lunes, 7 de mayo de 2018

LA CITA



Sus tías insistieron, no diré que tanto, pero lo hicieron, querían que se diera entre los dos un encuentro, las tías a veces son así, de la nada te quieren meter por los ojos a alguien, - Debo reconocer que ese no es mi estilo, pero yo por ellas hago lo que sea -, me advierte del otro lado del teléfono, mientras trato de crear una imagen de su rostro con los fragmentos de sus mensajes y conjeturo el resto apoyado en mis fábulas literarias.

En mi vida había tenido una cita a ciegas. Casi no logra reconocerme, por mi cuenta vi a una mujer delgada, con el cabello recogido y con cierto porte de dama antigua, así que supuse que era ella; después de girar sobre sí misma, se alejó y regresó con un café, nunca reparó en mi presencia, se sentó junto a mí, se llevó el vaso desechable a la boca y sacó del bolso un libro que hacía mención de dinosaurios, política y ateísmos, - Esto sí que es una cita a ciegas -, me dije.

Allí estaba yo un tanto absurdo, no soy ningún muchacho bueno, ni digno de honor, ni rebosante de méritos, soy un hombre común haciendo uso de su pesimismo cotidiano, en un encuentro con una mujer inesperada, prevenido, pero lleno de curiosidad por saber quién se escondía tras aquella mujer en apariencia simpática.
Me había adelantado un poco y la busqué en una red social, en su foto de perfil aparecía una rubia con unos intensos ojos color miel y una sonrisa de manantial, lucía una gorra de béisbol de la que surgía una abundante cabellera “toda una mata de pelo”, como dirían mis tías (que también las tengo, pero que no fueron convidadas a este cuento); se alcanzaba a ver la mano de un hombre que se asomaba un poco sobre su hombro derecho, la foto había sido recortada, como mandando un contundente mensaje al mutilado.

Y allí estábamos, ella alta, con mirada irónica, ajena a toda pretensión, confirmando los adjetivos establecidos a sus ojos, sonrisa y cabello; toda una mujer, con movimientos finos, fluyendo con tal gracia que entre más ganaba altivez yo cada vez me convertía en un perfecto Don Nadie.

Fungí ser profundo para no darme por vencido y terminamos pretendiendo arreglar el mundo, nada novedoso, tomo un café negro sin azúcar, ella sabe dar cuenta de un mejunje de café con caramelo, arequipe y crema, como quien dice: ¿quieres saber que es lo único dulce en mí?  Ahí tienes.

Entremezclamos temas, yuxtapusimos emociones, ella dejo rodar un par de lágrimas en su mejilla, yo las deje rodar hacia adentro. Jamás imaginé tanta empatía, tal vez sus tías tenían razón, quizás Coelho, o Jodorowsky con su arsenal de actos mágicos, el caos poético de Stephen Hawking citado por ella cada final de frase me hacia un guiño.

Llego a creer el disparate de que el universo se toma el tiempo y mueve las fichas de manera compleja solo para que dos personas se tomen un café.

Para una mujer que no está ocupando su vida en ser bella, la hermosura le luce como un arco iris a la tarde de invierno, pienso. En silencio le veo hablar mientras desvía su mirada huyendo de mis ojos firmes y lúbricos.

Tiene en su haber una fiesta de colores danzando y al mismo tiempo porque es así de contradictoria, es una mujer nostálgica y amargada que huye de lo sutil porque sabe de sobra que es frágil ante un poema.

Nos levantamos del lugar, la despedida fue cálida, los dos sabíamos que esa había sido la primera y última vez que nos veríamos, basta un encuentro para saber quién es el otro y aquella encantadora mujer no era para mi vida.

Yo que no soy tan caballero tomo mi sombrero imaginario lo pongo en mi pecho y hago una venia, el universo conspira, empiezo a ser optimista, y unas ganas de no decir adiós me pueblan, empero doy la espalda apresuro el paso y mientras camino saco el celular del bolsillo de la chaqueta, busco su nombre y le doy bloquear y eliminar contacto.


Carlos Andrés Restrepo Espinosa


lunes, 30 de abril de 2018

VISIONES



1.      MEDIA HORA DE CAMINO

Un segundo son diez minutos sobre el tiempo y las distancias se cubren a menor rapidez pero son las mismas; los relojes no sirven, se mojan, se humedecen; los computadores se llenan de miedo y la manigua enyerba los genios. Nadie desespera.   Quien tiene afán es su propio verdugo; nos reunimos temprano para que el día rinda, como si este se pudiera estirar, como si las cosas fueran de otro modo por ponerse un vestido rojo y no azul. Se llega antesitos de…ó despuecito, pero puntual nunca.  ¿Quién puede ser puntual cuando el tiempo no existe?

Vaya hasta donde nace el río; puede tardar media hora de camino, pero el camino se mide por kilómetros no por segundos; recorrer un segundo de carretera puede ser un siglo de kilómetros, cuando se camina se piensa y el pensamiento es mas veloz. 
En ocasiones el rio nos deja y sigue otro sendero, -Vaya pues rapidito para que no lo coja la oscuridad, si anochece muy temprano entonces enciende una vela, pero llegue que lo estamos esperando-

Abracadabra las patas no son de cabra son de caminante cansado, la media hora se convirtió en cuatro horas de recorrido a pie limpio,  limpio cielo que nos cuidó de los ruidos de adentro que tanto atormentan y de los de afuera que solo amedrentan.

La selva es así.  A veces ni nos advierte,  otras nos achata y confunde. Pero hay quien la sobrevive y vive.

A media hora de camino están los amigos indígenas esperando a que lleguemos para empezar la fiesta; ya disponen el abrazo, el mambe, el ambil,  la chicha y la risa porque se ríen y hablan cosas que uno no entiende. Ellos se ríen. Cuando uno creía que toda la vida se estaban riendo de ellos, nos dimos cuenta de lo contrario; ellos si saben de su risa porque se entienden; su risa es entendimiento.

No es difícil llegar a tiempo si entendemos que a pesar de las distancias siempre estamos a media hora de camino;  la distancia y el tiempo también son entendimiento.


2.  KILOMETRO 11

Magnolias y Rezos

La abuela está sentada sobre el piso de tabla, algo en sus ojos  brilla más que la luz del día.  Dice que ora a Dios,  para  que los cuide niños blancos y bonitos.  -Usted con ese pelo largo se parece a nuestro señor Jesucristo-. Y sonríe la anciana mujer tendida en el entablado, desde donde es reina, ella solo tiene que permanecer allí, desde siempre y nadie lo sabe está orando por todos los niños blancos para que el mal no les haga daño; hay mucha gente mala, la abuela come su cazabe mientras conversa, la abuela que huele a selva por que ella es la selva y tiene su misterio, reza, sabe el padre nuestro y se santigua, bendice también a los suyos, pero le parecen mas lindos los blancos por que se parecen a nuestro señor repite la abuela y sonríe . Ella sabe que nosotros solo estamos de paso y quiere que volvamos, por eso nos abraza y dice que su casa es de todos y que Dios y la Virgen los acompañe. La abuela Huitota nos lo dice.


Menguaré y Conversas

El elegido toca el manguaré. Él tiene el son, él tiene fuerza porque el mazo para golpear pesa tanto como la razón para escucharlo, pesa como un cargo de conciencia y para colmo son dos.  Cada mazo nos recuerda que escuchar al manguaré es conciencia pura.

El elegido sabe el ritmo,  qué tocar, porqué tocar y hasta cuando tocar.

El manguaré son dos troncos de árbol pesados, gigantes, suspendidos por manilas a un andamio de madera y cuando no es tocado sirve de cama, recostadero o caballito para los más pequeños, tocar el manguaré es fácil, se agarra con fuerza el mazo, se descarga con ímpetu sobre el tronco ahuecado y listo suena. Un tronco representa a la mujer y el otro al hombre, les llaman macho y hembra; la hembra es la más grande y de sonido grueso y el macho es el más pequeño y de sonido delgado, algunas culturas no se mienten.

El manguaré está en la maloca y allí también está el mambeadero (lugar donde se mambea[1]) se baila, se canta y se cierran círculos; sobre todo si en este lugar se inicia algo es vital regresar y culminarlo; sueños, proyectos, ideas, pensamientos, cuentos, imaginaciones y conjeturas; todo lo posiblemente imposible,  se debe regresar y cerrar por lo menos el pacto, el vínculo, porque  las palabras que se pronuncian en la maloca son sagradas y eternas.

Imágenes y Edición

Todo es memoria,  alguien dijo que el pueblo que carecía de memoria debía hacerse una de papel, pero los tiempos cambian y el papel se pone amarillo, es un suculento plato para las polillas y antes de que la memoria de este pueblo se vuelva alimento de ciertas larvas intelectuales debemos apresurarnos a inventar otra memoria.

Un Indígena Uitoto me enfoca con su cámara, el lente sale de su cabeza como si fuera un ciclope y me enfoca, es un oráculo moderno, sabe qué pasó y aunque el futuro lo puede intuir, cada vez que desea va al pasado y viaja por las imágenes de lo que fuimos y entonces nos recuerda hasta los gestos que tuvimos cuando tomamos una decisión.

Una cámara de vídeo sirve para hacer vídeos, los vídeos atrapan situaciones, guardan pedazos de vida en movimiento. Se trata de una cinta que va grabando el sonido y el audio de nuestra identidad presente, así, nuestros jóvenes del futuro verán como fuimos los jóvenes del pasado.

Pero la memoria no está a salvo del todo ya que a la cinta le dan hongos, si se hace el transfer a un DVD este se puede rayar ó quebrar, ¿entonces? ¿Qué hacemos con nuestra memoria?, pues vivirla, que cada quien construya la suya a su tiempo y sigamos jugando con las herramientas cuya utilidad está en que facilitan, no en que salvan y póngale mucho cuidado a la edición que cambia los hechos y cuenta otros.


3.      RECETARIO

  • Si vas a tomar sopa no olvides echarle Farihna. La yuca es brava pero no regaña y en cambio alegra la sopa.  Si de felicidad estas antojado entonces no escatimes en agregar bastante ají; el buen ají que la gastronomía ha olvidado, el ají que además de ponerle picante a la vida ayuda a centrar la atención, a elevar la conciencia; te abre al disfrute de lo que comes y de lo que queda pendiente, lo puedes comer con hormigas (cutupi), pero mi preferido, es el de araza: es la picada mas dulce que me he picado en mi picada vida de ajisero.

  • Para la nostalgia y la tristeza sírvase un buen vaso de jugo de copoazú en leche; un milagro de la divina  naturaleza esta mixtura, y si le mezclas cachaça, tendrás un elixir de luz verde como el color verde de un cóctel de copoazú para iluminar las bienvenidas.

  • La carne de Borugo sabe a cosas de la vida, se puede terminar lleno de vacíos, llorar, cantando melancolías, imperdonable no probarla. El pescado cocinado en hojas de plátano es una delicia nunca superada por una salchicha de soya ó cualquier invento advenedizo que nos  alargue la vida alejándonos de los sabores que la describen.

  • Fundamental beber al día 10 güirazas de chicha de yuca, espesita, refrescante y rebosada la totuma comunitaria, por que beber agua puede ser perjudicial para la salud.

  • El cazabe es bueno entre comidas, antes de ellas y después de ella. El cazabe es la comida.

  • La carne de Manatí es la mejor.  Tiene tres sabores dependiendo de la parte elegida; puede saber a res, cerdo ó pollo, pero esa no es bueno comerla, -no la coman- es pecado, delito, ignominia atreverse siquiera a imaginar su delicioso sabor. La variedad de platos que se preparaban con estos hermosos animalitos fofos y entrados en kilos  que recuerdan una reunión de tías, es un acto imperdonable; por eso olviden que mencioné lo apetitoso de sus variables carnes al igual que a mis tías.

  • Los chocolates son buenos, los garotos se consiguen baratos, muy económicos. Pero no se fíen, siempre las cajas traen en su interior decepciones; mejor regodearse con el dulce de castañas, es casero y sabe a postre de abuela.

  • Una buena comida deja sensación de no ser el mismo, tras la libación de jugos hechos con frutas cuyos nombres no se aprenden a pronunciar; el hambre mengua  pero el apetito persiste. El asunto con la buena mesa es que aquí se come sin mesa, se va al alimento como quien va al encuentro con el aire, como quien entra en casa buscando saciar la sed y se queda viviendo en ella.

Comer bien no es vestir de etiqueta, comer bien es fluir con el alimento, entrar en contacto con lo comido como dice el cuento.

Carlos Andrés Restrepo E




[1] Mambear: llevar a la boca polvillo de coca mezclada con hoja de yarumo y depositarla entre las muelas y el cachete y dejarlo allí hasta que se convierta en una bolita y acto seguido estarás mambeando.

martes, 24 de abril de 2018

DEL AZUL, CAEN AMARILLOS


  1. ELEMENTAL

No es maligna la manigua, la semilla crece donde el sol la confía, los hombres en retorno del día son sabios, cantores sudorosos de la amistad elemental, abrazo del todo con lo singular. Credo. Todos son uno, la unión es innecesaria porque no conocen la separación, las rupturas  de haber ocurrido fueron sin quiebre.

Silba la selva, musita el río, de gorja el arrebato matutino de no se sabe quien; a veces parecen voces humanas perdidas o encontradas entre los castaños, otras oleadas de pájaros petimetres que se exhiben con sus caprichosos colores para decirnos: solo pienso en ti.

Solo se sucede quien se vuelve aroma, aquí si uno no huele no existe, el principio es: soy aroma luego existo, así es bueno dejarse penetrar por la humedad, es justo no combatir con el sudor que aligera la carga de la vida, menester indiscutible ser parte de la oleada, ir y venir entre las demás cosas que a la vez ocurren y se desplazan incluidas las personas. Es de vital importancia eliminar cualquier presencia farmacéutica de la piel del cuerpo, ya que la piel de la selva te cobija, de esta manera tu epidermis ya no será tuya sino la de todos, serás parte del todo, es un buen principio de habitar, la extraña nunca será la selva, ni raros sus habitantes, ese pequeño y significante pecadillo siempre será del que llega con toda sus rarezas e incapacidad para sentirse parte del aquí.

Llega la hora, Madruga el río a dibujar sus meandros, todas la mañanas llegan los pescadores de su encuentro con la aurora, llega el baile, llega el canto ancestral a decir que el corazón esta triste, lo canta un hombre ticuna y lo poetiza el movimiento estático de una falda de yanchama en la que danza una guacamaya, llega la hora, llega el nacimiento, fluyen los recuerdos, emanan las palabras,  fuimos hechos para vivir y aquí nos lo están recordando.


  1. EL CANTO ANCESTRAL

Chocan las semillas guindadas al cuello de las mujeres ticunas, adornando sus muñecas, descansando en los talones, chocan las semillas amarradas con chambira a un palito que se agita entre las manos. Su constante cascabeleo emula a los pájaros, grillos y ranas, las mujeres son la selva, van cantando letrillas de sus ancestros, su voz es un préstamo de lo exótico y mas remoto de los tiempos,  a través de ellas se relatan otras historias que apenas alcanzamos a entender, se canta de un hombre que se volvió delfín, se canta de un niño que nació del vientre de una avispa, se canta de los pájaros que inventaron la mañana, se canta del almidón de yuca, se canta de la presencia protectora del mámbe, se canta del wito y lo que sana, limpia, quita, pone y repone y se cuenta que nada de esto es cierto.

Hay otro canto: cuentan que Andrés Coello y Pastora tuvieron un hijo, nació distinto a los demás, los ojos redondos y vivaces, hablaba en otra lengua, en su frente podían adivinarse centellas de agua, un poco desobediente, con problemas de memoria dijeron unos, apocado de ingenio -con indulgencia aseguraron otros-, lo cierto del caso es que su canto fue mas allá de lo que otros fueron, Carlos como fue llamado, Carlitos como lo nombramos posee en su cuerpo la pulsión que da vitalidad a lo que a priori parece endeble, trae el ritmo de las maracas y lo convierte en  movimiento libre, en vida pura, toca además la armónica, sonidos hereditarios que ocurren mientras son ejecutados porque nunca más se repiten de igual forma, levanta las manos agitando las semillas como exorcizando los oídos y limpiando el alma de prejuicios metodológicos, sacándole lágrimas al concepto disparatado de occidente en que un niño  con trisomía del 21[1] no es apto para hacer música y en caso de obstinación debe contar con la asistencia de un especialista en la materia, y en efecto Carlitos lo tuvo; unos padres ticunas ataviados con yanchama lo iniciaron en la música no para mostrarse en el concierto de clausura de fin  de semestre ante los demas niños que se pelean por ser los mejores sino para entender que la existencia es un tambor que nos suena por dentro y se vuelve fuego que sale por la piel para volverse sonido y baile, de los cantos que se cuentan este es mi preferido aunque me aseguraron que tampoco es cierto.

*
Emiliano Pinedo, pintó la idea y sus cinco amigos le ayudaron a colorearla, con tintas naturales plasmaron estructuras sonoras, los abuelos tuvieron muchos que ver ó tienen mucho que ver por que en cada canción los traen de vuelta y mientras construyen una música que llaman corridos pero que en nada se parecen (a los ancestros gracias) a los que nos heredó México; se dibujan en el ambiente alegóricas formas que danzan por oriente, Europa, África  y los territorios ignorados de su imaginación.

Bueno, esto digo yo triste mortal empantanado por  el juicio severo de occidente pues de entrada mis oídos lo escucharon todo desafinado, todo atravesado todo arrítmico, todo un “Caos Sonoro.”
Los 6 amigos son: Emiliano Pinedo en el acordeón, Humberto pinto en la guitarra típica, Leonardo Ahue en el rasca buche, Cesar López en las maracas y Fermín Pereira en la tambora.
La organología para emplear un termino técnico en la investigación etnomusical es bien particular si damos cuenta de que este tipo de agrupación es única y no obedece a un tipo de conformación popular ni tradicional, mi acercamiento entonces empezó a tomar visos de comprensión no por obra de mi bagaje musical ya puesto en entredicho, sí en cambio por virtud de la experiencia vital de estos músicos donde se focalizan muchas dimensiones del pasado y del presente cultual de la comunidad ticuna en esta región de la amazonía colombiana. En adelante me permití ocurrir como parte de la estructura de su música y esto creí entender: La presencia del acordeón en el grupo se debe a que el maestro Emiliano Pinedo lo encontró abandonado después de muchos años y recordó que su abuelo lo tocaba cuando el era apenas un niño, un acordeón de marca alemana traído del Brasil en el que se tocaban tonadas del país vecino, años pasaron y el artefacto sonoro entró en desuso hasta que terminó en las manos del personaje protagonista de este canto, pero para ese entonces los fuelles y los  botones ya no permitían los registros de otros tiempos; así que entró en reparación, primero con fibra de cumaré fueron remendados los fuelles pero el aire juguetón seguía escapándose en un desalentador gemido del vientre del acordeón, no hubo otro remedio que suturarlo con esparadrapo y aún así el Instrumento que era de acción simple, esto quiere decir que cada botón produce dos notas, una al comprimir y otra al estirar, solo quedo produciendo un ámbito de seis notas en acción casi simple, es decir que su daño es tal que al comprimir permite tres notas y al estirar otras tres y se acabó.

Pero las labores de Lutier del Maestro Pinedo no terminaron aquí, tras la reparación del acordeón y con la necesidad de agruparse con sus amigos construyó una guitarra “típica”, como el mismo la llama y aunque  describirla es un atentado contra la imaginación me permito a grandes rasgos definirla: Su tamaño es menor al de un tiple requinto con los que se hace la música carranguera,  y con cuatro cuerdas de nailon de pesca pero no es como un cuatro llanero, sus  clavijas de madera, el mástil sacado de un remo y la caja de resonancia de la madera mas fiera de la selva cuyo nombre el mismo constructor olvidó.
Las cuerdas quedan retorcidas formando una trenza sobre ellas mismas ya que el nailon es plano, antes de cada intervención Humberto Pinto hombre silencioso de rostro ceñudo  y enjuto ejecutante del mágico instrumento lo afina a fin de aproximarlo fielmente al temperado acordeón.
Imaginen entonces la misión del guitarrista, tratar de acercarse a los sonidos que el acordeón produce para crear unos acordes que acompañen las melodías  ancestrales que compone su director:
El resultado de la búsqueda de un acompañamiento armónico adecuado dio origen a tres acordes, nada alejados de las tres regiones armónicas de tónica, dominante y subdominante que cualquier estudiante regular de guitarra aprende en el primer nivel y  olvida en el segundo. Tres acordes que en mi vida había visto y que solo tienen sentido al ser referenciados con el anciano de fuelles remendados (me refiero al acordeón), tres acordes ingénitos, acordes de pocas palabras y todos los sonidos, acordes que se acomodan perfectamente a las variaciones melódicas que surgen en los temas acaecidos en cada respiro de los seis amigos, atentando una vez  más contra lo imaginado describo los acordes que Humberto plasma sobre las trenzadas cuerdas:

Primera Posición
Dedo 1 en la cuarta cuerda del segundo traste, dedo 2 en la tercera cuerda  del traste tres y dedo tres en la segunda cuerda en el traste cuatro.
Segunda Posición
Cejilla sobre las cuerdas 1 ,2 y  3 en el traste dos
Tercera posición
Cejilla sobre las cuerdas 1 ,2 y  3 sobre el traste dos (igual a la segunda), pero agrega el dedo 4 en la primera cuerda en el traste cuatro.

Estas explicaciones técnicas las describo con tranquilidad ya que se de antemano que no serán comprendidas por los neófitos en el tema musical y tampoco por los conocedores.

Como se llaman los acordes pregunté inocente y Humberto respondió: ¿Qué son acordes?

Basta entonces con decir que esta agrupación, creó una forma de hacer música con una estructura armónica propia derivada de la falla en el instrumento madre ó padre, haciendo una música particular, diferente y nueva.
Este canto ancestral tiene además un acompañamiento percutivo que añade a tantos elementos misteriosos ya enunciados una amalgama rítmica que va cuajando ó digamos tomando forma a medida que van ingresando, pues el primer instrumento que inicia la interpretación es el acordeón seguido por la guitarra, luego entran las maracas con un gesto conmovedor de César su ejecutante que estremece desde el entrecejo hasta los arbustos primitivos donde se escucho el primer grito humano, seguido el rasca buche y para afincar la estructura rítmica la tambora que valga mencionarlo se parece mas a un alegre de la costa atlántica que a la noción de tambora con la que se cuenta en la misma costa.
También estos Instrumentos de percusión fueron construidos por Emiliano Pinedo, director,  cantante y Luthier del Grupo los seis amigos de Puerto Nariño.
¡Ah! el sexto amigo es amiga, la esposa del maestro Emiliano que toca las palmas y se arrima al alma de quien la ve  en medio de una danza que encaja perfectamente en la música que inútilmente he intentado describir, frente a todo esto no  queda más que sentarse y llorar y después ponerse de pie bailar y seguir llorando la alegría de esas lagrimas.

Las mujeres cantan, bailan, tejen, sonríen, viven de fiesta, no envejecen por que sus voces son para siempre y desde siempre, los hombres pescan, van a la chagra, a veces sonríen, cuentan historias, están ocurriendo en un presente que parece pasado y tiene responsabilidad de futuro. Todos son el resultado del canto de un anciano, existen por que la música los nombra, aquí (se le cambian los preceptos a quien los inventa) me atrevo a decir solo existe quien es cantado.


  1. EN EL RÍO ME RÍO

La anaconda es un monstruo, no hay habitante del amazonas que no tenga una historia en la que no entre la anaconda como personaje principal, parece que aunque este animalejo prefiere como medio el agua para vivir su hábitat mas común es la tierra en los cuentos que se tejen y sospecho se improvisan cada que llaga un primíparo a estas tierras.

La anaconda conocida por los que saben de especies como la eunectes murinus gusta también de incursionar por las orillas y sus árboles devorando lo que encuentre a su paso desde ganado hasta humanos desprevenidos.

Hay en los habitantes del amazonas una acendrada vocación por infundir temor sobre la existencia de esta serpiente tanto que en los álbumes familiares siempre se cuenta con una foto de una anaconda tragándose a un hermanito, una tía ó a un turista desafortunado, esta manía los ha llevado a exagerar sobre sus dimensiones especulando, agregándole colores, mas ojos de los permitidos por la naturaleza y algunos hasta poderes de hipnosis, si la miras a los ojos te paraliza y si no la miras de todos modos te paraliza porque produce un silbido encantador que te atrapa, y si uno es ciego y sordo de todos modos esta perdido porque ella emana un olor tranquilizante que igual te encadena, amordaza y mata ya que después de la seducción viene la constricción y de allí no hay salvación, te conviertes en alimento de anaconda y en caso de que un grupo de soldados este cerca y ultime al animal de todos modos terminaras siendo una foto de álbum y  escarmiento para futuros turistas.

Pero por fortuna existen las enciclopedias que fueron hechas para saber de todo desde la tranquilidad del hogar, lejos de bichos y del peligro de las aguas amazónicas y en las que se dice que  hoy, se admite como longitud normal para una anaconda la de ocho m, a pesar de lo cual no es la mayor del mundo, que ni canta, ni tiene muchos ojos ni ha hecho un curso con Tonny Kamo y que su color verde olivo es verde olivo y no amarillo jirafa y que el record  de la más grande del mundo lo posee  una pitón asiática. Captura a los animales que se aproximan a beber a las orillas y mata por constricción[2].

No se sabe qué es mas peligroso si el animal o caer en las garras de los nativos que urden las fantasías mas estrafalarias como virtud de su lenguaje cotidiano para ver sufrir a los ingenuos visitantes.

Otro encanto lo tiene el pirarucú, gigante del río llamado también pez rojo gigante, un pirarucú puede alcanzar los cuatro metros de largo y un peso de cien Kg de peso, aunque este dato enciclopédico tampoco fue razón para que este escribiente cayera en la historia de un pirarucú de 10 metros de largo que volteó una embarcación y el valiente pescador tras forcejear con el animal logro darle de baja y mientras se estremecía en sus últimos estertores del reino de los vivos lo montó y logró llegar a la orilla donde muerto  el pez  el hombre lo  exhibió por tres semanas consecutivas, gigante del cual todavía a mi visita comí un suculento filete a saber de su pesca hace muchos años.

Este dato decidí creerlo para evitar matar la fantasía que con tanta dificultad creo en mí la fuente lugareña de la historia.
Si te quedas en el rió después de las seis de la tarde te puede ocurrir que un pescadito se te acerque y busque cualquier orifico expuesto ó no expuesto de tu cuerpo y ya instalado dentro empieza su festín, te devora de adentro para afuera, -a nosotros nos toco ver un delfín al que se comió este bromista pez, por eso le tenemos mucho respeto al río y cuando ha llovido ó a caído el sol casi nadie se mete al agua para no tener que lidiar con ese malestar estomacal-

Hay más famosos que servirían hasta a Tarantino de inspiración pero en aras de que mi intrépido lector no abandone estas líneas resumiré este tratado de espantos acuáticos con esta última especie. -Contamos en nuestras frescas, tranquilas, hermosas y refrescantes aguas con gran variedad de peces entre ellos: los Serrasalmidae llamados pirañas-, para mi tranquilidad supe que solo atacan en manadas si huelen la sangre, mas tranquilo estuve cuando supe además que si el ataque se produce, en pocos minutos pueden dejar limpio de carne el esqueleto del animal atacado, por grande que sea y no excluye a los homosapiens.

Pero por fortuna existe el Tarapoto un lago de belleza incontable donde la emoción se hace incontenible y los pánicos adquiridos olvidados.
Este lago que comparte aguas del río amazonas es el varadero de los delfines rosados, hasta aquí llegan estos saltimbanquis a exhibirse por que ellos saben que hasta aquí llegan los humanos a encontrar lo asombros que les ha negado la vida, ver un delfín rosado es una experiencia mística, un encuentro cercano con un habitante del planeta que dicen evolucionó colateral al hombre, pero mas emocionante es verlo desde un bote para seis pasajeros al que le han montado quince y en el que no te puedes mover por que corre el riesgo de voltearse, la emoción aumenta cuanto los que están en sentido contrario empiezan a ver los delfines y cuando se consigue girar con toda la precaución para que la embarcación no zozobre entonces los delfines cambian de ubicación y siguen apareciendo solo a los otros y el pobre de uno se queda sin verlos porque ver un delfín es una experiencia mas que mística, se debe ser un elegido para que ellos vengan y salten al lado y enseñen sus ojitos negros y redondos y su piel gris porque lo único que conseguí ver fue un rabo de pez que no era propiamente rosado.

¡Bueno! es regresar en un peque-peque diseñado para veinte pasajeros con solo cinco; aquí la cosa cambia, nadie regaña por que la embarcación se tambalea, uno se da el lujo de sentirse valiente y aunque se ve agua por todos los lados el viejo dicho de ahogarse en un vaso de agua pierde sentido y eh aquí que el milagro ocurre, los delfines salen saludan, preguntan por la familia, mandan razones, nos reímos y nos invitan a nadar con ellos mientras nos garantizan seguridad; en mi caso preferí hacerlo con el chaleco salvavidas pues no me confío mucho de un delfín que apenas conozco, así me bañe entre delfines, los vi rosados y hasta azules, les canté y me cantaron me sugirieron técnicas de respiración nos hicimos amigos (pero no me quite el salvavidas) y luego al despedirnos pidieron guardar el secreto.

Ya en la embarcación mientras nos alejábamos los vimos nadar en circulo acercarse a la orilla saltar y caer de pie en tierra firme y caminar hasta internarse en la selva.

Dice una veraz enciclopedia escrita por enciclopedistas que no se dejan llevar por la subjetividad del embrujo amazónico, que son fieles a lo real, que no creen en patrañas del lenguaje que no le comen cuento a la semántica, que no se entienden con los enredos de las trampas lingüísticas que se inventan las comunidades para resolverse sus preguntas informulables ó aquellas respuestas que terminan siendo inventadas por uno mismo para entrar en la dinámica de la invención, dice así: el  buto o inía pertenece, como su otro nombre indica, a los delfines fluviales (Stenidae) y es, por lo tanto, un cetáceo. Tiene un tamaño de poco más de dos metros y se alimenta de peces pequeños y medianos. Al ser animales de respiración pulmonar, tienen que emerger periódicamente para respirar y lo hacen de forma muy ruidosa. Como los marinos, son inteligentes y domesticables y en ellos se apoyan algunas leyendas de sirenas. Sin que se sepa bien por qué, los indígenas los respetan. En relación con ello, sí es más sorprendente saber que ese respeto es un fenómeno generalizado a todos los delfines fluviales de otros ríos de la Tierra.

A la víbora víbora del amar-zonas/ yo me canto esta canción/ que sonando un cascabel/ va prendido al corazón/la sirena bailará y traerá consigo el son/ de este nuevo despertar que procura un nuevo sol/viéndolos a ellos volar la víbora no atacó/





[1] De manera popular conocido como síndrome de Down
[2] Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

jueves, 19 de abril de 2018

EL DIA EN QUE NOLBERTO CONOCIÓ EL HIELO


Cuando José murió se llevó consigo los mejores sabores que tenía el mundo.

Él, un hombre de aspecto frágil, con la cabeza inclinada y metida entre los hombros cómo si fuera una tortuga, era el poseedor de la alquimia de los dulces que marcaron la niñez de muchas generaciones en aquel pueblo de calles desiguales, casas inmensas con tejados de barro, puertas y ventanas pintadas de verde.

Fue de las pocas personas que tuvo la peculiaridad de ser un viejo toda la vida, nadie lo recuerda joven, ni mis amigos, ni mis padres, todos parecemos tener la misma percepción: El hombre no cambió, así que no es de sorprender que a sus noventa y tantos años nadie le notara su edad, pues siempre había lucido igual, quizás un poco más inclinada la cabeza, pero ¿A quién no se le tuerce por cuestiones del tiempo o de las ideas? De repente se le veía trashumar las calles luciendo un delantal blanco vendiendo  todo lo que se le antojara, fue toda la vida un vendedor; ora solteritas, ora obleas, por temporadas copos de nieve en barquillos, algodón de azúcar, mangos y naranjas de la rivera del cauca, aguacates, nísperos y limones.

En un cajón blanco atado al cinto, en un costal o en una caja, portaba sus productos y recorría el lugar en procura de compradores incautos que resultaban ser más generosos que ingenuos, pues le compraban los aguacates llenos de pasadores, los limones revejidos y las solteritas quebradas sólo por ayudarle, porque a muchos daba ejemplo de hombre trabajador, un alma que vivió del rebusque y a pesar de su escasa educación poseedor de una filosofía profunda y aguda, atributo que los hombres humildes suelen tener.

Luisa todavía recuerda como si fuera ayer la tarde de domingo en que comió por primera vez algodón de azúcar, el cielo estaba azul, el sol brillaba en su poniente encendiendo los vitrales de la capilla, y en su boca la ilusión de comerse una nube se desvanecía al contacto con sus labios, dejando a su paso un dulzor imposible de descifrar, mismo dulzor que años después apareció  al dar su primer beso y que nunca más volvería a sentir por el resto de su vida.

-Las campanas no anunciaron su muerte, esas se usan para regocijos y honras  de gente de cuello blanco, José ni cuello tenía -, dice Nolberto mientras sonríe y los ojos se le aguan, al igual que un personaje de García Márquez recuerda aquella tarde en que conoció el hielo; era de color amarillo y echaba humo, con asombro ve  como en un barquillo quebrado, que al instante el vendedor se apura a ocultar entre sus dedos, vacía con una cuchara el milagro del hielo convertido en helado, - aquí le va otro poquito -, dice Don José haciendo el ademán de pasar la cuchara de nuevo sobre el helado y lo que hace es quitarle un poco de lo que ya le había echado.

José contaba con un atributo extra, la ubicuidad, esta le permitía estar en todas partes al mismo tiempo, así atendía la salida del colegio, la entrada a misa, la esquina de macondo, al mismo tiempo en que se tomaba un tinto en el bar Luna Park, pedía una moneda en la terraza, cargaba un bulto de mangos al hombro por la pendiente de la vereda la sola o se quedaba mirando con indiscreta precisión a alguna dama del pueblo para a su paso decirle: -siempre es que hay mucha beatica en este pueblo -.

Tal vez por su aspecto desgarbado y un tanto desaliñado, se ganó el mote de Agonía, así se le nombró y así se quedó hasta el día de su agonía definitiva, se molestaba cuando le llamaban de esta manera, pero sabía dar habida respuesta a quien le molestaba con palabras socarronas y de una acidez que dejaba mudo a quien osara llamarlo por su apodo.

El día en que Don José murió mi corazón se arrugó un poco,  y de repente me di cuenta  que con su muerte dejó el cupo para un nuevo viejo, somos varios los candidatos, pasamos tanto tiempo reparando en la vejez del otro que se nos olvida que hace rato nos gastamos  la eternidad de la juventud propia.


Carlos Andrés Restrepo Espinosa


martes, 10 de abril de 2018

SUEÑO

Fui a tu casa, no se si por invitación u ocurrencia, allí estaba sentado en una silla, en un comedor sin mesa, en una casa sin gente, de repente tu apareciste vistiendo una salida de baño de seda con estampado de flores, olía a lila; en los sueños en ocasiones hay olores, te paraste frente a mi y soltaste el lazo que mantenía tu cuerpo a salvo de mi mirada, tu desnudez  abrió ante mí un cuerpo delicado y blanco, tomaste mi mano y la pusiste sobre tu barriga y fue justo en ese momento en que empecé a notar que se iba hinchando en una redondez perfecta, sentí un nudo en la garganta al darme cuenta de tu estado, una angustia egoísta de no ser el artífice de aquel hecho me hizo llorar como un niño adelantandome al llanto del aún no nacido.  De repente empecé a desvanecerme, supe que  tenía que salir de aquel lugar y dejar que la vida transcurriera en los dueños de aquel sueño, cuando ya solo era visible mi mano aún acariciando tu vientre alcance a escucharte decir que no me fuera que yo era el hombre que había trastornado tu cuerpo, pero era demasiado tarde, ya estaba despierto y cambiando de lado en la solitaria cama.

domingo, 8 de abril de 2018

DECLARACIÒN

Ando en mis controversias
Mi amiga de mar lame mis pies con su vocación de ola,
A todo lo ancho de mí pierdo credibilidad, mi corazón pierde valor,
¿Para que darle valor a lo inaudito de estos crepúsculos prestados?
Ando en  mis controversias,
Un día estío,  otro aterido, otro incierto,
Soy menos  de lo que ayer amaban de más.
A mis treinta y tantos;  ¿cómo esperar  que alguien me entienda?
Ni yo lo consigo,
Me avergüenzan estas elucubraciones,
 Lo  rebuscado de las palabras que uso en mi defensa,
Sería de mucha ayuda no haberte leído jamás maldito león
Ni haberte cantado amado Leonardo.

Soy  un corazón de caballo sabanero,
Pluma de barranquero perdida en el cortejo amoroso,
Vacante sátira,  alevoso y truhan impostor de la palabra.
Nada mío,
Todo robado.
Ajeno en cuerpo y alma a estas circunstancias 
Que me aferran una vez más a lo irrefutable.
Yo en lo más profundo de mi sacramental pérdida,
Yo en parte culpable,
En parte santo,
En el todo perdido.
Amén de mi más reciente patraña
Exultado en el averno de este dulce cáliz

Que no aparto.

jueves, 8 de marzo de 2018

LA FISOGNOMIA DE UNA CANCIÓN




Carátula Frontal de The Rolling Stones - Grrr!


























Bueno, ella es muy rica, es la verdad,
así que en eso ella me supera;
esta vestida toda de rojo, blanco y azul;
ella es tan afectuosa
fresca, tranquila y segura;
ella sabe a quién le sonreirá hoy,
 fue educada deesa manera,
sabe todas las reglas de los juegos que practica
y siempre sabe lo que dice;
en el público la escuchan con paciencia;
 ella irradia un aire de confianzapero
por detrás no es tan cuidadosa.
Solamente los barre bajo su pelo.

(Cancion Cool Calm & Collected, Rolling Stones 1966)



Una monstruosa imagen antecede este escrito, seguida de la letra de una canción a modo de epígrafe, es de anotar que la fuente de dicho texto es menor a la utilizada en estas letras que empiezan a ocurrir y de manera intencional también menores a la imagen del gorila, siendo importante el tema que la canción alude, es más relevante el gesto de nuestro gentil antepasado que posó para los Rolling Stones en la caratula de su Disco, Grrr.

Así es que, con copioso ánimo y deliberado antojo voy a arriesgar mis pasos en un tema que es nuevo para mí, la fisiognomía y la patognomónia.

“La Fisiognomía significa un arte que enseña por sus lineamientos externos y color del cuerpo las disposiciones internas que sirven a las operaciones del alma”, traduce el profesor Rodrigo Zapata del Monje Benedictino Benito Feijóo en el texto: “Del espejo del alma al divino oráculo de la escritura La Fisiognomía y la Patognomonia” según Benito Feijóo.

El rostro guarda secretos, no se suscribe exclusivamente a la cara, todo el cuerpo contiene información, la conjunción de herencias y las acciones propias de la vivencia de cada individuo modelan ese rostro en el que se advierte como es su alma.

A la luz de esta llamada pseudociencia que tiene orígenes en los griegos se puede definir por la apariencia externa de una persona cual es el carácter y la personalidad de esta, el filósofo suizo Johann Caspar Lavater en su obra “el arte de conocer a los hombres por la fisonomía” (1775-1778), con su aguda observación analiza las acciones y reacciones de las personas por sus rasgos, buscando concordancia y relaciones; Lavater es considerado el fundador de la Fisionomía.

Pero volvamos a nuestro peludo(a) amigo(a) de la caratula Inicial; a primera vista podría considerársele grotesco, es inmenso, enmarañado, en su hocico se advierte una mutación de pelos a escamas que le llegan hasta el contorno de los ojos, la nariz a pesar de ser chata presenta un movimiento oblicuo de las fosas, olfatea profundamente, algo trama, solo entra en cuadro su hombro derecho casi a la altura de su rostro, sugiere que está cómodamente sentado tras la orden del fotógrafo o que tiene estirada la mano ofreciendo algo que el diseñador nos negó a saber.

El hocico presenta una tercera mutación, unos labios muy femeninos se abren para dar paso a una sugerente lengua roja con una hendidura negra en la mitad que indica una división del musculo y a cada lado líneas blancas que debemos asumir como reflejos de luz sobre la húmeda exhibicionista. Corona esta bocaza una sonrisa trazada por cuatro dientes y dos colmillos que parecen de esos de plástico que usan los niños para jugar a los vampiros.

Para Feijóo hay cinco principios que rigen las reglas generales de la fisiognomía: por analogía, por semejanza, por relación de color o aspecto con una virtud, el cuarto se basa en la teoría de los humores y temperamentos y el quinto la comparación o representación del otro sexo.

El primer principio se conoce como fisiognomía zoológica, se remonta a las primeras fabulas, se sirve de los animales que son vistos con estructuras corporales más simples que los humanos para establecer semejanzas y a su vez apartarlos del carácter humano.

Empiezo a añorar a mi invitado especial, así es que para marcar una ruta de retorno a su peluda presencia voy a citar a Patricia Magli que es a su vez citada en el texto de Benito Feijóo y que dice: "Los animales Fijados en imágenes emblemáticas funcionan como un espejo invertido a través del cual es posible reconocer las pasiones, los vicios y las virtudes de los hombres".

¿Cuáles podrían ser los signos morales que encierran las partes en mención de este rostro?, si miramos detenidamente sus ojos, hay un deje de ternura, casi que podríamos decir que su alma es noble (haciendo simpatía con el discurso racional de los brutos que dice: los animales están dotados de un alma que aún siendo materia posee facultades muy similares a la humana).

Veamos pues como el alma de este simio sale por sus ojos, brillan y ese brillo transmite serenidad, una serenidad que matiza los rasgos bruscos de su figura y de repente todo el animal es un inofensivo icono de sexualidad socializada, la boca en realidad es el logo que la banda mando a diseñar cuando crearon su sello discográfico y que un joven diseñador llamado Jhon Pascher por encargo de Jagger; creo inspirado en la Diosa Hindú Kali, lo que sigue es solo Gorila, un Gorila común y corriente de los que se pueden ver en los zoológicos o en las películas, pero que aquí busca aproximarnos al hombre o a la mujer, porque siguiendo en la tónica de leer este rostro a esta altura ya tiene más fisonomía de hembra que de macho, es una delicada Gorila que ofrece un lengüetazo, cálido y húmedo, “ella sabe a quién le sonríe, fue educada de esa manera, sabe todas las reglas de los juegos que practica, ella irradia un aire de confianza, pero por detrás no es tan cuidadosa”.

Pero ¿tiene esta singular figura otra intención?, acaso la mujer que es descrita en la canción del epígrafe tiene un rostro que oculta bajo ese pelo que barre con todos los que le admiran?, ¿tienen relación o son el mismo ser?, demasiadas preguntas que podrían ser congeladas como lo hace la fisiognomía con los rasgos de los individuos para inferir de allí en sus pasiones.  Para Benito la primera es falsa porque analiza el carácter en estado de reposo, el cuerpo se antepone al alma, lo que es considerado inaceptable, así la verdadera sería aquella que estudia el carácter en movimiento, es el alma la que ejerce influencia sobre el cuerpo.

Sustenta esta tesis de falso y verdadero en la observación de un cadáver en cuyo rostro dejan de percibirse los signos que le deban un carácter, la fisiognomía en tanto a artificio desaparece con la inercia de la muerte.

Me aferro entonces al alma femenina viva y radiante que deja ver sus ojos a través de la bestia Felpuda que encabeza esta divagación, consciente de la superioridad que tiene sobre mis pasiones, es una bestia femenina cualificada y puedo dar fe de las correspondencias entre el alma y el cuerpo que le sirven para llegar a mí, aunque terminen siendo funestas las asumiré solo como una canción, una letra que atrapada en la línea melódica expresa un deseo de afectarme, pero entre la armonía compleja y las amalgamas rítmicas me invento otro cuerpo donde su alma y sus facultades no lograrán tener gobierno alguno sobre mí.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa