jueves, 5 de noviembre de 2015
miércoles, 21 de octubre de 2015
DE DOCENCIA INDECENCIA Y DECADENCIA
Las virtudes de la identidad.
Siempre he sido un improvisador, el
vértigo de lo inesperado me resulta valioso, preparar implica desconfiar,
predisponer el resultado, confío más en el albedrío del devenir causal (¿casual?),
la infinidad de variables que se abren con solo decir: había una vez...
El viejo disparate del diario de campo,
de la planeación, siempre me intimidaron, supongo que pasar por alto estos
pormenores metodológicos hacen de mi un profesor mediocre; la mediocridad es un
asunto que me despierta una gran inquietud, la palabra se la escuche por
primera vez al profesor de física del colegio, él nos decía mediocres cuando no
hacíamos bien una tarea, yo no sabía que era ser mediocre, cuando eso, la
mediocridad no existía en mi lenguaje, por tanto no existía en la vida ( en mi
vida), desde entonces me he preguntado si la educación creo la mediocridad, o
si la mediocridad fue arrastrando a la educación a crear alumnos como nosotros,
y en ese orden de ideas: ¿dónde quedaba el profesor?
Siento que no fui educado de la manera
adecuada para manejar por ejemplo el tono de mi voz, ese detalle me ha
ocasionado momentos incómodos, tampoco tuve una iniciación temprana en unas prácticas
sensibles y delicadas respecto a los derechos y libertades de los otros, esto me
ha llevado a ser en ocasiones intolerante y altisonante, y lo que más me enfada,
ser contradictorio; la coherencia debería ser una de las inclinaciones de la
educación, pero no hay un modelo que enseñe a vivir y creo que ya debería haber
un currículo al respecto, no digo que la escuela tiene la responsabilidad
completa de la formación, pero si la iglesia y el estado intervienen, deberían
los educadores, los intelectuales, los filósofos, salir al paso y hacer lo suyo
a tiempo; aún seguimos a la espera de una educación que nos forme en valores,
respeto y reconocimiento en el otro, una educación en la libertad de elección
de pensamiento, dudo que se consolide, mientras tanto seguiremos yendo a
estudiar.
La educación de la que fui víctima no
arrojó en mi mucha riqueza espiritual, sino religiosa, hasta el día de hoy la
religión ha sido un lastre que me ha privado de una vida plena y disfrutable
por estar sintiéndome culpable de lo que hago y responsable de lo que digo,
como si me fuera a caer un rayo si me doy un beso con una mujer extra, o me
tomo un trago de más; ser ateo es un buen deseo, pero es muy difícil, la culpa
es la peor enseñanza que he recibido y lo más cruel es que el doctorado se hace
en la primaria con refuerzo en la casa y en el colegio.
Con el paso del tiempo terminé siendo
profesor, trato de hacer bien mi trabajo, me esmero en no enseñar nada, me ocupo,
eso sí, de no parecerme a los profesores que tuve en mi formación, de algunos
conservo gratitud y buenas confrontaciones, de la mayoría, ni de sus nombres me
acuerdo, tengo por estrategia no enseñar, me ocupo en ser un provocador de
rabias, malestar, inquietudes y una que otra pregunta, cada uno verá que
recursos busca para responder, digo que no soy mediocre, si la enseñanza
se ha especializado en producir mediocridad, tendría que decir que a duras
penas soy un profesor, en esta Colombia donde la educación es la cenicienta del
cuento, ¿con qué ínfulas podría yo permitirme semejante apelativo? .
La educación dejó de ser una
responsabilidad con la sociedad y se volvió el lema de los políticos inescrupulosos,
como si educarnos fuera su favor y no una responsabilidad con el pueblo, así la
educación terminó siendo un proyecto que invierte más en publicidad y en frases
de cajón para promocionar al político de turno y sus fantasías de poder,
que en investigación, participación y creación de cultura de intercambio de
saberes, al fin de cuentas terminamos convencidos de ser los más educados, sin
darnos cuenta de que somos los más maleducados.
En realidad he sido más un
ocioso, de eso pueden dar cuenta mis
amigos que son pocos y bastante desocupados, pues no es bueno rodearse de
gente parecida a uno mismo.
Más turista que investigador, reconozco
que primero conocí el río Hudson que el Orinoco, doy fe de haber surcado el
Amazonas, pero me avergüenzan singladuras más profundas que quedan pendientes,
reconozco que me falta mucho para ser Latinoamericano, que en ocasiones he
sentido vergüenza de ser Colombiano; como aquella vez en la frontera del Perú
con Bolivia, en la que fui tildado de guerrillero y de narcotraficante, no me
creyeron que era músico, pero fue sencillo, lo resolví con cincuenta dólares, a
veces de nada sirve ser honesto.
Soy todo corazón, pero vivo infartado,
aquellos con los que me hice me descalifican, imaginen ¿cómo será cuando llegue
a ser alguien en la vida?
El gran complejo Colombiano es que nos
devastamos entre nosotros y no alcanzamos a surcar las fronteras, pero lo más
lamentable es, que mientras estamos aquí, perdiendo el tiempo en reflexiones,
otros están ganando terreno y no con la mejor propuesta.
Yo soy Jara, Violeta, Facundo y Fecundo,
Gallinazo y Silvio, soy Alí Primera y Compáy Segundo, soy azúcar y amargura,
soy pan y ojalá más, soy Mercedes y Collazos, soy Anapoima y Liverpool, soy Condorito y Mafalda, ya fui
a Machu Pichu, y navegue el Titicaca, me bañe en el Tarapoto entre delfines
rosados, tome la línea Q del metro rumbo a Queens, surqué el Atlántico hasta
Yucatán y bebí tequila hasta ver cangrejos azules en Cozumel, tome chicha con
los Wuitotos, biche con músicos del Chocó, aguardiente con mis tíos, vino con
las monjitas, whisky con algún petulante (ya dije que era muy ocioso) y vodka
en algún coctel al que no fui invitado y aun así, no consigo ser pagano, un pagado
feliz que encuentra a sus dioses tras la libación, por el contrario, me asalta
el arrepentimiento, la culpa, que vergüenza, uno a estas alturas en que no
debería creeren nada, creyendo en esas tonterías.
Estas peripecias han dado a mi magín
unos rasgos de identidad particulares, después de todo, esas manías con las que
me identifico y me van definiendo deben ser lo que implica ser colombiano,
aunque sigo sin aceptar el prototipo del mal hablado y desfachatado que se ha
configurado del típico habitante de esta patria, pero hay que insistir en el
inventario de lo que se es para llegar de lo singular a lo plural: soy pueblo y
retreta, música y silencio, flor de azahar, soy memoria y al mismo tiempo
olvido, si no tengo un territorio que siento mío, no tengo nada, si no me duele
el país, no existe el sur, si no reconocemos el norte, no existe el mundo, si
no nos ganamos figurar como Latinoamericanos con todo eso que podemos ser, con
todo lo que alguna vez fuimos, con la capacidad de reconocer todo aquello que
nunca lograremos ser.
Carlos Andrés Restrepo Espinosa
Músico Indecente y Docente
lunes, 28 de septiembre de 2015
CUENTO
Sacerdocio
Los demás veían a un sujeto de mal carácter de ceño fruncido, de aspecto reservado, con la mirada puesta en lo alto de las cosas comunes, pero el en realidad era un hombre sencillo, amable y dócil, de fácil acceso, sonriente y de buena postura, atento a todo y de buena conversa, sólo que esta personalidad sólo era accesible a el mismo en sus soliloquios vespertinos.
Nutría su rampante soledad con sermones que improvisaba mientras observaba su entorno, mirar para el era ocurrir entre las cosas, a medida que transitaba iba haciendo como esa voz invisible que aparece en ciertas películas, la narración de todo lo que iba aconteciendo, como si el no hiciera parte, pero necesitara hacerle saber a alguien más que todo aquello que no era suyo, podría cambiarlo a su antojo según la forma le viniera en gana de nombrarlo.
Los demás por su cuenta terminaron ignorando sus formas de socializar, si es que se le podría llamar así a esa combinación de manes hiperquineticos y palabras bodrias que le terminaron por definir y signar como un personaje extraño.
A los 38 años de edad en la hora tercia del día de su celebración se fumó el último cigarrillo de la cajetilla que había iniciado al comienzo de la jornada, tomó un sorbo del café que estaba ya frío en el pocillo sin oreja y allí mismo en el rescoldo negro de la bebida apago la colilla, se levantó del taburete, camino en dirección al cuarto de baño, desenfundó la correa de cuero que un amigo de otros tiempos le había heredado, con un diestro latigazo la ensarto en el tubo del baño, retiro de la sandalia su pie derecho y lo puso en el borde de la tasa sanitaria, se empinó un poco para alcanzar la ojiva que hacia un ángulo estrechó para su testuz, y con esfuerzo la introdujo en su cuello, pensó en que debía apurarse, no quería ser sorprendido antes de terminar su empresa y pasar una vez más por tonto ante los ojos de dios, respiro profundo y dio un salto. No volvió a pensar en nada más.
lunes, 31 de agosto de 2015
SOLOS
Locos y solitarios termínanos siendo todos, aunque finjamos
compañía o la presumamos, pues al caer el telón siempre la soledad es la que
hace posible rememorar el tiempo de la algazara, algunos divinamente locos
poseedores del azaroso dolor que trae la lucidez, otros solo locos, yo me
reconozco con vocación para la soledad y hago pinitos para no ser solo un loco.
No le encuentro motivo de sospecha a estar solo, por omisión o por
abandono la soledad entraña sus laberintos, no es sencillo andar por ahí sin
dolientes, pero también digo yo, debe ser muy abrumador tener que llevar una
vida acompañado de alguien que no se quiere, solo por seguirle el capricho a
ciertas imposiciones sociales que obligan el aguante y la sumisión.
Tengo conocidos bastante amargados que en cada mañana sienten la
liberación de la opresión de un mal descanso al lado del verdugo de sus sueños
y auguran la eternidad de ese día y tienen que disipar el advenimiento de la
noche con unas cuantas copas.
Mi hermana con sorna muchas veces me llama el "biatico"
de la casa, por ahí en la calle otros con mayor enfado y sobre todo a las
mujeres les dicen: que las dejo el tren, que se quedaron para vestir
santos, que se les paso el cuarto de hora y no aprovecharon y en fin, cuanto
comentario deleznable en contra de quien está solo, a veces pienso que en el
fondo están celosos, no soportan que otros puedan hacer una vida feliz y plena,
en nada frustrada como es el pensar de aquellos que creen que solo se puede
tener sexo en pareja, o vivir en pareja o hacer planes en pareja o viajar en
pareja; no digo que esas cosas no sean maravillosas, tener a quien decirle:
mira que bello día, alcánzame las pastillas, debe ser algo hermoso, pero
no tenerlo no tiene porqué ser cohonestado con un acto en contra de la virtud.
De las misteriosas frondas de las vidas de muchos solitarios han
surgido: sonatas, obras de arte, poesía, cálculos matemáticos, complejas
estructuras físicas, novelas, obras de teatro, formas del pensamiento y
canciones que dan significado a nuestras vidas y nos dan pistas del camino a
seguir.
Divinamente solos llegamos y de igual manera nos iremos, pero es
bueno el engaño de la compañía, la ficción lingüística del amor, la dramaturgia
de la presencia, la postal cotidiana del afecto, inventamos demasiadas cosas
para evadir el abismo insondable de nuestro propio miedo a la muerte, la fatiga
incondescendiente del vivir.
Para muchos tener compañía es una bendición, para otros una
condena, la existencia es abrumadora y no deja de hacer su trabajo cotidiano de
irnos gastando, cuando hacemos consiente que mientras vivimos también va
pasando el tiempo nos suele acosar el malestar de todo lo que queda pendiente,
solos o acompañados es menester ocuparnos de nuestro propio devenir, la empresa
de construir el propio ser en su cabal hacer y sentir es lo que debería
ocuparnos, pero solemos perder ese tiempo ocupándonos de la vida de los otros.
En contraposición a los solos y a los acompañados están los que se
ocupan de señalar, esos tienen mucho trabajo, sus jornadas deben dejarles muy
fatigados, tras urdir complejos dictámenes morales del suceder de los demás;en
ocasiones yo mismo me he sorprendido haciendo parte de este indeseable grupo y
aunque sé que este acto de honestidad no me salva, estoy haciendo mis pinitos
para ser prudente y tener el silencio como un buen aliado, hoy no fue así.
Señalar al solitario es tan inútil como darse ínfulas de estar
acompañado y llevar una existencia abandonado de sí mismo.
Carlos
Andrés Restrepo Espinosa
sábado, 15 de agosto de 2015
miércoles, 10 de junio de 2015
VACACIONES
Tampa florida, al amanecer de un tequila azul reposado.
Re-po-sa-do
Reposa-do
Repo-Restrepo-sado-osado.
Vericuetos, canciones mexicanas pegando directo en el alma,
Sal con limón, al limón la sal.
Mi amiga se casó con un gringo por un carro, dos cosas,
Una casa, un queso y una ciudadanía,
Mi amiga llora por otra…
Por otra historia que tiene pendiente; llora porque
Sabe que nunca será lo que desea.
Soy un hombre sentado ante una fogata de artificio,
Comida de artificio circunda mis jugos gástricos,
Mis ácidos se alteran por los aditamentos del “do not enter”
Pero me levanto de estas ruinas y sigo mis andanzas.
Yo mastico coca
Camino sobre caca
Yo fumo mariguana
Bebo tequila
Musito vinos
Regurgito brandis
Humecto borbones
Libo libanesas
Deseo húngaras
Le huyo a las yugoslavas
Le busco el lado a las Indúes
Y las hindúes me huyen
Pero sonríen
Al saberse bajo mi escrutadora mirada.
Solo debo un breve
espejismo o un lánguido beso.
Yo me arrojo al mar
Y me salvan las aves con sus picotazos
Me aferro a sus plumas y me adhiero a su vuelo,
Subo a lo cielos de colores
Donde los Dioses se cansaron de habitar.
Yo soy vago,
No me da miedo el alcohol en mis venas,
Los millones de mi seguro cubren hasta Singapur
Puedo violar las normas
¡Ay! Norma mía, siento
esta revelación,
Mi Norma querida a quien canté infinitas veces
Contigo viviré sin ti me moriré.
Mi corazón rebelde acapara atardeceres
Colecciona aves
Memoriza sonrisas
Alecciona tristezas
Mi corazón es un puto, como yo,
Pero amo las mariposas y soy hijo de un poema.
En florida al amanecer;
Soy un recuerdo
Soy el universo
Soy el desencanto
Soy el pasado
Soy la palabra
Que luego leeré y diré:
“Vaya soy mas que un cuerpo que tañe guitarras,
Soy lo más perverso, o soy un demonio;
Un ángel que sacó una
vida de vacaciones”.
A.R
sábado, 6 de junio de 2015
INSÍPIDO
No sabe a nada este sábado
Sin tu boca entre mis palabras,
Empalaga la dicha de los otros
Y sus maromas de amor ente mi abandono.
No tiene ritmo la banda sonora
De este espejismo que te inventa,
Fatiga la sospecha constante
De que quizás me quieras.
No saben a nada:
este café de altura,
Ni el sábado,
ni estos labios que muerdo
Para detener la risa,
ni las lagrimas que dejó salir
Para que entre la tristeza.
A.R
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