miércoles, 16 de septiembre de 2009

BITÁCORA


PERSIMMON

Se llama Olivia la gran madre que vive en la calle Olivia, sector rural de Osteen, tres cuadras abajo del sol, ella cultiva una fruta amarilla, dulce, suave, tierna, sutil y fantástica que se derrite en la boca sin poder precisar a que sabe, me quedé despistado mordisqueando algo sin referente alguno.

Olivia protege su árbol de Persimmon con un instrumento de alta tecnología que al sentir presencia de todo semoviente enciende una luz y suena una concurrida música con muchas voces en un paroxismo tal que ahuyenta venados, pájaros y visitantes despistados del tercer mundo.

Olivia comparte su fruta con todos aunque es celosa de quien toca su árbol, ella es la madre de Bryant quien es el compañero de Harriet quien fue mi feliz traductora de chistes, canciones y cuentos, a ellos los conocí en un barco rumbo a las Bahamas y de tanto compartir en la cena terminamos de amigos y de puro folclor termine pegándomeles en su carro de regreso a Orlando, pero como ellos traían su plan tuvieron que incluirme en su recorrido memorial, primero pasamos por Delray Beach el pueblo donde creció Harriet, le vi desandar su infancia y buscarse en las calles, casas y cosas que ya no le pertenecían, le vi llorar con lagrimas remotas y siendo niña por unos segundos le vi rubia y pecosa caminar descalza rumbo a la playa donde lloró un poco más su nostalgia, la espuma de mar envolvió sus pies y al abrir los ojos sonrió al saber que ahora tenia otras cosas, que la vida le había ofrecido un buen hombre a su lado que encierra en si todo lo que ella necesita para sentirse plena de vida con sus sucesivas infancias.

Luego partimos hacia Osteen donde empecé este relato, en la casa materna de Bryant compartimos con su hermana Allison una mujer joven y hermosa que me sonrió todo el tiempo y me lanzó el primer y único piropo que he recibido en otro idioma, mismo que preferí no me fuera traducido para guardar en la memoria las palabras, solo las palabras…

Con Edrian un joven parecido a Tom Sawyer sostuve una interesante conversación a través de los acordes de la guitarra, debo confesar que me entendió perfectamente, en ese momento entendí literalmente que la música es un lenguaje universal, luego vino el tío a dar su respetivo saludo con un vozarrón temerario pero amigable, luego la otra hermana, cantamos canciones Carrangueras, por cierto les parecieron bonitas, alegres y pidieron mas, entonces cantamos juntos, nos abrazamos, nos quisimos sin entendernos ni mu, cenamos un rico plato preparado en honor de quien visita, tal vez un desconocido o un loco peligroso pero corriendo el riesgo de que crean que en parte se es bueno, yo emocionado al salir de su casa solo alcancé a decir: “vivan los dueños de casa” y salí con el pecho lleno de esos hormigueos que desde niño me dan complicaditos con lagrimas y nostalgia de lejanías…

Sintomatología que por fortuna ningún medico ha podido curarme.

Ahora entiendo toda esa familia tiene corazón de Persimmon.

Andrés Restrepo

Orlando, 7-10-2008


lunes, 14 de septiembre de 2009

NAVEGANTE


Si en mi ruta me encontrara con el capitán Jozef Teodor Konrad Korzeniowski, y me preguntara: ¿podría usted decirme si este puerto es Mariúpol, Señor? Mi brújula falsea y yo he perdido la facultad de leer el firmamento, yo ¿qué podría responderle? ¿Acaso en mi barco hay quien atraque un andarivel? El viento sopla inútil porque no hay velas que hinchar para que rasguen el aire como si fuera un jamón.

No, yo voy surcando este mar en un computador gigante que parece barco, pero es una ciudad flotante que va a todas partes según su antojo y esto hace imposible que las brújulas funcionen o los astros acierten, no capitán, en mi barco no hay quien responda, en la cabina de mandos una luz tenue parpadea indicando el rumbo mientras su capitán bebe un coctel y besa amorosamente a una chiquilla de la tripulación que sueña con llegar a ser alguien y tiene que sostener a su familia.

Día 4 del mes 10 del 2008, en algún lugar del Atlántico