sábado, 17 de junio de 2017

INFRAMUNDO


En la quinta temporada de la serie de televisión Once upon a time (había una vez), los protagonistas muy empecinados en hacer el bien van a parar al inframundo que no es el infierno, lugar cuidado por Hades que no es el diablo; este es un lugar  al que se llega atravesando un rio llamado Aqueronte en una barca conducida por una persona de malas pulgas llamada Caronte, quien solo deja subir a su embarcación a aquellos que paguen el pasaje, cobra un óbolo. Por eso los antiguos griegos cuando enterraban a sus muertos les ponían una de esas monedas debajo de la lengua, los muertos pobres debían vagar cien años por las riveras del Aqueronte hasta que Caronte los dejaba subir gratis a su barca, claro que después de un siglo de espera ya no parece tan gratuito el viaje.

En varios capítulos de la temporada los personajes de cuentos de hadas conviven con los personajes de este mito griego, como no llevan dinero es Rumpelstiltskin quien con sus conocidas mañas les ayuda a tomar la barca facilitándoles unos cuantos pases de cortesía. La misión es rescatar al capitán Garfio que es un amigo entrañable de Blanca Nieves, en esta serie no se puede tomar la versión oficial de los Cuentos de Hadas con mucho rigor histórico.  Al llegar al inframundo se dan cuenta que este lugar está lleno de personas que están en tránsito hasta  que puedan trascender a su gracia final porque tienen un asunto pendiente y hasta que no lo resuelvan no pueden continuar el viaje. El punto es que ninguno recuerda o quiere enterarse de cuál es su deuda y se quedan allí para siempre en el inframundo, un lugar donde no están ni vivos ni muertos, condenados a la insatisfacción perpetua.

A pesar de conocer el mito, llama la atención el enfoqué que los creadores de la serie: Edward Kitsis y Adam Horowitz  le dan al tema, y se me antojó suponer que yo era un personaje más de esta historia y me pregunté cual es mi asunto pendiente así que decidí ocuparme un poco en divagar sobre el tema y seguir fabulando, con el permiso de ustedes.
De uno a diez diga usted que tan dichoso está, ¿Cuál fue su última apuesta por algo temerario?, arriésguese a pensar por un breve momento en eso que tanto ha deseado toda la vida y aún es algo pendiente a pesar de que ya su calendario ha consagrado  varias primaveras y por momentos, para tranquilizar su conciencia se ha dicho que es asunto del pasado y que ya está demasiado viejo para esas tonterías.

Digamos que un genio maravilloso se le aparece en la esquina, este es un genio que nunca ha vivido en lámparas maravillosas, uno de esos genios que uno se encuentra en un bus, en un parque o en la fila de una de esas diligencias que quisiera nunca tener que hacer, uno de esos genios con los que compartes mingitorio, un genio normalito, que suda y siente afecciones igual que usted, pero que a diferencia suya las disimulan y eso lo hace parecer sabio. Este genio se aparece y le ofrece un único deseo, de todas las cosas que están pendientes y que han configurado tu gran frustración en la vida puedes elegir algo que te lleve a la realización personal y es perentorio decirlo al instante, de lo contrario ese genio se irá a la cantina siguiente o al burdel o a la capilla de la otra cuadra a ofrecerle su dadiva a otro más arriesgado que vos. 

Ese genio te habla de manera intima y te confiere un deseo, ¿Cuál sería? ¿Tienes claro qué tienes pendiente? Es posible que la redención sea precisamente la culminación de esa deuda que nos arrastra hasta en los sueños y nos deja cotidianamente la sensación de insatisfacción a pesar de los bienes alcanzados, del matrimonio envidiable, de esa carrera exitosa, del deseo voluptuoso por siempre consumado.

Está bien no nos ruboricemos, sé que es incomoda la pregunta, a mi me deja cierta sensación de ser un persecutor como dirían los sicólogos, con esta invitación a la reflexión, para cada uno hay un deseo pendiente a ser cumplido ¿cuánto tiempo más lo vas a postergar? ¿Qué disculpa será la que justifique el miedo a aceptar que el genio dador de deseos reside en cada uno y que tintinea constantemente su campanilla de provocación?
¡Oh! genio acaríciame con tu eco de campanario y deja que viaje a eso que nunca me permití, quiero ser un astronauta, un iluminado asceta, un ventrílocuo, un fabricante de muñecas inflables, un piloto de globo aerostático, un vendedor de algodón de azúcar,  un guerrero de espada y escudo, un reparador de alfombras maravillosas, un coleccionista de besos, mago de circo, sacerdote antes del concilio de Letrán, un catador de vinos, pulidor de diamantes, barbero, comerciante, literato y jamás un doctor, en cambio ser un vestuarista de damas en playboy.

Disculpa la familiaridad con la que  me dirijo, ha de sonar muy coloquial,  la verdad es que escribo en una noche de arrabal, una noche de tangos y vahos mezclados; ese tufillo de billar que trae ciertos dejes de urea, anís y nicotina, el genio que me tocó en gracia lejos de estar iluminado por los dioses es un pobre mequetrefe que conoce los avatares de la vida, ha transitado los vericuetos que yo no y heme aquí sin afanes tratando de solazarme en un lugar de mala muerte donde suelen estar las personas de buena vida. Heme aquí sin que me preocupe el inframundo, la realización personal, el chismorreo de mi gente, pueblo voraz que tanto amo, me quita y nada da, heme aquí transando con mi genio la dicha de tener todo pendiente y  darme el gusto de morir sin monedas en la boca.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa





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