domingo, 2 de octubre de 2016

ANTONIO MESA: COORDINADOR DE VESTUARIO

EL VESTUARISTA DE BOLIVAR


Cuando yo era niño, la televisión era una  llovizna, se suponía que era en blanco y negro, pero la recuerdo en escala de grises, en mi casa no había televisor, por eso, los primeros programas los vimos a través de la ventana de la casa de mis abuelos adoptivos, Gabriela y Miguel, por fortuna la ventana era de vidrio y las cortinas de malla, en algunas oportunidades, ellos que ya estaban encamados nos dejaban entrar a mi hermana  y a mí para ver “suspenso siete y treinta”, una serie de media hora trasmitida en el horario que llevaba su nombre y de paso nos quedábamos a ver todo lo que se pudiera hasta que escuchábamos los ronquidos de Miguel y salíamos sigilosos con la intriga de qué seguiría en la siguiente escena que nos quedaba inconclusa, anhelábamos el día en que tuviéramos en casa un televisor propio.
Los domingos pasábamos la tarde en casa de una tía que tenía un televisor grande de opulentas perillas,  allí aprovechábamos para ver junto con los primos la programación dominical que para ese entonces no tenia restricciones, por tanto, los niños la veíamos sin ningún atisbo de malicia y de pecaminosa obsecuencia, la televisión en mi caso jugó un papel fundamental en la comprensión del mundo y las realidades que ocurrían mas allá de los límites de la carrera quinta con la calle once, gracias a la televisión  volé con Héctor Mora a la china y con el doctor Don Mauricio y el Gordo Benjumea haciendo de campesino tonto supe del átomo, la condensación, la energía estática y por supuesto como era que viajaban las imágenes por el aire hasta llegar al televisor Phillips de mis vecinos y al de mi tía, todavía me cuesta entender semejante magia.

Teníamos una costumbre dominical, visitar a unas amigas de la familia, unas señoras muy queridas, eran como personajes de un cuento de Tomas Carrasquilla, dicharacheras, lúcidas, brillantes y con un corazón gigante; así eran Libia, Celina y Bernarda, vivían con el padre Alfredo (pero esa es otra historia que me pido contar en otra oportunidad), la visita se hacía en las noches y nos reuníamos en la habitación de las muchachas, como les decían a pesar de pasar todas de los cuarenta, Celina nos ofrecía café, Libia sacaba un tarro gigante de hojalata del rincón de la cama, cuyo contenido eran rosquitas y tornillos de los que dábamos habida cuenta y Bernarda sin moverse de la cama estiraba la mano y comía, y hacia los comentarios más oportunos y divertidos que he escuchado en mi vida, ella peleaba con los personajes de las telenovelas, se enamoraba del protagonista, decía que ella era más bonita que Amparo Grisales, en fin toda una comedia y una fiesta eran aquellas vespertinas de domingo. 

Por aquel tiempo estaban pasando una serie dirigida por Jorge Alí Triana llamada:“Revivamos Nuestra Historia”, nos convocaba, para ese entonces, además de conocer la historia de Colombia, un acontecimiento mayor, para esta familia y nosotros que éramos familia adyacente, pues para mí las Gómez fueron mis tías, porque mi primo “el Negro” era como su hijo.

Al terminar el programa esperábamos para ver pasar en los créditos el nombre de Antonio Mesa, como coordinador de vestuario, o como utilero, o como actor advenedizo; Antonio Mesa era un concuñado de las muchachas, hermano de Consuelo la Esposa de Roque, un Jericoano que siguiendo su sueño de actuar fue a dar a la Capital y allí empezó a trabajar en el Teatro Popular de Bogotá, estuvo desde  los inicios de esta entidad y al llegar la televisión a Colombia ingresó a este mundo donde se especializó en vestuario, pero también alcanzó a tener papeles secundarios en varias novelas, incluso por mucho tiempo se dijo que había protagonizado el Jorobado de Nuestra señora de Paris, pero allí fue realmente el encargado del vestuario.

Voy a recurrir a una técnica utilizada en el cine,  realmente viene de la literatura y que también aprendí en la televisión que es la analepsis o el flashback,  que no es otra cosa que narrar un acontecimiento en forma desordenada, voy a abandonar aquella habitación y dejar esos personajes, que sigan viendo su programa de televisión y me regreso al presente, realmente debería ser el futuro  para ser justos con la anacrónica, en fin ubíquese amable lector en el lugar que se sienta más cómodo, pues mientras está leyendo entrará a hacer parte del pasado.

El 13 de Junio del presente año la televisión Colombiana cumplió sesenta años, y se ha despertado todo un movimiento nostálgico, muy emotivo para los que nos tocó una televisión pensada para educar, con contenidos de calidad, programas de opinión, excelentes musicales y también uno que otro enlatado, esos programas de bajo presupuesto que nos marcaron la niñez y la adolescencia, y de alguna manera nos definieron como generación, todo un impacto social y una influencia directa en la cultura que inició en 1954 y que hasta el momento sigo admirando aunque ya me gusta más ver la televisión cuando está apagada.

En medio de esta celebración, recordé que de niño escuchaba decir a mis mayores, tal vez por esa extraña manía que tenemos (los de Jericó), de inventar cosas que terminamos tomando por ciertas, o que quizá eran verdad, que va uno a saber, por ejemplo: que Érica Krum la Tía Loli de dejémonos de vainas era de Jericó, que  Carmenza Cadavid, la mamá de la también actriz Dora Cadavid era de Jericó, que Rebeca López era Prima de la monita López, me da risa mientras escribo esto, pues hice mis pesquisas y por ningún lado aparece referencia alguna a que tuvieran raíces en esa comarca, tuve un pálpito y de repente se me vino una imagen, una gran cantidad de personas arremolinadas en la entrada de la casa de Consuelo Mesa en el sector de el Faro para conocer a su hermano Antonio que trabajaba en la televisión y que estaba de paseo, yo no alcancé a verlo, desde ese entonces no recordaba el suceso, supuse que era un invento mas de mi niñez y lo abandoné, pero decidí preguntar por el señor que decían había hecho de Jorobado de Nuestra señora de Paris en la versión Colombiana, al lado de Nelly Moreno y resulta que si, vivía aún, me emocioné bastante con la idea, tenía un motivo local para celebrar los sesenta años de la televisión, un Jericoano de carne y hueso, que estuvo tras bambalinas decorando y vistiendo a todos los personajes de muchos programas de la televisión, pues trabajó para R.T.I y otras programadoras, en especial, estuvo en “revivamos nuestra historia”, incluso, en esta serie hizo algunas apariciones en papeles secundarios, en la imagen que acompaña esta columna aparece en uno de los capítulos de esta afamada serie.


Inicié mi labor de indagador, curiosamente sus familiares sabían poco de él y de su paradero, cuando por fin logré contactar a una sobrina suya, organicé un encuentro para entrevistarlo, pero antes de poder concretar la cita, Antonio murió, así es que me la he pasado los últimos quince días conversando con un fantasma, tratando de armar un personaje creíble,  pues la información que me han ofrecido es poca y el imaginario que tenia de él muy grande, empecé por evocar mi niñez y en ella aparecieron personas que ya dudo si fueron reales o las inventé, en parte de esas ensoñaciones aparezco en la casa de unas señoras tomando café y viendo televisión mientras esperamos los créditos finales para gritar con orgullo:“ese es el hermano de Consuelo”, por otro lado he buscado en internet palabras como: vestuarista, jorobado, jericoano, tpb, encontré dos  créditos y como en mi ensoñación de niño grite orgulloso, ese es Antonio el de Jericó, aparece como coordinador de vestuario de la película“Edipo Alcalde” una producción de Colombia, Cuba,España, Francia y México, dirigida por Jorge Ali Triana, sobre un guión de García Márquez, basado en la obra de Sófocles, y también como vestuarista en la serie de televisión “Bolívar el Hombre de las Grandes Dificultades”, para mí era suficiente, creo que Antonio Mesa fue una persona real y no producto de  de una quimera infantil.

Antonio Mesa Nació en Jericó hace sesenta y ocho años, hijo del segundo matrimonio de Leopoldo Mesa con María Argemira Román, se graduó como maestro de la Escuela Normal del Instituto Colón, El gobierno de Estados Unidos lo certificó con el curso Abastecimiento General para Clases en el Fuerte Gulick, en la zona del canal, estudio teatro, ingresó al TPB en Bogotá, donde participó en varios montajes como actor y vestuarista, trabajó en series como “Gallito Ramírez”, “Padres e Hijos”, en el programa de farándula “Día a Día” como utilero, cuenta su sobrina en lo poco que recuerda.
Su sueño final era regresar a su pueblo y vivir en el asilo, estuvo esperando que le abrieran un cupo, pero nunca resultó, yo creo que en Jericó no hay cupo para ser viejo, inquieta pensar porqué no hay un asilo de calidad, un asilo en el que no se tenga que estar viejo para residir en él, una casa de retiro donde todo el que se le antoje pueda vivir, dignamente, sin que tenga que terminar sus días fuera del pueblo, esperando que los muertos le dejen un cupo a los que están por morir.


Las cenizas de Antonio finalmente regresaron a su pueblo el pasado 7 de agosto, pocos se dieron cuenta de su vida, pocos de su muerte, no habrá una foto suya en ningún anaquel de la historia de Jericó , nunca un reconocimiento oficial, ni una placa en su casa de las “quebraditas” que diga aquí nació Antonio Mesa el vestuarista de Bolívar, su vida la pasó tras bambalinas haciendo que otros figuraran, así mismo será tras su muerte, fue un extra mas en el reparto de esta ficción que llamamos vida.


CARLOS ANDRES RESTREPO ESPINOSA