miércoles, 12 de agosto de 2009

POSTRIMERIA



ALETEOS I Y II

Heidi, Eide y Aidé salieron a caminar esta mañana, son las vecinas de al lado, siempre salen al mismo tiempo pero nunca regresan juntas, suelen desaparecer por largos periodos y cuando menos lo piensas aparecen con un ropaje distinto, el color del cabello cambiado por un mechón ahora rubio o azul, luego rojizo y por último la blancura suprema que ya vendrá si es que el tiempo aguanta, cada una trae su propio silencio, un toque de amargura en los ojos y un olorcillo a amapolas en el pecho, ellas tranquilas no gastan afanes en remediar sus “solitudes” siempre un sujeto anónimo deshojará una flor, tartamudeará un poema, saltará el poso de los encantamientos y se prometerá eterno mientras sus fines.
Sin embargo ellas siempre están yendo entre las espesuras de la inconciencia iluminando ó por lo menos repitiéndose en la angustiante manía de andar al acecho: La mayor amansó nubes que galoparán en la montaña; -un día azul esperaré en lontananza para ver sus pliegues atravesados por los naranjas más azules que se pueden contemplar en vida-, la del medio vive en un balcón café del que se guindan geranios, melenas y luciérnagas, cuando ella se va queda el balcón y yo le canto a su inexistencia.

La pequeña no habla, no escribe, siempre está de espaldas, prometió que un día vendría a sucumbir en mi delirio y aún espero aunque la somnolencia desalienta en la intranquila humedad de las distancias.

En cada una de esas mujeres descansó uno de esos hombres que pasan por los andenes de la cuadra, algunas veces embebidos por la jugosidad de sus senos, alucinados por el brillo de la exótica sonrisa entre sus piernas abiertas o por el olor que cada una trae respectivamente en la piel, durazno, yaraguá y canela.

-¡Usted por todas vencido!-

Asegura mamá en el redondel del pasillo mientras se aproxima;
-de cada mujer en su vida le conozco una historia-
-y de las que no un hijo- comenta hermana parada en el zaguán.
-bueno casi; y de las que no un karma en envoltura de odios que es peor que otorgarle decente civilidad a un humano en el que nos repetiremos con todos nuestros caprichos y ansiedades -respondí sin dejar de mirar los gestos que acompañaban sus sarcasmos.

Odio esa forma de aparecer siempre en la privacidad de mis pensamientos ahora con dama de compañía como si le asustase salir sola a cumplir su función nocturna de espantarlo todo, desde que celebré su feliz muerte no ha hecho más que demandar atenciones a sabiendas de la inefable brecha que separa nuestras vidas como resultado de su actitud hacía mí y que día a día ensancho con tal ingratitud que terminó acercándome más a sus viejas costumbres concibiéndola en el artificio de un regaño con la única necesidad de sentirme reorientado ahora que los rumbos nada ofrecen más que ironías y confusiones.

*
En la noche ocurre que me gusta dormir, el cansancio ya común del cuerpo que en el día se dispersa y se confunde con los aleteos de la esperanza es al atardecer cuando se expresa en su mayor esplendor, duelen los pies y la espalda y de tanto ansiar el reposo el sueño no se concilia, la oscuridad se llena de líneas; indeterminados colores que viene y van atravesándolo todo: los recuerdos de la vida que aparecen como fogonazos, el padre nuestro con intervalos de imágenes eróticas y al mismo tiempo Ave marías y perdones y otra vez labios sensuales desandando mareas.

Sea boca arriba o de lado el cuerpo no encuentra la entrada al reino de Morfeo, la cabeza no encaja como antes en el muelle de la almohada y los sueños no pueden atracar en las dulces playas del adormecimiento. De tanto revolcar las sabanas y revolucionar la vigilia el peso de la noche por fin cae en los parpados, empieza la fiesta al lado de la pared que hasta hace poco separaba mi languidez del resto del mundo; un río de músicas se desborda por todo el lugar, hay alegrías y alborotos, los más jóvenes cantan, los cristales se encuentran y vuelan hasta las bocas preconizando los más afiebrados besos, la noche ya no es mi cansancio y sus consecuencias sino el mare mágnum de estridencias, golpeteos, perturbadores jadeos orgásmicos que desgarran las tinieblas como ya la figurada grieta de mujer que exhala sus salmos de dicha y el hombre que resopla como exorcizando sus demonios, mi noche se agota, parece que amanece y la fogosidad sigue de parte de los vecinos y el insomnio de mi parte donde no existo ni para mi propio desconsuelo, mañana me iré del edificio, nadie tiene por que saberlo, lo haré en silencio, nunca tuve el coraje para que todo ocurriera de este lado, demasiados percances impidieron decidirme por ninguna de las tres aunque las tuve a todas pero siempre tras el paroxismo de mis deleites venia un indeterminado estado de hastío y depresión, otra era mi búsqueda, viajé por los senderos de un poema y me bifurque para que los pasos de una mujer no terminaran en un solo destino; la fatalidad de una esclavitud por cuenta de la fidelidad, llené mi copa de un vino que no sabia a compromiso pero no falto de dulzor siempre lo ofrecí oportunamente ya por inconveniente condición de la mujer querer permanecer y mía estar de paso, nunca la síntesis del amor arrojo apego alguno.

Cada quien inventa la forma de quedarse solo, la mía por virtud de mi libre acción, nunca por heredad, ni abandono, preferí siempre ser de nadie aunque todo fuera mío, muchos abrazos me rodearon pero supe alejarme prudentemente de su engaño nada subsiste cuando todos tienen miedo en su obrar, en sus ojos siempre había ansiedad y miedo; ya era suficiente con los propios.

Contemplé muchos atardeceres tomado de la mano de una joven hermosa pero por mucho que la retuviese la noche caía sobre su frente y las sombras le devolvían el color mortal a sus largos dedos enfriando la caricia y sus menesteres. No quise que mi ser se difuminara en el amaneramiento de una relación de pareja al concebir al otro no como un fin sino como el prepósito del viaje; validé en extremo mi libertad y la del otro aunque el resultado ante las miradas simplistas fue el de un ser falto de constancia y determinación.
Es verdad todo cuanto digo, verdad ante mis lóbregos oídos que no perciben el canturreo de las cascadas del pecho de mujer alguna pero si la salmodia vespertina del ave negra que va manchando el cielo a su raudo aleteo y yo como de costumbre susurrándome los miedos de antaño ya no disimulados de tal manera que el engaño funcione conmigo, verdad ante ellos que ahora huyen como tantos lo han hecho. Mi verdad que no busca convencer porque solo es en mí donde reside su esplendor.
No sé a quien comparto estas parsimoniosas palabras, si es a mi mismo a quien hablo o a todos aquellos que existen justo al momento de nacer mis letras, ahora muero para que puedan existir, arribamos en la feliz paradoja: nada es mientras no sucede aunque halla sido imaginado en el presupuesto de un cuento ó una narración futura, muero para que cobre vida mi lector, para que lo que fui por fin sea, para que ocurra la existencia que nos corresponde, que nos yuxtapone, ahora sin mayor pretensión que abrigarme en la dulce espera de unas manos blancas que me acaricien las páginas y unos ojos que atraviesen mi escritura hasta dar con migo yaceré adormilado para despertar en medio de la lectura en voz alta de una historia de la que tendré la leve impresión de haberla escuchado antes.