lunes, 12 de diciembre de 2016

EL ÚLTIMO FILANTROPO


 Filantropía viene del griego (philos) y (ánthropos) que quiere decir amor (o amante de, amigo de) y hombre respectivamente, pero no se transcribe como amante de los hombres seguro para evitar malestar en la cultura, sino que reza en los diccionarios de los hombres de bien, con el encabezado de siempre: Dícese de aquel que profesa amor por la humanidad.

Los hombres más ricos del planeta destinan parte de sus ganancias a obras de caridad, generalmente los destinatarios son los más pobres de los países  subdesarrollados, cuando hacen un donativo se esmeran en que su nombre o la marca que les representa queden publicados en los principales medios, es muy necesario que las personas menos favorecidas sepan quién fue el que les regaló un mendrugo de pan y les alivio del hambre por un día; otros de estos filántropos se esconden tras corporaciones y desde allí controlan el planeta, deciden de qué nos vamos a enfermar el próximo año,  cuál será la droga milagrosa que nos salvará y por supuesto son los dueños del laboratorio que ha de producirla, saben desde ya como nos vestiremos en el siguiente verano, cuándo ocurrirá el próximo tsunami y donde comprar barato para después vender a descomunales precios.

Esos mismos hombres crean fundaciones para evadir impuestos y al mismo tiempo figurar ante la opinión pública como almas caritativas desprendidas de sus bienes, pero la verdad es que no dan puntada sin dedal estos amantes de la humanidad.

Inquieta saber qué pasa con tanto donativo y tanta obra social, hay demasiados programas para los menos favorecidos, planes de vivienda, desarrollo social, educación y salud y no se acaba la pobreza, por el contrario todos los días hay más pobres, los que se muestran con sus ropas raídas y que desde su aspecto se sabe que son pobres y los pobres vergonzantes, esos que sin tener nada aparentan que lo tienen todo; conozco poblaciones enteras así,  digo que es muy curioso que contando además de los ricos con los políticos que ofrecen soluciones para combatir la pobreza en cada temporada electoral, todavía la mitad de los habitantes del planeta tienen que vivir con menos de dos dolores al día, más de mil millones de personas viven en pobreza absoluta y peor aún cada año mueren de desnutrición entre trece y dieciocho millones de seres humanos en el planeta, según cifras de Naciones Unidas.

Mientras tanto los países de occidente gozan de unos lujos exagerados, solo el 20 por ciento más rico de la población de los países desarrollados consume el 86 por ciento de los bienes del mundo y como tienen tanto dinero, lo único que hacen para equilibrar su superávit de riqueza es salir a comprar cachivaches que no tendrán ningún uso, terminarán ocupando habitaciones completas en sus opulentas casas y cuando mueran crearán museos personales de objetos inútiles.

Lo complejo de ese modelo es que nosotros que somos un país vergonzante lleno de regiones vergonzantes y de pueblos en idéntica situación, lo hemos venido copiando y ahora para parecer ricos, negamos la pobreza y nos metemos en deudas que nunca terminaremos de pagar. Sin ser economista sospecho que por ahí va la nueva filantropía, brindarle al otro la posibilidad de que se endeude para tenerlo esclavizado de por vida y en eso, hay muchos poniéndole el alma; así que la pobreza nunca se va a acabar porque los pobres son el motor de los ricos, ese desequilibrio es necesario para que haya desarrollo y la civilización continúe con su plan maestro de privilegiar un sistema social en el que para ser alguien hay que ser rico y para ser rico hay que mantener pobre al de al lado.

Algunas personas que han poseído grandes fortunas y que no entraron en esas dinamias del capitalismo como le llaman a esto que describí de manera bucólica, terminaron arruinadas, quizás por sus exageradas obras de caridad o porque otro lobo se las arreglo para quedarse con sus bienes; por ahí escuché a alguien decir que uno recibe su respectivo castigo por cada acto bondadoso, debe ser cierto, pues los espejos son muchos.

Todo este preámbulo lo hice para hablar en este último párrafo de Antonio, el último filántropo del que tengo noción, un hombre que hizo su riqueza con trabajo honesto y limpio, creó su propio emporio comercial iniciando con la compraventa de café heredada de otro gran señor de apellido Londoño y luego pasó a la finca raíz, la construcción, teniendo éxito en cuanto negocio emprendía y aunque fue víctima de varios timos, siempre salió a flote y a su paso ayudó a que otros también se hicieran con su patrimonio, fue el motor económico de su pueblo, no pensaba como banquero porque ponía la generosidad por encima de la ganancia. Antonio regaló casas, fincas, carros, dio donativos a la Iglesia, pagó la pintura de templos, levantó casas para pobres, regaló mercados, invitó a guaro, tuvo una oficina en el marco de la plaza en la que recibía a cuanto menesteroso llegaba a pedirle desde cincuenta centavos para un café, hasta el costo total de una cirugía a corazón abierto y creo que ese corazón abierto de hombre generoso y noble, de ciudadano honorable no le sirvió de mucho a la hora de su venida a menos; ahora vive de manera austera pero digna con sus dos hermanas, transita las calles de un pueblo donde le miran de soslayo, algunos le han dado la mano, pero no todos, jamás en la forma en que él se la dio a los más necesitados, incluso a los que no necesitaban.

Antonio fue el último filántropo y en su ocaso se puede apreciar como esa noción no existe en sus semejantes, la ingratitud es notoria, vivimos ahora otros tiempos.


Carlos Andrés Restrepo E.


sábado, 5 de noviembre de 2016

A QUEN SE ASOME POR AQUÍ

En caso de la gravedad del tiempo, es decir a lo pesado, a esa sensación de cansancio que inflige sobre los hombros, en toda caso y en caso de que alguien por ahí insista en leer esto, quiero decirle que estoy bailando samba y que la vida es buena y a pesar de mí mismo aún sonríe.

Ahora tengo más años de los que tenía antes, eso no es novedoso, lo interesante es que estoy más radiante que años atrás, y no es un error en la matriz, realmente lo estoy y por eso estoy bailando mejor cada día.

También tengo vino en abundancia y lo escanseo en mi copa preferida y no es por dármelas pero tengo a una mujer hermosa al lado y sabe guardar silencio y cantar y hablar y todas esas cosas a fines con lo bello.

El canto me sigue asistiendo, ahora más convencido de que no es una técnica sino una elección de vida, respiro y apoyo para alcanzar el mejor orgasmo, es la afinación más perfecta que existe, lo demás son alaridos líricos, la sangre se desparrama por mis venas como esos ríos de lava que bajan felices cuando un volcán los libera, me gustan esos fenómenos naturales, cantar es como cocinar berenjenas, no a todo el mundo le quedan bien cocidas.

Por cierto, la sazón no sólo la busco en la mesa, también en la cama y en el salón de clase, aunque no creo en nada, tengo fe en algunas cosas, en las noches estrelladas, en el abrazo de un amigo y en las montañas azules de mi pueblo, aunque no en mi pueblo. Me gustan las personas que saben decir si en el momento adecuado y huyó de las que dicen no haciendo creer que si.

Me gustan el vino, el puré de papa criolla que hace mi amada, la maracachafa que cura la artritis, el queso pera y el dulce de piña de Otilia. Sigo llorando con facilidad  ante lo que a mi antojo me parece sublime, desde un capituló del chavo del ocho, hasta una obra de joyce.

Reconozco que soy materia bruta, un bosquejo, un silbido de culebra y eso me  hace tan tranquilo que ya no me importa lo que mis amigos puedan pensar de mí.

Aunque algunos insistan en asomarse por aquí.

Carlos Andres Restrepo E.









domingo, 2 de octubre de 2016

ANTONIO MESA: COORDINADOR DE VESTUARIO

EL VESTUARISTA DE BOLIVAR


Cuando yo era niño, la televisión era una  llovizna, se suponía que era en blanco y negro, pero la recuerdo en escala de grises, en mi casa no había televisor, por eso, los primeros programas los vimos a través de la ventana de la casa de mis abuelos adoptivos, Gabriela y Miguel, por fortuna la ventana era de vidrio y las cortinas de malla, en algunas oportunidades, ellos que ya estaban encamados nos dejaban entrar a mi hermana  y a mí para ver “suspenso siete y treinta”, una serie de media hora trasmitida en el horario que llevaba su nombre y de paso nos quedábamos a ver todo lo que se pudiera hasta que escuchábamos los ronquidos de Miguel y salíamos sigilosos con la intriga de qué seguiría en la siguiente escena que nos quedaba inconclusa, anhelábamos el día en que tuviéramos en casa un televisor propio.
Los domingos pasábamos la tarde en casa de una tía que tenía un televisor grande de opulentas perillas,  allí aprovechábamos para ver junto con los primos la programación dominical que para ese entonces no tenia restricciones, por tanto, los niños la veíamos sin ningún atisbo de malicia y de pecaminosa obsecuencia, la televisión en mi caso jugó un papel fundamental en la comprensión del mundo y las realidades que ocurrían mas allá de los límites de la carrera quinta con la calle once, gracias a la televisión  volé con Héctor Mora a la china y con el doctor Don Mauricio y el Gordo Benjumea haciendo de campesino tonto supe del átomo, la condensación, la energía estática y por supuesto como era que viajaban las imágenes por el aire hasta llegar al televisor Phillips de mis vecinos y al de mi tía, todavía me cuesta entender semejante magia.

Teníamos una costumbre dominical, visitar a unas amigas de la familia, unas señoras muy queridas, eran como personajes de un cuento de Tomas Carrasquilla, dicharacheras, lúcidas, brillantes y con un corazón gigante; así eran Libia, Celina y Bernarda, vivían con el padre Alfredo (pero esa es otra historia que me pido contar en otra oportunidad), la visita se hacía en las noches y nos reuníamos en la habitación de las muchachas, como les decían a pesar de pasar todas de los cuarenta, Celina nos ofrecía café, Libia sacaba un tarro gigante de hojalata del rincón de la cama, cuyo contenido eran rosquitas y tornillos de los que dábamos habida cuenta y Bernarda sin moverse de la cama estiraba la mano y comía, y hacia los comentarios más oportunos y divertidos que he escuchado en mi vida, ella peleaba con los personajes de las telenovelas, se enamoraba del protagonista, decía que ella era más bonita que Amparo Grisales, en fin toda una comedia y una fiesta eran aquellas vespertinas de domingo. 

Por aquel tiempo estaban pasando una serie dirigida por Jorge Alí Triana llamada:“Revivamos Nuestra Historia”, nos convocaba, para ese entonces, además de conocer la historia de Colombia, un acontecimiento mayor, para esta familia y nosotros que éramos familia adyacente, pues para mí las Gómez fueron mis tías, porque mi primo “el Negro” era como su hijo.

Al terminar el programa esperábamos para ver pasar en los créditos el nombre de Antonio Mesa, como coordinador de vestuario, o como utilero, o como actor advenedizo; Antonio Mesa era un concuñado de las muchachas, hermano de Consuelo la Esposa de Roque, un Jericoano que siguiendo su sueño de actuar fue a dar a la Capital y allí empezó a trabajar en el Teatro Popular de Bogotá, estuvo desde  los inicios de esta entidad y al llegar la televisión a Colombia ingresó a este mundo donde se especializó en vestuario, pero también alcanzó a tener papeles secundarios en varias novelas, incluso por mucho tiempo se dijo que había protagonizado el Jorobado de Nuestra señora de Paris, pero allí fue realmente el encargado del vestuario.

Voy a recurrir a una técnica utilizada en el cine,  realmente viene de la literatura y que también aprendí en la televisión que es la analepsis o el flashback,  que no es otra cosa que narrar un acontecimiento en forma desordenada, voy a abandonar aquella habitación y dejar esos personajes, que sigan viendo su programa de televisión y me regreso al presente, realmente debería ser el futuro  para ser justos con la anacrónica, en fin ubíquese amable lector en el lugar que se sienta más cómodo, pues mientras está leyendo entrará a hacer parte del pasado.

El 13 de Junio del presente año la televisión Colombiana cumplió sesenta años, y se ha despertado todo un movimiento nostálgico, muy emotivo para los que nos tocó una televisión pensada para educar, con contenidos de calidad, programas de opinión, excelentes musicales y también uno que otro enlatado, esos programas de bajo presupuesto que nos marcaron la niñez y la adolescencia, y de alguna manera nos definieron como generación, todo un impacto social y una influencia directa en la cultura que inició en 1954 y que hasta el momento sigo admirando aunque ya me gusta más ver la televisión cuando está apagada.

En medio de esta celebración, recordé que de niño escuchaba decir a mis mayores, tal vez por esa extraña manía que tenemos (los de Jericó), de inventar cosas que terminamos tomando por ciertas, o que quizá eran verdad, que va uno a saber, por ejemplo: que Érica Krum la Tía Loli de dejémonos de vainas era de Jericó, que  Carmenza Cadavid, la mamá de la también actriz Dora Cadavid era de Jericó, que Rebeca López era Prima de la monita López, me da risa mientras escribo esto, pues hice mis pesquisas y por ningún lado aparece referencia alguna a que tuvieran raíces en esa comarca, tuve un pálpito y de repente se me vino una imagen, una gran cantidad de personas arremolinadas en la entrada de la casa de Consuelo Mesa en el sector de el Faro para conocer a su hermano Antonio que trabajaba en la televisión y que estaba de paseo, yo no alcancé a verlo, desde ese entonces no recordaba el suceso, supuse que era un invento mas de mi niñez y lo abandoné, pero decidí preguntar por el señor que decían había hecho de Jorobado de Nuestra señora de Paris en la versión Colombiana, al lado de Nelly Moreno y resulta que si, vivía aún, me emocioné bastante con la idea, tenía un motivo local para celebrar los sesenta años de la televisión, un Jericoano de carne y hueso, que estuvo tras bambalinas decorando y vistiendo a todos los personajes de muchos programas de la televisión, pues trabajó para R.T.I y otras programadoras, en especial, estuvo en “revivamos nuestra historia”, incluso, en esta serie hizo algunas apariciones en papeles secundarios, en la imagen que acompaña esta columna aparece en uno de los capítulos de esta afamada serie.


Inicié mi labor de indagador, curiosamente sus familiares sabían poco de él y de su paradero, cuando por fin logré contactar a una sobrina suya, organicé un encuentro para entrevistarlo, pero antes de poder concretar la cita, Antonio murió, así es que me la he pasado los últimos quince días conversando con un fantasma, tratando de armar un personaje creíble,  pues la información que me han ofrecido es poca y el imaginario que tenia de él muy grande, empecé por evocar mi niñez y en ella aparecieron personas que ya dudo si fueron reales o las inventé, en parte de esas ensoñaciones aparezco en la casa de unas señoras tomando café y viendo televisión mientras esperamos los créditos finales para gritar con orgullo:“ese es el hermano de Consuelo”, por otro lado he buscado en internet palabras como: vestuarista, jorobado, jericoano, tpb, encontré dos  créditos y como en mi ensoñación de niño grite orgulloso, ese es Antonio el de Jericó, aparece como coordinador de vestuario de la película“Edipo Alcalde” una producción de Colombia, Cuba,España, Francia y México, dirigida por Jorge Ali Triana, sobre un guión de García Márquez, basado en la obra de Sófocles, y también como vestuarista en la serie de televisión “Bolívar el Hombre de las Grandes Dificultades”, para mí era suficiente, creo que Antonio Mesa fue una persona real y no producto de  de una quimera infantil.

Antonio Mesa Nació en Jericó hace sesenta y ocho años, hijo del segundo matrimonio de Leopoldo Mesa con María Argemira Román, se graduó como maestro de la Escuela Normal del Instituto Colón, El gobierno de Estados Unidos lo certificó con el curso Abastecimiento General para Clases en el Fuerte Gulick, en la zona del canal, estudio teatro, ingresó al TPB en Bogotá, donde participó en varios montajes como actor y vestuarista, trabajó en series como “Gallito Ramírez”, “Padres e Hijos”, en el programa de farándula “Día a Día” como utilero, cuenta su sobrina en lo poco que recuerda.
Su sueño final era regresar a su pueblo y vivir en el asilo, estuvo esperando que le abrieran un cupo, pero nunca resultó, yo creo que en Jericó no hay cupo para ser viejo, inquieta pensar porqué no hay un asilo de calidad, un asilo en el que no se tenga que estar viejo para residir en él, una casa de retiro donde todo el que se le antoje pueda vivir, dignamente, sin que tenga que terminar sus días fuera del pueblo, esperando que los muertos le dejen un cupo a los que están por morir.


Las cenizas de Antonio finalmente regresaron a su pueblo el pasado 7 de agosto, pocos se dieron cuenta de su vida, pocos de su muerte, no habrá una foto suya en ningún anaquel de la historia de Jericó , nunca un reconocimiento oficial, ni una placa en su casa de las “quebraditas” que diga aquí nació Antonio Mesa el vestuarista de Bolívar, su vida la pasó tras bambalinas haciendo que otros figuraran, así mismo será tras su muerte, fue un extra mas en el reparto de esta ficción que llamamos vida.


CARLOS ANDRES RESTREPO ESPINOSA







sábado, 13 de agosto de 2016

CUANDO NOS AMABAMOS

Cuando nos quisimos tan alto como la torre de la Iglesia, la cabeza se nos llenaba de golondrinas y sus aleteos retumbaban en las cúpulas en las que los hierbajos veraneaban por puro capricho de las aves y sus picotazos y la virgen se desvanecía en medio de enjambres de abejorros para mortificación del Padre Luis Romeu.

Cuando nos quisimos tan ancho como la distancia entre la soledad y la oculta nos sentábamos a ver llover en la distancia y contábamos cuando chisporroteaba el relámpago hasta que el trueno llegaba y así sabíamos cuán lejos estaba la tormenta, al sentir las primeras gotas salíamos corriendo por la manga de los pomos con la mano puesta sobre la coronilla para que no nos cayera un rayo en la cabeza.

Cuando nos amamos con la ilusión intacta, no importaba que los cuerpos anduvieran en lo oscuro y en la cama comíamos y también nos alimentábamos, nos buscábamos en la esquina para darnos todos los días el primer beso, no habían planes y todo resultaba, no habían resultados y todo nos transformaba.

Cuando nos quisimos de dientes para afuera y de boca para adentro, nunca imaginamos que haríamos después, quizás por eso no me quiero preguntar qué andarás haciendo ahora, si hay cansancio o desazón, si  duermes al lado izquierdo de otro cuerpo, supongo que como yo, ya agotaste lo alto y lo ancho de tu amor y la desilusión te abrió los ojos y tus labios no volvieron a saber de primeros besos en ninguna boca.


Cuando nos amamos y éramos una promesa para los demás, cuando en cualquier rincón hacíamos luz, cuando eso pasaba nos estábamos consumiendo en esa llama irremediable que nos dio tanta dicha y al mismo tiempo nos devoró para siempre, con todas las instancias en que nos amamos.

Carlos Andrés Restrepo

jueves, 4 de agosto de 2016

METRO, CANTIDAD DE VIDAS





Vivir en la ciudad es tener a cada instante un motivo para sacar el cascarrabias a flote, vivir de mal humor es la condición a la que cada mañana te arrastran las dinámicas de lo urbano; esas dimensiones que para muchos son naturales y en las que se mueven como pez en el agua para mí todavía siguen siendo motivo de mortificación. 

Al comienzo traté de hacer un examen personal de que tan melindroso podría ser y si era mi nivel de intolerancia el que me estaba convirtiendo cada mañana en un sujeto amargado y no en aquel mechudo feliz que silbaba mientras iba al colegio por la manga del hogar Juvenil entre matas de mora  y de mortiño; allá en los tiempos de pueblerino cuando tenía la idea de que la educación era un camino de oportunidades, luego del examen minucioso pude constatar que aún siendo honesto y reconociendo mis propias carencias y mis escasos conocimientos; vivo en una ciudad muy maleducada, todos tienen el chip puesto al revés, lo indebido aquí es debido y lo normal es anormal, no hay civismo, no se respeta la vida, los autobuses aceleran cuando ven que el peatón está cruzando por la cebra, otros peatones cruzan las calles entre los carros, el que va a pie es el que tiene que tener retrovisor, poner estacionarias y marcar el pare, además apearse del bus  en pleno movimiento, mi lugar preferido para ver el mundo al revés es el metro, desde que entras te advierte una voz ramplona mal articulada y con acento de gamín local que advierte que no se deben descuidar las pertenencias, seguido a esto una sarta de instrucciones de todo eso que no se debe hacer y tácitamente todos ignoran.

Cada mañana empieza así mi calvario cuando tomo el metro en la estación más cercana a mi casa, en efecto es una maravilla descubrir el poco tiempo que tardo en llegar al trabajo usando este medio de transporte; que cada vez se va tornando en el único de la ciudad, es toda una aventura ingresar al sistema, los torniquetes son pocos, las estaciones diminutas, pensadas para un pueblo, justo a lado y lado de las puertas de acceso al vagón siempre hay dos personas obstaculizando el paso lo que deja solo un reducido paso  para qué el que está adentro salga y el que está afuera que en este momento soy yo, no alcance a ingresar y deba rabiar y esperar el siguiente vagón en el que se repetirá la misma historia.

Inicialmente vi que eran ciudadanos de mal aspecto los que usaban este lugar para hacer el recorrido, ese maldito lugar común que llaman área de las puertas y en el que todos quieren vivir, he podido constatar que es el lugar preferido de los jóvenes bachilleres que pagan su servicio militar parados en el área de las puertas, las señoras cargadas de bolsas, bolsos y bolsitas, hacen su visita en el área de las puertas, los muchachos  de chompa que llevan las capotas sobre sus aceitosos cabellos de ángel; chatean en el área de las puertas, los altos ejecutivos vendedores de biblias, los campesinos con sus cajas  cargadas de revuelto, los estudiantes con sus lecturas previas al parcial, los perdidos con su cara de espanto, los vivos con sus uñas largas, el turista con su cámara alerta de algo pictórico, todos en un batiburrillo de olores y brazos levantados buscando asirse de una barra que no existe, por tanto tras cada remesón  del vagón los unos se abrazan a los otros en ese frenesí que los lugares comunes nos permite padecer.
Justo esta mañana tuve una epifanía que me ha permitido ir entendiendo un poco el comportamiento de los ciudadanos de este promontorio de ruinas y bibliotecas públicas; dadas las incomodidades que me ofrecen los viajes en el tren, aprendí a viajar sin darme cuenta, por un descuido en la práctica de este ejercicio noté que el vagón iba casi vacío, muchos lugares para sentarse estaban libres y sin embargo en cada una de las puertas habían dos personas a lado y lado haciendo su labor de obstaculizar la salida y entrada de uno que otro pasajero y entonces me surgió una posible explicación; los usuarios de este sistema lo hacen como un rezago cultural del transporte en chiva o camión escalera; esos coloridos vehículos que sirven como medio de transporte en muchos pueblos, estos vehículos en lugar de ventanillas tienen unos travesaños de hierro que permiten que entre el viento, el agua y el paisaje, no tienen puertas y en ellos las personas viajan amontonadas compartiendo espacio con gallinas, marranos, bultos de cuido y cajas con mercado, además suelen llevar pasajeros en el capacete, colgados de atrás, de los lados, un ayudante que hace la veces de cobrador se desplaza de manera acrobática entre las galerías de bancas que son unos tablones incómodos y generalmente forrados en una simulación de cuero de color rojo soportado con tachuelas en forma de estrella. 

Lo vi con mucha claridad, lo que tenemos aquí es nostalgia de pueblo, ¿quién no anheló en la vida ser ayudante de bus o de camión escalera, colgarse de la puerta, apearse del vehículo cada vez que un nuevo pasajero llegara a su destino para darle paso y luego volver a entrar al artefacto y conservar la posición exquisita de ir en la puerta?

Está en la sangre, también he visto en el metro que los pasajeros imitan esto, entran y salen de manera amable para permitir la salida, pero vuelven a ubicarse en el mismo lugar, pese a que por los parlantes voces ora robóticas en español y en inglés local insisten en despejar el área de las puertas, como si eso tuviera un significado concreto para los usuarios.

El metro en la cuidad es una chiva con seis vagones, en la que las puertas estorban, deberían quitarlas, me digo como parroquiano de esta cultura, ¡sí! que las quiten y permitan que las personas salga correteando detrás del metro y logren subirse en pleno movimiento y desciendan a su gusto sin que el tren se detenga, eso optimizaría el tiempo de servicio y agilizaría la duración en plataforma, de todos modos ya se está haciendo algo parecido; la puerta se abre sin que el tren pare su marcha, ese sistema es muy bueno, hace que todos trastabillemos al salir y a empellones los otros entren, sería muy bello en esta ciudad de innovaciones un metro sin puertas y pintado de colores, eso sí que sería cultura sigo pensando mientras busco como salir  entre la calle de honor que los cívicos ciudadanos me ofrecen a la salida del vagón y sus delicados insultos cuando les digo por mi cuenta que dejar salir  es entrar más fácil, recibiendo a cambio su insulto y la recomendación de: si es que no le gusta coja taxi, pero ese tema es peor, así que dejemos ahí que se me acabó el espacio para esta columna.



Carlos Andrés Restrepo Espinosa

martes, 7 de junio de 2016

CUARTETAS POR DEJACIÓN


*
Si me comporto como ella manda
Seré un hombre bien amado
Si me muestro con carácter
Seré un hombre demandado.

*
El amor cuando se fuerza
Tiende a producir asfixia
Por eso al  dejarlo  libre
Se  respira una fresca brisa.

*
A la mujer le gusta lo bueno
Que le pasen solo delicias
Por eso cuando un hombre falla
Busca al que sigue en la lista.

*
De todas mis bien amadas
Fueron todas bien idas
Solo quedaron conmigo
Las penas y las heridas.


*
Socórreme con tu indulgencia
Con sobras de tu boca fría
Que yo bogaré sediento
Sabiendo que no eres mía.

*
Cuando te aman es bueno
Cuando te dejan maluco
Cuando empiezas todo es sueño
Cuando se acaba busca un trabuco

*
De todas mis muertes la tuya
Es la que más he llorado
Porque no fuiste al entierro
Me dejaste triste y parado.

*
Mi astucia no llevó a nada
Tu duda nos condeno a todo
Y hoy que no nos tenemos
No hago más que doblar el codo.




*
Mi amor se irá resignando
A vivir triste y solito
Viniste y armaste nido
Y dejaste morir el huevito.

*
De lo bien que la pasamos
Dejaré buenos recuerdos
De lo malo que me acuerde
Soltaré llantos al viento.

*
De mi vida tengo luchas
De mi miedo tengo duelos
De la magia quedan polvos
Sacramentos y misterios.

CARLOS ANDRES RESTREPO




martes, 29 de marzo de 2016

ACECHO

Siento de nuevo pasos de animal grande
Atravesando mi solar privado,
Me quedo en silencio, observo,
Acostumbrado como estaba a salir gritando
Cambio la estrategia, pensándolo bien no hay estrategia,
estoy muy cansado para levantarme,
Me resguardo entre los brazos y aguzo el oído,
Solo escucho mi respiración, por un momento
Creo que fue mi imaginación, nada se aproxima,
Me siento relajado, me despreocupo, estiro los brazos
Pierdo interés en el portal que conduce al jardín,
cuando me entrego de nuevo a mi juego
Cotidiano de confiar,
siento el zarpazo atravesar mi espalda.

Andrés Restrepo

miércoles, 16 de marzo de 2016

BOCATOMA


Soy un campesino, pero un campesino disimulado, sin ínfulas de citadino aunque la ciudad ha dejado indelebles marcas en mi vida debo admitir que la montaña me sigue habitando o yo la sigo habitando en mis costumbres; traigo en mi sus verdes caprichosos y el azul con que se pinta en la distancia cuando ha llovido o cuando le place hacerlo, después de todo a la montaña como a todo ser vivo le gusta llamar la atención y guardar sus apariencias.
La montaña como yo tiene sus grietas, sus alturas, sus explanadas y sus derrumbes, guarda en su interior secretos, el misterio de la vida y de la muerte.

  Cuando yo era niño, ayer por la tarde, le pregunte al viejo Miguel de que estaban hechas las montañas y me respondió que de agua y de silencios, ¡lo mismo que yo! pienso ahora y lo creo ya que he presenciado como ellas cuando no pueden contener mas su silencio explotan en chispeantes surcos de agua que se hacen cascadas y se despeñan para hacerse ríos que van a dar al mar que no es más que una montaña liquida que contiene en su profundidad otras montañas.

Pero resulta que ese recorrido a veces es interrumpido por un parasito que le nace a la montaña, es una boca que succiona el agua y la desvía de su feliz desplazamiento y la envía a unos tanques donde es almacenada y luego condenada a viajar por entre tuberías oxidadas rumbo a un grifo que le va cercenando y dosificando según sea el menester del operario del adminiculo en mención: lavar, cocinar, limpiar, despilfarrar, cobrar.

Le llaman boca toma, la palabra es bonita, la causa en primera instancia es noble llevar a las comunidades el liquido vital, un derecho de todo ser vivo, el agua es de todos, pero cada día lo es menos, el secreto de la montaña es embotellado, utilizado en prácticas que en nada tienen que ver con calmar la sed o limpiar las heridas, se va por entre maquinarias que socaban la misma montaña, se va por entre los bolsillos de las compañías que etiquetan y nos venden lo que es nuestro, se reseca en las facturas ominosas que llegan mes a mes recordándonos que nos pueden cortar el chorro si no estamos al día con el pago.

Así el agüita que era un arroyuelo cantarino que descendía de la montaña cual poema de paisa empedernido, esa misma que se perdía entre la cabellera de la muchacha que tanto me gustaba cuando se zambullía en el inmenso rio que de piedras solo tenía el nombre, igual que ahora solo de rio el nombre,  tiende a escasear y aunque las bocatomas tengan sutiles nombres como brisas, ubaldina, robledal, se requiere más que de imaginarios y voluntades para no morir de sed.

Mi ser entero celebra el gozo del agua como fuente de vida, no como ingreso de la boca que mas toma, como la montaña dejeré correr el agua que no he de beber.
Carlos Andrés Restrepo




lunes, 14 de marzo de 2016

TANIA


Su labor no es sencilla, visto con ojos religiosos se diría que es todo un apostolado, se requiere de vocación y entrega para hacer su trabajo, con mas formación y mejores herramientas podría cambiar el mundo, pero el sistema está diseñado para que todo siga igual, a pesar del amor y la buena disposición lo único que consigue es ayudar en el desarrollo de la mala educación, aunque el eslogan reza que “aquí estamos los más educados”, la realidad  es otra, al final solo propaganda, mucha ínfula y de fondo obreros mal pagados inventando ficciones lingüísticas para sobrevivir los unos y para persuadir el tiempo nefasto que falta para la primera jubilación los otros, pues  algunos se quedan a esperar la segunda, la tercera y hasta la cuarta.

La protagonista de esta historia es la profesora de la escuela de la vereda la Yaruma, ubicada en el municipio de Salgar Antioquia, durante esta narrativa la nombraré la profe (para salvarla del personaje de ficción que lleva como título este articulo), la profe es una persona dulce y serena, comprometida con su labor, su escuela está llena de color, en las paredes las vocales tienen alas de libélula, cuerpo de hormiga y antenas de abeja, mariquitas de colores revolotean junto a corcheas que divagan sin medida; al azar de una melodía libre de presunción de forma y estructura.

En una pared lateral el principito levita entre estrellas de cinco puntas junto a mariposas, libros, planetas y fulgurantes chorros de luz que caen sobre un niño que lee y que también levita, sin darse cuenta que tal vez cuando cierre el libro caerá en el vacio de la pared blanca en la que de la nada se sostiene, la profesora debe esforzarse mucho para que el vacio no termine por arrasar también a los niños que no están pintados y que caminan hasta dos horas para llegar a clase.  El día que acompañé a la profe a la escuela llagaron algunos a ayudar con el aseo, era el regreso de las vacaciones y en cuanto las puertas se abrieron los infantes saltaron al interior del salón con una felicidad en sus rostros que me hizo pensar en mi tiempo de escuela y en la profe Amparo que llevo en el corazón, a Belén que me enseñó a leer, un Viva para ella; ¡bendita sea entre las mujeres! y en Marleny que me enseñó: “…De Colores se visten las Flores en la primavera…” y a quien veinte años después le estaba indicando como potenciar su voz de contralto y regañé feliz hasta que afinó, pido disculpas por la nostalgia.

Aprovechando mi última semana de vacaciones, acepté la invitación de la profe para conocer su escuela, para dar una idea coloquial de la ubicación del plantel diré que queda en la quinta porra, la salida fue temprano, sin desayunar, tomamos un tinto aguachento e insípido, todo un insulto para un pueblo cuya economía se mueve principalmente por el café, superado el mal sabor de boca, emprendimos el viaje en moto por una carretera destapada, como todo buen parrillero apretaba el sillín cual jinete de rodeo tratando de enderezar mi tren posterior que como todo en mi vida iba inclinándose hacia la izquierda, pero solo conseguía por momentos hacerle perder el equilibrio a la hábil conductora, la buena noticia es que  hasta “La Clara” la carretera está en buen estado, la mala noticia es que el camino no termina allí, se debe continuar hasta “La Santa Luisa” por las vegas de las Andes y allí tomar un desvío por una carretera que cada vez se hace más estrecha y empinada y que nunca termina; la idea de la perpetuidad me fue calando y mi columna vertebral parecía que se fuera a partir en el siguiente salto, pues durante el recorrido no dejamos piedra sobre piedra.

Por fortuna el paraje es hermoso y durante el trayecto los niños nos saludaban, las señoras haciendo los destinos en sus pocetas nos lanzaban un buenos días con una sonrisa que parecía una flor naciendo de sus bocas, los trabajadores decían buenas, arrastrando la é como si nunca fueran a terminar de decir la palabra y los otros motociclistas que encontrábamos en el camino meneaban sus cabezas con ese ademán de levantar el testuz, que el casco agranda y que uno corresponde de idéntica manera sin saber quién va debajo, después de cincuenta minutos de recorrido que para mi espalda fueron nueve semanas y media, llegamos a la escuela de la Yaruma - y yo que me quejo de tardar 15 minutos en llegar a mi trabajo-.

Ahora sí, a maleducar, y no es que ésta sea la intención, ella al igual que otros profes tienen la buena voluntad como dije al principio, pero las condiciones no son las justas para realizar su trabajo, un compañero suyo tiene que dar las clases en el corredor de una casa, no tiene sede para su escuela, las dotaciones que les dan son obsoletas, los computadores llegan malos y los que no al año requieren de mantenimiento que nunca se da, los libros de texto están salidos de contexto, en el restaurante escolar tienen que hacer milagros para que el arroz alcance y eso que su escuela es de las mejores, la profe me comentó  que un niño llegó con una boletica que mandó un padre de familia, diciendo que su niño no volvía a la escuela porque no quería y que no lo iban a obligar, digo yo que hay padres que en su ignorancia son asertivos, la profe sonríe y yo me avergüenzo un poco de mi falta de esperanza en la educación.

La profe seguirá cumpliendo día a día con su misión, es responsable, yo creo en ella y personas como ella siempre incuban el optimismo, por lo pronto seguirá atendiendo las directrices de un empleado público que funge de secretario de educación y que su mayor logro es subir fotos en su perfil de facebook o de un coordinador que abusa de su tiempo, de un alcalde que ignora, aguantará el dolor en su columna, enfermará de los pulmones por cuenta del polvo de la carretera y seguirá extrañando a sus hijos por cuenta de las distancias entre su trabajo y su familia. Para algunas personas su empleo si es todo un trabajo.

Carlos Andrés Restrepo Espinosa


jueves, 7 de enero de 2016

Articulo

MERMÉ EL PASO


Ya mermé el paso, las zancadas que definían  mis afanes ahora son cortas, bajé la guardia, ya no corro, no llego sudando a las citas con el miedo, ni con el olvido, solo y en eso soy perentorio, llego rezongando a mis citas con el amor y que se tenga fino, porque es el único invento en el que pongo mi esperanza.

Disminuí el paso y los asuntos que antes miraba de soslayo son en primera instancia mas definidos, en nada opacos, supongo que revestidos de mayor importancia, aunque, el enfado siempre ha sido parte de mi naturaleza, ahora lo he discernido, solo me enfadan ciertas personas y ciertas cosas, ciertas acciones de algunos, innumerables resultados visibles en las cosas, para hacerme entender me daré a la tarea de enumerar algunas.

Los que no cuidan de si, los que se saltan el semáforo, los que no marcan un pare, los que no se disculpan, los que no sonríen, los que teniendo agua no se bañan, los que exageran su bondad, los que al dar la mano ofrecen un apretón incipiente, los que rezan todo el día, los que ocultan las lágrimas, los que dicen mentiras para poder ejercer su libertad, los que hacen creer que hacen el bien y se compartan mal, los que creen que uno es pendejo, los que pisotean al resto por conseguir un mendrugo de pan extra, los que enseñan esa parte donde pierde su noble nombre la espalda.

Las calles sucias, los montones de arena, los adoquines que salpican, los teatros solo con pan y circo, los estadios sin alegría, vitalidad y goles, los lugares públicos sin público, las calles inseguras para niños y viejos, las motos subiendo y bajando haciendo piques, despertando, asustando, el ruido de fondo que no deja que el alma feliz se pasee, las elecciones cuando no hay que elegir, las paradojas morales, los meseros desatentos, los baños públicos con monederos, la sopa de fideos, las clases a las seis de la mañana, los que preguntan "donde te quedaste", los parques sin bancas, las bibliotecas sin libros, los libros sin lectores, los lectores sin alma.

Quiero decir también que además del pique de morrocoy que vengo adoptando soy más incisivo, repito la misma historia diez veces, mis amigos hasta se ríen de lo monotemático que me he vuelto,  el chiste es que yo no me río y creo que es la primera vez que lo cuento.

Cuando voy a mi pueblo salgo muy poco, las multitudes me abruman, prefiero subir a la montaña en las tardes cuando baja el sol y las multitudes que también van a la montaña salen espantadas por las sombras de la oscuridad o por que los deja el cable aéreo, yo me quedo a conversar con ellas (con las sombras) son más confiables, saludan y brindan buenos consejos, también voy al río, pero ¿cual río? ha sido tan gradual su pérdida que no me había dado cuenta que ya no tenemos río, en eso si la coherencia no es discutible, lleva el nombre que debe llevar, piedras, solo piedras van quedando de mi río. 

Ya mermé el paso, la prisa del joven sigue sus balanceos, pero en mi devenir de hombre hay una quietud que me espanta, aunque todo me importa siento que ya nada me importa, que he dicho tanto que me voy quedando sin que decir, que tengo que justificar una columna para un periódico que incomoda a mucha gente y que en efecto no ha faltado quien me pregunte porque escribo aquí, imagino que lo hago para incomodar también, supongo que cuando uno merma el paso empieza a incomodar a los demás, así como cuando un viejito es atropellado y no falta quien diga: "eso le pasa por andar por ahí elevado en la calle con sus pasos sangarretos".

Estoy dejando de lado los tennis de colores, ya busco los zapatos que se ajusten a mis nuevos requerimientos técnicos  y en puro cuero, llevo a pesar  de mi notoria panza la camisa por dentro y busco combinar bien las medias con los pantalones; ya puedo aspirar a un cargo público. 

Carlos Andrés Restrepo Espinosa

viernes, 1 de enero de 2016

INFIDENCIA

No estás para escucharlo,
ni yo para decirlo,
Supe por boca de otro algo que yo nunca dije
pero que tu sabes que quizás pensé,
escuchado en boca ajena
nunca imagine que era tan obvio
que a pesar de no saberlo, ya todos lo intuian.

En fin que siendo así las cosas
para que voy a contarte eso que ya tu sabes bien.


Andrés Restrepo