martes, 7 de junio de 2016

CUARTETAS POR DEJACIÓN


*
Si me comporto como ella manda
Seré un hombre bien amado
Si me muestro con carácter
Seré un hombre demandado.

*
El amor cuando se fuerza
Tiende a producir asfixia
Por eso al  dejarlo  libre
Se  respira una fresca brisa.

*
A la mujer le gusta lo bueno
Que le pasen solo delicias
Por eso cuando un hombre falla
Busca al que sigue en la lista.

*
De todas mis bien amadas
Fueron todas bien idas
Solo quedaron conmigo
Las penas y las heridas.


*
Socórreme con tu indulgencia
Con sobras de tu boca fría
Que yo bogaré sediento
Sabiendo que no eres mía.

*
Cuando te aman es bueno
Cuando te dejan maluco
Cuando empiezas todo es sueño
Cuando se acaba busca un trabuco

*
De todas mis muertes la tuya
Es la que más he llorado
Porque no fuiste al entierro
Me dejaste triste y parado.

*
Mi astucia no llevó a nada
Tu duda nos condeno a todo
Y hoy que no nos tenemos
No hago más que doblar el codo.




*
Mi amor se irá resignando
A vivir triste y solito
Viniste y armaste nido
Y dejaste morir el huevito.

*
De lo bien que la pasamos
Dejaré buenos recuerdos
De lo malo que me acuerde
Soltaré llantos al viento.

*
De mi vida tengo luchas
De mi miedo tengo duelos
De la magia quedan polvos
Sacramentos y misterios.

CARLOS ANDRES RESTREPO




martes, 29 de marzo de 2016

ACECHO

Siento de nuevo pasos de animal grande
Atravesando mi solar privado,
Me quedo en silencio, observo,
Acostumbrado como estaba a salir gritando
Cambio la estrategia, pensándolo bien no hay estrategia,
estoy muy cansado para levantarme,
Me resguardo entre los brazos y aguzo el oído,
Solo escucho mi respiración, por un momento
Creo que fue mi imaginación, nada se aproxima,
Me siento relajado, me despreocupo, estiro los brazos
Pierdo interés en el portal que conduce al jardín,
cuando me entrego de nuevo a mi juego
Cotidiano de confiar,
siento el zarpazo atravesar mi espalda.

Andrés Restrepo

miércoles, 16 de marzo de 2016

BOCATOMA


Soy un campesino, pero un campesino disimulado, sin ínfulas de citadino aunque la ciudad ha dejado indelebles marcas en mi vida debo admitir que la montaña me sigue habitando o yo la sigo habitando en mis costumbres; traigo en mi sus verdes caprichosos y el azul con que se pinta en la distancia cuando ha llovido o cuando le place hacerlo, después de todo a la montaña como a todo ser vivo le gusta llamar la atención y guardar sus apariencias.
La montaña como yo tiene sus grietas, sus alturas, sus explanadas y sus derrumbes, guarda en su interior secretos, el misterio de la vida y de la muerte.

  Cuando yo era niño, ayer por la tarde, le pregunte al viejo Miguel de que estaban hechas las montañas y me respondió que de agua y de silencios, ¡lo mismo que yo! pienso ahora y lo creo ya que he presenciado como ellas cuando no pueden contener mas su silencio explotan en chispeantes surcos de agua que se hacen cascadas y se despeñan para hacerse ríos que van a dar al mar que no es más que una montaña liquida que contiene en su profundidad otras montañas.

Pero resulta que ese recorrido a veces es interrumpido por un parasito que le nace a la montaña, es una boca que succiona el agua y la desvía de su feliz desplazamiento y la envía a unos tanques donde es almacenada y luego condenada a viajar por entre tuberías oxidadas rumbo a un grifo que le va cercenando y dosificando según sea el menester del operario del adminiculo en mención: lavar, cocinar, limpiar, despilfarrar, cobrar.

Le llaman boca toma, la palabra es bonita, la causa en primera instancia es noble llevar a las comunidades el liquido vital, un derecho de todo ser vivo, el agua es de todos, pero cada día lo es menos, el secreto de la montaña es embotellado, utilizado en prácticas que en nada tienen que ver con calmar la sed o limpiar las heridas, se va por entre maquinarias que socaban la misma montaña, se va por entre los bolsillos de las compañías que etiquetan y nos venden lo que es nuestro, se reseca en las facturas ominosas que llegan mes a mes recordándonos que nos pueden cortar el chorro si no estamos al día con el pago.

Así el agüita que era un arroyuelo cantarino que descendía de la montaña cual poema de paisa empedernido, esa misma que se perdía entre la cabellera de la muchacha que tanto me gustaba cuando se zambullía en el inmenso rio que de piedras solo tenía el nombre, igual que ahora solo de rio el nombre,  tiende a escasear y aunque las bocatomas tengan sutiles nombres como brisas, ubaldina, robledal, se requiere más que de imaginarios y voluntades para no morir de sed.

Mi ser entero celebra el gozo del agua como fuente de vida, no como ingreso de la boca que mas toma, como la montaña dejeré correr el agua que no he de beber.
Carlos Andrés Restrepo




lunes, 14 de marzo de 2016

TANIA


Su labor no es sencilla, visto con ojos religiosos se diría que es todo un apostolado, se requiere de vocación y entrega para hacer su trabajo, con mas formación y mejores herramientas podría cambiar el mundo, pero el sistema está diseñado para que todo siga igual, a pesar del amor y la buena disposición lo único que consigue es ayudar en el desarrollo de la mala educación, aunque el eslogan reza que “aquí estamos los más educados”, la realidad  es otra, al final solo propaganda, mucha ínfula y de fondo obreros mal pagados inventando ficciones lingüísticas para sobrevivir los unos y para persuadir el tiempo nefasto que falta para la primera jubilación los otros, pues  algunos se quedan a esperar la segunda, la tercera y hasta la cuarta.

La protagonista de esta historia es la profesora de la escuela de la vereda la Yaruma, ubicada en el municipio de Salgar Antioquia, durante esta narrativa la nombraré la profe (para salvarla del personaje de ficción que lleva como título este articulo), la profe es una persona dulce y serena, comprometida con su labor, su escuela está llena de color, en las paredes las vocales tienen alas de libélula, cuerpo de hormiga y antenas de abeja, mariquitas de colores revolotean junto a corcheas que divagan sin medida; al azar de una melodía libre de presunción de forma y estructura.

En una pared lateral el principito levita entre estrellas de cinco puntas junto a mariposas, libros, planetas y fulgurantes chorros de luz que caen sobre un niño que lee y que también levita, sin darse cuenta que tal vez cuando cierre el libro caerá en el vacio de la pared blanca en la que de la nada se sostiene, la profesora debe esforzarse mucho para que el vacio no termine por arrasar también a los niños que no están pintados y que caminan hasta dos horas para llegar a clase.  El día que acompañé a la profe a la escuela llagaron algunos a ayudar con el aseo, era el regreso de las vacaciones y en cuanto las puertas se abrieron los infantes saltaron al interior del salón con una felicidad en sus rostros que me hizo pensar en mi tiempo de escuela y en la profe Amparo que llevo en el corazón, a Belén que me enseñó a leer, un Viva para ella; ¡bendita sea entre las mujeres! y en Marleny que me enseñó: “…De Colores se visten las Flores en la primavera…” y a quien veinte años después le estaba indicando como potenciar su voz de contralto y regañé feliz hasta que afinó, pido disculpas por la nostalgia.

Aprovechando mi última semana de vacaciones, acepté la invitación de la profe para conocer su escuela, para dar una idea coloquial de la ubicación del plantel diré que queda en la quinta porra, la salida fue temprano, sin desayunar, tomamos un tinto aguachento e insípido, todo un insulto para un pueblo cuya economía se mueve principalmente por el café, superado el mal sabor de boca, emprendimos el viaje en moto por una carretera destapada, como todo buen parrillero apretaba el sillín cual jinete de rodeo tratando de enderezar mi tren posterior que como todo en mi vida iba inclinándose hacia la izquierda, pero solo conseguía por momentos hacerle perder el equilibrio a la hábil conductora, la buena noticia es que  hasta “La Clara” la carretera está en buen estado, la mala noticia es que el camino no termina allí, se debe continuar hasta “La Santa Luisa” por las vegas de las Andes y allí tomar un desvío por una carretera que cada vez se hace más estrecha y empinada y que nunca termina; la idea de la perpetuidad me fue calando y mi columna vertebral parecía que se fuera a partir en el siguiente salto, pues durante el recorrido no dejamos piedra sobre piedra.

Por fortuna el paraje es hermoso y durante el trayecto los niños nos saludaban, las señoras haciendo los destinos en sus pocetas nos lanzaban un buenos días con una sonrisa que parecía una flor naciendo de sus bocas, los trabajadores decían buenas, arrastrando la é como si nunca fueran a terminar de decir la palabra y los otros motociclistas que encontrábamos en el camino meneaban sus cabezas con ese ademán de levantar el testuz, que el casco agranda y que uno corresponde de idéntica manera sin saber quién va debajo, después de cincuenta minutos de recorrido que para mi espalda fueron nueve semanas y media, llegamos a la escuela de la Yaruma - y yo que me quejo de tardar 15 minutos en llegar a mi trabajo-.

Ahora sí, a maleducar, y no es que ésta sea la intención, ella al igual que otros profes tienen la buena voluntad como dije al principio, pero las condiciones no son las justas para realizar su trabajo, un compañero suyo tiene que dar las clases en el corredor de una casa, no tiene sede para su escuela, las dotaciones que les dan son obsoletas, los computadores llegan malos y los que no al año requieren de mantenimiento que nunca se da, los libros de texto están salidos de contexto, en el restaurante escolar tienen que hacer milagros para que el arroz alcance y eso que su escuela es de las mejores, la profe me comentó  que un niño llegó con una boletica que mandó un padre de familia, diciendo que su niño no volvía a la escuela porque no quería y que no lo iban a obligar, digo yo que hay padres que en su ignorancia son asertivos, la profe sonríe y yo me avergüenzo un poco de mi falta de esperanza en la educación.

La profe seguirá cumpliendo día a día con su misión, es responsable, yo creo en ella y personas como ella siempre incuban el optimismo, por lo pronto seguirá atendiendo las directrices de un empleado público que funge de secretario de educación y que su mayor logro es subir fotos en su perfil de facebook o de un coordinador que abusa de su tiempo, de un alcalde que ignora, aguantará el dolor en su columna, enfermará de los pulmones por cuenta del polvo de la carretera y seguirá extrañando a sus hijos por cuenta de las distancias entre su trabajo y su familia. Para algunas personas su empleo si es todo un trabajo.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa


jueves, 7 de enero de 2016

Articulo

MERMÉ EL PASO


Ya mermé el paso, las zancadas que definían  mis afanes ahora son cortas, bajé la guardia, ya no corro, no llego sudando a las citas con el miedo, ni con el olvido, solo y en eso soy perentorio, llego rezongando a mis citas con el amor y que se tenga fino, porque es el único invento en el que pongo mi esperanza.

Disminuí el paso y los asuntos que antes miraba de soslayo son en primera instancia mas definidos, en nada opacos, supongo que revestidos de mayor importancia, aunque, el enfado siempre ha sido parte de mi naturaleza, ahora lo he discernido, solo me enfadan ciertas personas y ciertas cosas, ciertas acciones de algunos, innumerables resultados visibles en las cosas, para hacerme entender me daré a la tarea de enumerar algunas.

Los que no cuidan de si, los que se saltan el semáforo, los que no marcan un pare, los que no se disculpan, los que no sonríen, los que teniendo agua no se bañan, los que exageran su bondad, los que al dar la mano ofrecen un apretón incipiente, los que rezan todo el día, los que ocultan las lágrimas, los que dicen mentiras para poder ejercer su libertad, los que hacen creer que hacen el bien y se compartan mal, los que creen que uno es pendejo, los que pisotean al resto por conseguir un mendrugo de pan extra, los que enseñan esa parte donde pierde su noble nombre la espalda.

Las calles sucias, los montones de arena, los adoquines que salpican, los teatros solo con pan y circo, los estadios sin alegría, vitalidad y goles, los lugares públicos sin público, las calles inseguras para niños y viejos, las motos subiendo y bajando haciendo piques, despertando, asustando, el ruido de fondo que no deja que el alma feliz se pasee, las elecciones cuando no hay que elegir, las paradojas morales, los meseros desatentos, los baños públicos con monederos, la sopa de fideos, las clases a las seis de la mañana, los que preguntan "donde te quedaste", los parques sin bancas, las bibliotecas sin libros, los libros sin lectores, los lectores sin alma.

Quiero decir también que además del pique de morrocoy que vengo adoptando soy más incisivo, repito la misma historia diez veces, mis amigos hasta se ríen de lo monotemático que me he vuelto,  el chiste es que yo no me río y creo que es la primera vez que lo cuento.

Cuando voy a mi pueblo salgo muy poco, las multitudes me abruman, prefiero subir a la montaña en las tardes cuando baja el sol y las multitudes que también van a la montaña salen espantadas por las sombras de la oscuridad o por que los deja el cable aéreo, yo me quedo a conversar con ellas (con las sombras) son más confiables, saludan y brindan buenos consejos, también voy al río, pero ¿cual río? ha sido tan gradual su pérdida que no me había dado cuenta que ya no tenemos río, en eso si la coherencia no es discutible, lleva el nombre que debe llevar, piedras, solo piedras van quedando de mi río. 

Ya mermé el paso, la prisa del joven sigue sus balanceos, pero en mi devenir de hombre hay una quietud que me espanta, aunque todo me importa siento que ya nada me importa, que he dicho tanto que me voy quedando sin que decir, que tengo que justificar una columna para un periódico que incomoda a mucha gente y que en efecto no ha faltado quien me pregunte porque escribo aquí, imagino que lo hago para incomodar también, supongo que cuando uno merma el paso empieza a incomodar a los demás, así como cuando un viejito es atropellado y no falta quien diga: "eso le pasa por andar por ahí elevado en la calle con sus pasos sangarretos".

Estoy dejando de lado los tennis de colores, ya busco los zapatos que se ajusten a mis nuevos requerimientos técnicos  y en puro cuero, llevo a pesar  de mi notoria panza la camisa por dentro y busco combinar bien las medias con los pantalones; ya puedo aspirar a un cargo público. 

Carlos Andrés Restrepo Espinosa

viernes, 1 de enero de 2016

INFIDENCIA

No estás para escucharlo,
ni yo para decirlo,
Supe por boca de otro algo que yo nunca dije
pero que tu sabes que quizás pensé,
escuchado en boca ajena
nunca imagine que era tan obvio
que a pesar de no saberlo, ya todos lo intuian.

En fin que siendo así las cosas
para que voy a contarte eso que ya tu sabes bien.


Andrés Restrepo

DESENCANTO

  Hay momentos en la vida en que uno se detiene y se pregunta cuánto de sí mismo se ha ido apagando; cuánto de aquello que antes nos parecía...