello, ¿cómo que no hay energía eléctrica? ¿entonces cómo conectan el televisor o la nevera? aquí no tenemos nada de eso, respondió la mujer que se mecía en la hamaca. Todavía en su cuerpo y pese al maltrato que tenía en su pierna, se manifestaba un estremecimiento por salir y consumir algo, en su vida cotidiana siempre compraba algo, no había día en que no llegara a su casa con un nuevo chéchere que acumulaba en un estante o dejaba sobre una mesa en la que ya no cabía un alfiler y que usaba como escritorio y mesa de comedor.

Aquella manía de comprar no era más que la manifestación de una permanente insatisfacción, de niño tuvo una vida muy austera, sin embargo sus padres pudieron darle un bocado de comida y la naturaleza se las arregló para darle el cobijo necesario para que sobreviviera hasta una edad en que pudiera valerse por sí mismo, toda la vida llevó sobre sí el lastre de su pobreza, pobreza que con el tiempo fue más mental que material, pues cuando tuvo acceso a un mejor nivel económico, todo lo que conseguía o se comía lo justificaba diciendo que era merecedor de eso y hasta más, porque ya había pasado muchas hambres y necesidades, así que ese era su premio, desde el pan, hasta el carro último modelo comprado en agencia llevaban la investidura de la pobreza, nunca superada a pesar de la abundancia, los kilos que saltaban de más sobre su cinturón y la cuenta en el banco cada vez más alta.

Tendido en aquel piso de tierra, con el pie fracturado y sin energía eléctrica dónde conectar su celular, empezaba a entender que su teléfono de alta gama, no le servía para nada y que pasó tanto tiempo despilfarrando el dinero en cosas inútiles, que no tenía una sola palabra que hilara una mínima conversación con esa mujer que le miraba con displicencia mientras iba y venía en la hamaca.

Desconectado de su mundo en aquel aislamiento, fue aprendiendo a disfrutar de las novedades del campo, los amaneceres eran siempre nuevos, advirtió que la luz no siempre tenía el mismo tono, que los pájaros se turnan en sus cantos, que no siempre el gallo canta a la misma hora, que las mañanas y las tardes le traían aromas nuevos exóticos y gratuitos, que su cuerpo se comportaba de formas diferentes, fue así que empezó a sentir la levedad de sus días, ya no pesaba el tiempo, no sentía ansiedad de salir de compras, las cosas más valiosas que tenía no eran de su propiedad, eran las de todos, el sol, el silbido del viento, la lluvia, la fresca brisa, el canturreo de la quebrada, el silencio en la noche a pesar del croar de las ranas y el chillar de los grillos, el silencio a pesar del estallido de rumores en su corazón, el silencio.

Por fin encontró su manera de ser uno con su entorno , se reconcilió con la vida, serenó su mente al mismo tiempo en que su pierna se fue recuperando y se pudo sostener en pie, soltó el palo con que se apoyaba y salió a pasear por la vereda, habían pasado tres meses y era el primer día que salía del rancho dónde había estado recluido, hasta había olvidado el motivo del secuestro, sentía un profundo cariño por aquella mujer que la había acompañado todos esos días, no sabía cuánto tiempo más estaría allí, tampoco le importaba, nada de lo que había dejado atrás le hacía falta, incluso sintió que fue una bendición liberarse de su mujer, esa vaca sosa en que se había convertido ocultando en vestidos de moda, la ausencia de aquel cuerpo fino y erótico del que tantas veces se jactó de ser el dueño, tampoco extrañaba a sus hijos que en su adolescencia habían empezado a manifestar vergüenza y asco por el padre, quien al sentir tal desprecio había optado por mermar la ración económica, provocando un mayor desprecio por parte de sus hijos, que le veían cómo un tacaño panzón.

En lugar de querer ser rescatado, rogaba a Dios que le dejaran allí, en toda su vida no había tenido una mejor vida, había bajado de peso, consiguió una conexión espiritual y no sentía los agobios que el trajinar de su existencia en la ciudad le habían convertido en un hombre ocupado solo en estar a la moda y hacer que los demás se dieran cuenta de que se había realizado, que ya no era un pobretón de origen campesino.

La vida le había dado una nueva oportunidad, no desaprovecharía un sólo segundo de su vida, se había reinventado, estaba listo para lo que se viniera.

La mañana en que recibió la noticia de que sería puesto en libertad, se llenó de júbilo, fue llevado en una canoa hasta el pueblo más cercano a diez horas de camino, su familia no lo reconoció, se  abrazaron a él y con lágrimas en los ojos posaron para las cámaras de los noticieros, fue llevado a un centro médico, dado de alta dos días después, instalado en su mansión durmió una semana, el día en que despertó salió muy madrugado, se fue a una agencia de autos, compró el último modelo, también un celular con cargador solar y luego se encaminó al mejor restaurante de la ciudad a celebrar con un gran banquete que ya era un hombre nuevo. 

Carlos Andrés Restrepo Espinosa
carloscantante@gmail.com

lunes, 1 de junio de 2020

OPEN THE DOORS



William Blake, dijo: “Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: Infinito”, en su momento esta cita inspiró a escritores, poetas, músicos, místicos e intelectuales a ir tras el significado que ofrecía, atravesar el umbral y revelar todo aquello que contiene el infinito. La puerta ofrece la posibilidad de ir al otro lado, de manera simbólica permite el viaje del adentro al afuera, ese salir de si, que muchos consideran el verdadero salto del hombre civilizado. Uno de estos hombres fue Aldous Huxley quien la usa de epígrafe para introducir a su ensayo “Las puertas de la percepción (1954)”, Huxley atraviesa su respectiva puerta utilizando la mezcalina como pasadizo intentando demostrar que el cerebro selecciona lo que quiere que asumamos como real, negándonos una percepción mas amplia del mundo, los enteógenos serian una de las formas que le permitirían al hombre abrirse a la comprensión del universo desde una conciencia expandida.

Quizás tras una de esas puertas encontró Jim Morrison la inspiración para nombrar su Banda The Doors y tras otra puerta encontró su camino de regreso, no sin antes advertirnos desde su poesía, ora como chamán, ora como Dioniso que la tarea del hombre consiste en atravesar todas las puertas que se crucen en su camino porque no hay otro destino que el despertar de la conciencia humana.

Abrir las puertas de la percepción tomó un camino más asociado al consumo de alucinógenos que a una búsqueda intensa por comprender el universo mediado por otros dispositivos como el arte, la literatura, la ciencia y hasta la misma religión, tornándose la búsqueda de la comprensión del universo, en algo psicodélico*, una moda o un cliché cultural, así la puerta de la percepción mística se cierra para dar paso a un uso de puertas más domésticas, puerta que va y viene tipo bar del lejano oeste, la puerta giratoria de algunos hoteles que te pueden atrapar en un bucle si no saltas del otro lado, puertas de alcoba que azotan amantes furiosas, puertas de presidios que encierran al hombre en sí mismo, inmensas y ornamentadas puertas de templos que tienen como función hacernos sentir pequeños, puertas del tren que avisan con chillidos que se van a cerrar y puertas de casas en ruinas que se sostienen de la nada recordando que alguna vez existieron secretos tras sus paredes.

La puerta fue despojada de su ancestral poder de facilitar el paso del hombre de la caverna al cosmos y fue de alguna manera superada por la ventana, más pequeña, por la que el mundo entra en dosis mínima, a diferencia de la puerta que al abrirla te expone a la calle, deja que el mundo entero entre trayendo la totalidad de lo que es, la ventana te mantiene a resguardo, deja que entre un sol que a duras penas atraviesa el espacio interno convertido en delgados hilos de luz, de vez en cuando una leve brisa, el voceo de un vendedor, el rumor de un motor o el canto de un pájaro, nada en su totalidad atraviesa las ventanas, por eso ganaron y es a través de una ventana que ahora pretendemos comprender al mundo, una ventana artificial a la que llamamos Windows por la qué nos llega la invención de lo cotidiano, una ventana que nos mantiene a resguardo de enfrentar la lucidez que se nos revelaría si abrimos las puertas de la percepción desde las que Blake alcanzó a vislumbrar el universo en su conjunto.

Mientras las puertas nos invitan a entrar en relación con los objetos y sus usos y con la memoria qué estos traen de los hombres que se atrevieron no sólo a abrirlas, sino a derribarlas, las ventanas nos aíslan, tras los visillos miramos el universo de manera subrepticia, abrimos una sola ventana y a través de ella nos llega todo lo que debemos creer, lo que damos por seguro, una ventana desdé la qué somos manipulados, enajenados, perdemos felices la libertad, la manía infantil de preguntar se resuelve con un clic, una ventana-pantalla que nos trae el mundo en tiempo “real” a la tranquilidad de nuestro hogar, sin darnos cuenta que en realidad es un ojo avizor qué husmea y al que le confiamos nuestra intimidad que luego volverla en nuestra contra. 

Ahora que las puertas no se abren porque el afuera se tornó en el enemigo, si las abres te puedes dar cuenta que afuera sigue la vida ondulando las frondas de los árboles, sigue muy campante el sol brillando en los lentes oscuros de algunos hombres que por autoridad u obediencia resultaron inmunes, el bullicio sigue en las calles, los vendedores de fruta pululan, los pájaros cantan y la brisa estremece los cables de energía, la muerte es un transeúnte que se pasea de lado a lado porque  desde su percepción no hay puerta que le ataje, ni abundantes camas para recostar los despojos de sus hijos, ni suficiente percepción para que ellos entiendan que la muerte no es tan mala como una vida de ceguera hecha con engaños y miedo.

Si las ventanas de la percepción fueran depuradas, no le quedaría al hombre otro camino que saltar por la puerta.



Carlos Andrés Restrepo Espinosa


   



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“Psicodelico” viene de dos palabras griegas, alma y manifestar, quiere decir: “que manifiesta el alma”, el psiquiatra Humphrey Osmond, inventa la palabra a partir de los experimentos que realiza con Aldous Huxley en torno al consumo de la mezcalina.


CATÁLOGO INCOMPLETO DE PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

  Inventario de sonidos que nunca existieron, pero que alguna vez escuchamos.  Este es un inventario de sonidos que nunca existieron. Por e...